El legado de Germán García

El psicoanalista y escritor fallecido recientemente dejó una marca indeleble en la cultura por su originalidad de pensamiento y por su cuestionamiento a las certezas del sentido común. 

28 de Diciembre de 2018

A los 74 años murió el escritor y psicoanalista Germán García, una figura clave de la cultura nacional. Sufrió una descompensación en su consultorio por lo que fue internado en el Hospital, donde murió luego de un mes. Su fallecimiento se suma a otras pérdidas dolorosas como la de Osvaldo Bayer, Jaime Torres y la poeta Irene Gruss.

Fue pscicoanalista y escritor -esta breve enumeración también admite un orden inverso- pero fue más que eso, ya que tuvo una participación activa en la la vida cultural argentina y europea, espacio en el que dejó su marca.

En 1968, años de efervescencia política y cultural signados por la dictadura de Juan Carlos Onganía, fue prohibida su primera novela,  Nanina, texto la que produjo suceso y que fue censurada por su cuestionamiento radical de la institución familiar y por su contenido sexual. Además, le valió una condena a dos años de prisión en suspenso. Rodolfo Walsh la recomendó calurosamente luego de conocerla como lector de la editorial Jorge Álvarez  que la editó y, ya publicada, le dedicó una reseña crítca. Muy pronto se convirtió en best seller nacional. Esta primera novela que desapareció muy pronto del mercado, fue reeditada en 2012 por Ricardo Pliglia en la Serie del Recienvenido. El propio Piglia escribió en el prólogo: “Frente al rigor impuesto por Borges, frente a la defensa estetizada del cuento de 5000 palabras como forma pura, Nanina recordaba que había otros modos de hacer literatura y encontraba nuevos espacios para la experimentación y la aventura.”

Por su parte, García opinaba que se trataba de una novela “inocente” y sobre las razones de la prohibición decía: "(Fue censurada) por el uso que hacía del lenguaje coloquial en la sexualidad, algo que hoy está totalmente extendido. Y por una cosa que bien entendida es bastante cristiana, que es ver la sexualidad de manera grotesca, sucia.”

Los habitantes de Junín, lugar en el que había nacido, en su mayoría no opinaban lo mismo. La novela fue rechazada, en general, por las mentes muy conservadoras.

Entre sus valiosos ensayos psicoanalíticos pueden citarse La entrada del psicoanálisis en la Argentina, Oscar Masotta y el psicoanálisis en castellano, La virtud indicativa,  El psicoanálisis para las vanguardias y El psicoanálisis y los debates culturales. También le dedicó ensayos a figuras literarias como Witold Gombrowicz, Macedonio Fernández, Hermann Hesse, Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia. También fue entrevistador de varios de los escritores citados. 

En el terreno de sus múltiples iniciativas culturales es ineludible citar su papel de cofundador de la revista Literal en la que confluían el psicoanálisis, la literatura y la crítica. Lo acompañaron en esa aventura nada menos que Héctor Libertella, Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán y Oscar Steimberg entre otros. Creó, además, la Fundación René Descartes en la que siguió trabajando hasta su muerte y presidió la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participó también de la Escuela Freudiana de Buenos Aires y de Córdoba.

Fue discípulo y continuador de la Oscar Masotta. En una entrevista realizada por Emilia Cueto en 2009 dijo acerca de su maestro: “Con Masotta aprendí a estudiar. Por ejemplo, el conocimiento que teníamos de la generación de Freud, hoy no es evidente. No era que Lacan aludía a un texto de Freud y ya estaba, sino que Masotta decía: “bueno, prepará ese texto”. Y tenía una enseñanza muy particular, porque no era una enseñanza magistral, no era que él hablaba y uno escuchaba como ocurre ahora, sino que hacía preparar trabajos e intervenía al final. O pedía de entrada: “hacé un resumen del fetichismo”, “hacé un resumen de esto, de aquello”, y uno podía decir una burrada total, no importaba, pero después él daba la clase teniendo en cuenta los textos que habíamos presentado.”

García dejó un legado enorme que tiene que ver con una forma de entender la literatura y la práctica psicoanalítica. Pero también dejó sin quererlo un legado acerca de la forma de leer, al contar cómo fue su encuentro con textos de Foucault referidos a la locura o al nacimiento de la clínica. En ellos transmite el asombro que significa comprender algo, observar un fenómeno desde perspectivas que no están anquilosadas por el tiempo y los dogmas. Su mayor aporte fue impulsar a que cada una de las certezas instituidas, en cualquier campo  que se trate,sean puestas siempre en duda.  

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