El Mundial 2026, en territorio del FIFAGate

 La candidatura conjunta de EEUU, Canadá y México fue la elegida un día antes del inicio de Rusia 2018. Superó a Marruecos, que tenía el apoyo de África.

(Foto: AFP)
Por Alejandro Wall - Enviado especial a Rusia 2018
13 de Junio de 2018

En 2026 habrá un Mundial con triple sede. La candidatura conjunta entre Estados Unidos, Canadá y México fue la elegida durante el Congreso de la FIFA que se realizó en Moscú, un día antes del inicio de Rusia 2018. Superó a Marruecos, a la que no le alcanzó el apoyo de África y de una parte de Asia. “United 2026”, con el lema Fútbol para Todos, se impuso con una mejor infraestructura y promesas de beneficios económicos millonarios, acompañados de multitudes en los estadios, pero también gracias el impulso del juego polític. La FIFA que emergió después del escándalo del FIFAGate, una investigación del FBI, le entrega el Mundial a Norteamerica.

Gianni Infantino, que en el Expocentre de Moscú dio un discurso de apertura en cuatro idiomas distintos, español, francés, inglés y alemán, apostó fuerte. No sólo el Mundial 2026 tendrá una sede tripartita, también incluirá el salto a los 48 equipos. Por el momento, será la primera vez porque ayer la Conmebol retiró su moción para que la ampliación comience en Qatar. Aunque estaba en el orden del día, no se votó. Infantino anunció que primero abrirá charlas con Qatar sobre este tema.

El triunfo de Norteamérica era previsible. “Una goleada”, adelantaban delegados en Moscú. Lo fue. El trío de sedes se llevó 134 votos. Marruecos se quedó con 65. Sólo hubo una abstención. Si bien los dirigentes de Conmebol habían adelantado que iban a votar en bloque con sus diez representantes por Estados Unidos, México y Canadá, incluido Claudio “Chiqui” Tapia, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, finalmente eso no ocurrió ya que Brasil apoyó la candidatura de Marruecos. 

El apoyo de la mayoría de los países de la Conmebol se dio a pesar de que esta decisión de la FIFA puede poner en riesgo el proyecto del Mundial 2030 sudamericano, que este jueves se presentará en Moscú. La lógica con la que se manejan en Zurich es no repetir regiones. Argentina, Uruaguay y Paraguay apelan a la nostalgia: a la vuelta del Mundial al Río de la Plata después de cien años del que comenzó todo, Uruguay 1930. Pero tendrá que competir con Inglaterra (y toda Europa atrás), que también lo quiere organizar. Y no se descarta a China.

La FIFA estrenó en esta elección un sistema de puntaje, cuyos resultados se dieron antes de la votación: para Marruecos, 2,7; para Norteamérica, 4,0. Estados Unidos, México y Canadá presentaron un Mundial casi armado, con 23 estadios a los que sólo cinco se les requeriría una remodelación. También plantearon otros asuntos, entre ellos la seguridad. Marruecos respondió con lo que podría leerse como una chicana: “En nuestro país las armas están prohibidas”.  

Estados Unidos y sus socios ganaron en la casa de Vladimir Putin, que llegó al Expocentre para dar un discurso de bienvenida. Se sabía que estaría, pero su presencia comenzó a sentirse cuando los agentes de seguridad comenzaron con movimientos apresurados, y cuando intentar salir del lugar quedaba prohibido. A quien quería hacerlo, los empleados lo frenaban: “No puede salir, está ingresando un invitado muy especial”.

Si Putin ahora disfruta su Mundial, también lo disfrutará Donald Trump, aunque un eventual segundo mandato terminaría en 2025, un año antes. Los cartas enviadas por Trump a última hora hacia diferentes federaciones, en las que prometía suavizar su política migratoria con un Mundial en su país, fue una jugada que algunos algunos asemejaron a un chantaje. Marruecos, en cambio, apeló a lo emotivo: sus representantes no se cansaron de decir que la suya era una candidatura basada en la pasión por el fútbol mientras que las de sus rivales se basaban en dólares. Acaso ahí haya estado la clave de la elección. Para la FIFA, que hoy mostró casi en sobreactuación sus ganancias por más de 6000 millones de dólares en el último ciclo, ese es el lenguaje, la forma en la que hay que hablarle.

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