Magia, ciencias ocultas y poesía

El poeta irlandés William Yeats, premio Nobel  de 1923, era un practicante de las artes ocultas. En su ensayo Magia expone parte de su credo, basal de su poesía.
22 de Agosto de 2018

Magia por todas partes. Magia, visiones, espíritus, símbolos encontraba el poeta irlandés William Yeats en su no tan prosaica manera de entender el mundo. Una magia sin eufemismos y con mayúsculas. Una realidad que trascendía seriamente el limitado mundo material en el que nos movemos los mortales y en la que reposaba la verdad profunda de la existencia.

Del ensayo "Magia", de 1900, que ocupa la mayor parte del libro, toma el nombre el volumen traducido, prologado y anotado con escrupulosidad por Matías Battistón y publicado en la colección Tesoros de editorial Interzona. Para Yeats, el poeta, el músico y el artista son descendientes de brujos o hechiceros. Las palabras mantienen ese poder original que trasciende al individuo y puede revelar la esencia de todas las cosas cuando brotan de una memoria universal acallada por la vida moderna en la ciudad, “que ensordece o mata la contemplación pasiva, y nuestra educación, que promueve un tipo de mente individual y autónoma, han mitigado la sensibilidad de nuestras almas”.

El escrito “Magia” comienza con la expresión de su doctrina: “Creo en la práctica y en la filosofía de lo que hemos acordado denominar magia, en lo que debo denominar evocación de espíritus, aunque no sepa qué son, en el poder de crear ilusiones mágicas, en las visiones de aquella verdad que reside en las profundidades de la mente cuando los ojos están cerrados; y creo en tres doctrinas que han pasado de generación en generación, si no me equivoco, desde el origen de los tiempos (…): Que los límites de la mente nunca dejan de cambiar (…). Que los límites de nuestra memoria son igual de cambiantes (…). Que esa gran mente y esa gran memoria pueden evocarse a través de símbolos”.

El texto central, además de relatar cantidad de experiencias en primera persona en el mundo de las ciencias ocultas, permite entender más profundamente al poeta simbolista y su universo espiritual. Muchas de las vivencias narradas en el ensayo bien pueden pasar por piezas de ficción, pero de una u otra manera dejan ver una búsqueda en la que poesía y vida, pasado y presente, sueño y realidad son solo aspectos de una totalidad representada por una gran mente universal. Este último uno es uno de los conceptos capitales del poeta irlandés.

El derrotero intelectual y místico de Yeats lo pone, según admite, en pie de guerra con su época. En no pocos fragmentos, puede leerse su desilusión por la pérdida de un universo mágico de creencias que enriquecían no sólo la perspectiva humana de las cosas sino el mismo estar en el mundo: “A menudo pienso que dejaría de creer en la magia si pudiera, pues he llegado a ver o imaginar, en los hombre y las mujeres, en las casas, en las artesanías, en casi todo lo que puede verse y oírse, cierta maldad, cierta fealdad, que proviene de la lenta desaparición, a lo largo de los siglos, de una cualidad mental que hizo que esta creencia y las evidencias que la sustentaban fueran comunes en todo el mundo.

Antecede a “Magia”, un prólogo que da alguna clave de lectura sobre el misticismo del poeta irlandés, premio Nobel en 1923, y una breve historia sobre los entretelones casi picarescos de los ocultistas cercanos a Yeats. En la tercera parte del libro, “Magias dispersas”, Battistón reúne fragmentos seleccionados del poeta o sobre el poeta que enriquecen la lectura y dejan alguna sonrisa de yapa.

La colección Tesoros de Interzona presenta libros de pequeño formato y delicada confección de los más variados temas y autores. Robert Louis Stevenson, D.H. Lawrence, William Shakespeare, Jonathan Swift, entre otros, son muy capaces de descansar en el bolsillo de la dama o la cartera del caballero esperando la oportunidad para deleitar con su lectura.

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