Vera Jarach: “En esta lucha, hay que contagiar esperanza”

La Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora nació en Milán, hoy cercada por la pandemia, y lleva dos genocidios en la memoria: la Shoá y la dictadura. A los 92 años, pide “paciencia, sensatez y mucha voluntad”.

(Foto: Gentileza Espacio Memoria)
22 de Marzo de 2020

Para Vera Jarach, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la cuarentena que el martes impedirá realizar la tradicional marcha por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, es la segunda: el 29 de febrero llegó de Italia en el vuelo anterior al de Alitalia que trajo al primer enfermo de coronavirus al país, y al enterarse se autoaisló. De todas formas, augura para este martes una fuerte recordación del pueblo argentino. “Quizás el año que viene pensemos: el año pasado fue el año que no se pudo hacer”, reflexiona.

Vera tiene 92 años, es la mamá de Franca Jarach, desaparecida el 25 de junio de 1976 cuando tenía 18, y es sobreviviente del Holocausto. Lleva dos genocidios en su memoria y parafrasea al pensador Antonio Gramsci para hablar del futuro: “Soy optimista con la voluntad pero también con la esperanza, y me doy cuenta de la enorme importancia que tiene esta difícil experiencia que vive el mundo. Si, como dicen, no hay mal que por bien no venga, ojalá lo que venga sea la hermandad que la humanidad necesita”.

–¿Cuál es el mensaje para este 24 de Marzo en que no podremos marchar?

–El 24 de Marzo para nosotros tiene un enorme significado siempre. Este año, la pandemia ha complicado las cosas y, desde el momento en que tuvimos que suspender la marcha a Plaza de Mayo, hemos estado pensando alternativas. La fecha a nosotros nos llama a la Plaza. Este año no podemos hacerlo, pero el golpe de 1976 va a tener una fuerte recordación.

–¿Cómo va a ser el recuerdo?

–Para nosotros, recordar es fundamental. Además de las consignas que compartimos los organismos y el pueblo, que son Memoria, Verdad y Justicia, tengo otras que son mías y que llevo en mis dos memorias: la de la Shoá, que viví de chica, y la de la dictadura cívico-militar. Esas dos tragedias hicieron que tenga dos consignas más: “Nunca más el odio” y “Nunca más el silencio”. La primera la heredé de una conciudadana y amiga mía. Yo soy de Milán, la ciudad que ha tenido más víctimas con esta pandemia, y ella, Liliana Segre, es una sobreviviente de Auschwitz. Decir “Nunca más el odio” se impone en estas circunstancias, sobre todo cuando hay grandes crisis y se usan para culpar a otros, para buscar chivos expiatorios. Ese odio es el que provoca guerras, genocidios, persecuciones.

–¿Y la otra consigna?

–Es mi consigna particular: “Nunca más el silencio” que aparece cuando aparecen los primeros síntomas de estas enormes violencias de la humanidad, que en definitiva nacen de los fanatismos, de los odios. Quiere decir: no ser indiferentes, no mirar para otro lado ante lo que está pasando, sino romper ese silencio, ser solidario y hacer algo. Porque algo siempre se puede hacer.

–Tu consigna conecta con el encierro que generó el terror en la dictadura, muy distinto a este que no nos permite ir a la Plaza, que es solidario.

–Cuando se empezó a pensar qué hacer en lugar de marchar, dije una frase que después apareció en la convocatoria: “No a los contagios de esta enfermedad pero sí a los contagios de la esperanza, de hacer algo y romper los silencios”. Hoy estamos todos unidos, no hay divisiones. Las autoridades y el pueblo hemos aclamado normas, instrucciones, decretos, todos nacidos de la sensatez, de la búsqueda de las mejores estrategias para combatir este enemigo que es esta enfermedad. Estamos viviendo una lucha. Yo tengo una enorme confianza en el gobierno de Alberto, y una enorme esperanza no sólo en lo que va a pasar en estos próximos meses, sino en la capacidad de ir contra el hambre, la miseria y todo lo que nos dejaron cuatro años de neoliberalismo: escombros y tragedia. La Argentina puede ser un modelo para el mundo si logramos vencer estas dos batallas, con paciencia y sensatez, pero con mucha voluntad y firmeza.

–Es optimista, Vera.

–Tengo fe en el futuro, en la posibilidad de contagiar la esperanza.

Tiempo Audiovisual

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