El infierno de los supuestos débiles

Por Cristina Galasso

Es un infierno la tarifa social. Se vende como un trámite sencillo por parte del gobierno, pero la mecánica está en manos de las empresas, quienes hacen con sus trabas burocráticas que lo cotidiano de las personas que van a gestionarla –en mi caso, estoy desocupada y en tratamiento médico– nos desgastemos física y moralmente. Todo para quebrarnos, para hacer de este recurso excepcional algo inalcanzable por habernos atrevido a pedirlo.

Primero fueron las largas colas en Edesur. En la Web decían que con una factura con nuestra dirección y el DNI, el trámite salía. Pero luego de acceder al empleado del mostrador, aparece el sorpresivo pedido de un certificado de domicilio de la Policía Federal. Ese día ya no podrá ser. 

Una semana después, con ese papel en la mano, se repite la escena de largas colas junto a usuarios alterados por la nueva realidad tarifaria. “Yo quiero pagar, pero esto es un mazazo”. “No pasan a controlar el medidor y ponen cualquier cosa” o “Vivo en una pieza y me llegaron 4 mil pesos, es una locura”.

A mi turno me exigen 300 pesos por un depósito para cambiar la titularidad de la cuenta. Le digo al empleado que no tengo ese dinero (pienso si toman un avión o un micro para realizar ese trámite que se hace con una PC, ¿cómo se explica ese costo?) y con una sonrisa de señor poderoso frente a persona vulnerable me informa que el subsidio sólo cubrirá menos de la mitad de mi última boleta (soy muy ahorrativa). Me pregunta si igual quiero hacer el trámite. Me sostengo y le digo que “lo necesito” y es así, porque mis amigos y familiares están pagando mis gastos, pero aun así no llego a cancelar todas las deudas. El golpe final, para tratar de humillar más al cliente, como lo hacen con jubilados, enfermos y personas con bajos salarios es: “Mirá que recién en tres meses se aplica y… no es retroactivo”. Me mantengo: “Lo necesito, lo voy hacer igual”. 

Antes de salir, una persona de la fila que había presenciado la conversación me envuelve en un abrazo y me dice: “Edesur podrá ser monopólica y amenazante pero vi tu fortaleza, fuiste poderosa”.

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