El oficialismo ratifica su vocación de unidad pero se reagrupa para medir fuerzas

La definición de la jefatura partidaria bonaerense y a nivel nacional le da marco al juego que disputarán los distintos sectores del PJ para lograr lugares en las listas de las legislativas 2021.
(Foto: Presidencia)
3 de enero de 2021

Año impar, año electoral. El gobierno plebiscita su gestión por primera vez luego de enfrentar un impensado 2020 inicial atravesado por la pandemia. El peronismo apuesta a repetir la fórmula mágica de la unidad, pero antes habrá que barajar y dar de nuevo. Las agrupaciones kirchneristas, los intendentes, los sectores referenciados en el presidente Alberto Fernández y los sindicatos ya están reagrupándose para medir fuerzas y así lograr más lugares en las listas legislativas municipales, provinciales y nacionales.

El último gran movimiento dentro del peronismo fue el acuerdo de los actores principales de la coalición Fernández-Fernández, que estableció que el primer mandatario liderará el PJ nacional mientras que el titular de bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, presidirá el PJ bonaerense. En la Provincia conviven La Cámpora y el poder localizado de los intendentes. Años atrás, esas dos vertientes de poder peronista se enfrentaban en el territorio, a veces de manera civilizada a través de las PASO y otras, de formas menos democráticas. Hoy, tal como lo describió el ministro de Desarrollo de la Comunidad Andrés Larroque, los dirigentes camporistas ya están “más grandes” y los intendentes ya no son aquellos caciques todopoderosos porque se dio una renovación política pero también generacional. Tras un breve chisporroteo, los jefes comunales aceptaron al hijo de Néstor Kirchner como referente partidario luego de que demostrara ser una buena polea de transmisión de sus necesidades a fuerza de llamados, reuniones, recorridas y diligencias, al estilo Néstor. Esa tarea política complementa la gestión del gobernador y compañero de agrupación, Axel Kicillof, en un esquema que repite la división del trabajo que habían establecido Néstor Kirchner y Cristina Fernández, cuando uno conducía el movimiento y la otra gobernaba el país.

Lo cierto es que Máximo Kirchner logró el apoyo expreso de los matanceros, refrenciados en el intendente Fernando Espinoza, la vicegobernadora Verónica Magario, intendentes como Martín Insaurralde de Lomas de Zamora y Leonardo Nardini de Malvinas Argentinas. Gracias al acuerdo en la cúpula del gobierno, también obtuvo el visto bueno del intendente más “albertista”, Juan Zabaleta, de Hurlingham.

En la Provincia también está la Corriente Nacional de la Militancia, que integran sectores kirchneristas no camporistas como el ministro de Defensa Agustín Rossi, el secretario de las Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Daniel Filmus, y la diputada Cristina Álvarez Rodríguez, que lo preside a nivel provincial.

Dentro de los límites de la General Paz, el PJ porteño también arma espacios para competir y lograr lugares en las listas. Esta semana se lanzó el Frente En Común, que integrará el FdT. Esta agrupación está compuesta por la titular del Inadi, Victoria Donda; el ministro de Educación, Nicolás Trotta; el diputado Facundo Moyano; el jefe de Gabinete de Cancillería –virtual vicecanciller–, Guillermo Justo Chaves; la legisladora provincial Natalia de la Sota; el titular del PJ porteño Víctor Santa María y la diputada Gisela Marziotta.

A nivel nacional, también quedó armado ParTE, el partido que fundó el presidente, allá en 2012, ahora presidido por el primer concejal del Frente de Todos en la Legislatura porteña, Claudio Ferreño. Allí también abrevan las diputadas Carolina Gaillad de Entre Ríos y Rosana Bertone de Tierra del Fuego, la senadora neuquina Magdalena Odarda y el vicegobernador de Salta Antonio Marocco. Ferreño mantuvo conversaciones con los dirigentes del Movimiento Evita Fernando Navarro y Emilio Pésico, y del movimiento Octubres Gastón Harispe.

Una de las estructuras históricas dentro del peronismo que siempre reclama espacio en las listas es el movimiento obrero organizado, hoy bajo dos centrales, la CGT y la CTA, que habían anunciado una unificación a principios de la gestión, pero que nunca ocurrió, debido a resistencias de los sindicados denominados “gordos”. Si bien ambas centrales están referenciadas con el gobierno nacional, sus diferencias se acrecentaron durante el transcurso del año, sobre todo después de que la CGT emitiera un documento crítico del gobierno firmado junto con la Asociación Empresaria Argentina. “Ver una CGT haciendo de furgón de cola de los empresarios es lamentable”, dijo el diputado y titular de la CTA Hugo Yasky. La conducción de la CGT encarnada en Héctor Daer y el barrionuevista Carlos Acuña también tiene sectores internos que la enfrentan, representados por los sindicatos que más combatieron al macrismo, como los bancarios de Sergio Palazzo y los camioneros de Hugo y Pablo Moyano.

Los actores se multiplican dentro del oficialismo, pero los lugares no son muchos. La convivencia de esa diversidad puede no ser amable, pero no parece poner en peligro un eventual triunfo producto de la construcción de unidad. «

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