"Para la supervivencia de Keith Richards todavía no hay explicación científica"

Entre la divulgación y el humor, Ernesto Blanco explica la física presente en el riff de "Satisfaction", la preferencia de los Stones por mujeres más jóvenes y el origen del Jaggermeryx, un raro fósil de labios carnosos.
(Foto: Pedro Pérez)
6 de Enero de 2019

Nadie se animaría a discutir que los Rolling Stones cambiaron para siempre la historia del rock, pero la contribución de la legendaria banda a la ciencia es mucho menos conocida, y en esa aventura se embarcó el físico, docente, investigador y divulgador montevideano Ernesto Blanco, en cuyo último libro revela, por ejemplo, el crucial aporte de Mick Jagger a la paleontología.

“Bueno, como los Beatles tienen a Lucy, el esqueleto de Australopithecus nombrado así porque los investigadores estaban escuchando ‘Lucy in the Sky with Diamonds’ cuando lo hallaron, hay un fósil menos famoso, no relacionado con la evolución humana, que es un antracoterio, un mamífero extinto emparentado con los actuales hipopótamos y también con las ballenas, y este antracoterio tenía unos labios muy prominentes, con alguna función misteriosa”, explica Blanco.

–¿Cantaba el antracoterio?

–¿Quién sabe? ¿Y por qué no? En los humanos, los labios son muy importantes para la modificación del tracto de emisión de sonido, sobre todo en el canto. No sabemos para qué los usaba el Jaggermeryx, que es el nombre que le pusieron sus descubridores. ¿Cómo se sabe a partir de un fósil que los labios eran grandes? Por la inusual cantidad de forámenes que tenía en la mandíbula, que son los agujeritos por los que pasan nervios y vasos sanguíneos, lo que indica que tenía labios con mucha enervación nerviosa, muy sensibles y seguramente muy grandes y con mucha movilidad.

Los Rolling Stones y la ciencia es para Blanco la natural continuación de un libro similar que escribió sobre Los Beatles, también para la colección “Ciencia que Ladra…”, de Siglo XXI Editores. Con dosis parejas de divulgación y humor, analiza por qué el desequilibrio de ciertos neurotransmisores ligados a cuadros depresivos cambian el modo de percibir los colores (“píntalo de negro”) y hasta revisa la validez de mitos enraizados en el rock, como el “Club de los 27”, al que pertenece el guitarrista Brian Jones, relativizado por la fría estadística mortuoria.

El célebre riff creado por Keith Richards para “Satisfaction” le permite a Blanco explicar las ondas sinusoidales que componen los sonidos. “Fue uno de los primeros temas de gran éxito en el que la distorsión de la guitarra era un elemento central. Ahora bien, la distorsión siempre está en una guitarra, en un violín, desde el momento en que el sonido que emite la cuerda que vibra pasa por una caja que lo modifica. Si bien está aceptado como parte del canon musical clásico, eso también es distorsión y genera un timbre distintivo para cada instrumento. Claro, no hay prejuicio sobre esa distorsión física. Lo hubo sobre el proceso electrónico, con un pedal, pero distorsión siempre hay”.

–O sea, no inventaron nada.

–Bueno, pero un riff como ése contribuyó a instalar la aceptación de la distorsión, como una construcción cultural que acompaña el desarrollo de la música popular.

–Mick Jagger le llevaba dos años a su primera mujer, 13 a la segunda, 21 a la tercera y 43 a la actual. ¿Los Stones se casan con chicas más jóvenes para perpetuar la especie?

–Es un tema delicado, que trato de abordar sin dar respuestas terminantes. Pensado desde la biología, está demostrado que la fertilidad masculina se presenta con una leve disminución a lo largo de toda la vida, mientras que la de la mujer empieza a declinar a partir de los 40 años. Eso lleva a una conclusión biológica: si se caracteriza una especie por su aptitud para reproducirse, sería razonable pensar que un macho de la especie humana tendiera, a medida que avanza su edad, a buscar parejas cada vez más jóvenes y mantener así la posibilidad de continuar reproduciéndose.

Blanco se extiende sobre estudios estadísticos de diferentes poblaciones y su efecto en la fecundidad, por ejemplo, el estudio de “una región del norte de Finlandia, muy aislada, de la que tenemos datos etarios de parejas desde el siglo XVII, cuando por supuesto nadie hacía rock and roll, y la diferencia óptima para la reproducción era de 15 años entre el hombre y la mujer. Pero, bueno, como dice la canción, ‘uno no puede tener siempre lo que quiere’. Por supuesto, hay múltiples factores culturales para que un hombre busque mujeres más jóvenes. ¿Es razonable biológicamente? Sí, y Mick Jagger sería un ejemplo de eso. Pero también tenés a Charlie Watts, que se casó a los 23 con una mujer tres años mayor y sigue con ella”.

–La expectativa de vida del hombre casado con una mujer más jóven, ¿aumenta?

–Sí, y la de las mujeres en pareja con veteranos, disminuye. ¡Es como si esos hombres les chuparan la energía! Pero no digo que esto pase con Jagger o con Ron Wood, que parecen ilustrar esa hipótesis. Yo no saco conclusiones, son apenas disparadores para que el lector reflexione alrededor de la ciencia.

–En el libro enumerás los muchos accidentes que sufrió Richards, incluida la caída de una palmera en Fiji, y hasta calculás la electricidad que recibió al electrocutarse en vivo en 1965. ¿Es su caso la excepción que da sentido a la ciencia probabilística?

–Bueno, tuvo algunos accidentes terribles, y su vida tan desordenada lo puso durante años en el primer puesto de la lista de rockeros con mayores probabilidades de morir. Pero no, en efecto, para la supervivencia de Keith Richards no hay todavía una explicación científica satisfactoria e indubitable.  «

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