Facebook se desploma envuelta en el escándalo de la manipulación de datos

Directivos de la consultora Cambridge Analytics, que armó campañas como las del Brexit y Trump y también en Argentina, se jactan de sus herramientas para armar campañas sucias.
20 de Marzo de 2018

Las acciones de la red social Facebook se desplomaron tras resultar envuelta en un escándalo internacional por la filtración de millones de datos personales hacia una firma que los utilizó con el objetivo de “formatear” ciudadanos para lograr objetivos políticos. La consultora Cambridge Analytics aprovechó una falla en el sistema de protección de datos de FB y los aplicó con éxito, se jactan, en el referéndum que apoyó el Brexit en el Reino Unido y en el triunfo de Donald Trump en EEUU. El caso se relaciona directamente con las acusaciones contra el presidente estadounidense por la injerencia rusa en los comicios de 2016. Todo indica que de esa presunta intromisión participaron un puñado de británicos y los servicios fueron pagados por inversores ligados al Partido Republicano, ligados al bloguero ultraderechista Steve Bannon, asesor estratégico del mandatario estadounidense. La Cambridge también participó en las elecciones argentinas, según se desprende de un video filmado en secreto a sus titulares y difundido por el Channel 4 News de Gran Bretaña.

Tras una investigación iniciada a partir de la filtración de un ex empleado de Cambridge Analytics, el London Observer y el New York Times publicaron  que datos personales de 50 millones de usuarios de Facebook habían sido procesados por la consultora para elaborar estrategias políticas desde 2014. El tema pega de lleno en el gobierno de Donald Trump porque forma parte de la denuncia que se viene arrastrando desde que ganó la elección, en noviembre de 2016, sobre la ayuda que habría recibido de servicios rusos para ganar su campaña electoral a través de la divulgación de mails privados de Hillary Clinton y de sus colaboradores de campaña.

Pero va un poco más lejos, porque en la cámara oculta que armó el canal británico con los directivos de la firma, se promocionan ante un presunto jefe de campaña electoral como capaces de influir en cualquier elección mediante el uso de información privada de ciudadanos paro también armando campañas sucias en contra de los opositores al candidato que los contrata.

Por ejemplo, afirman que pueden tentar a cualquier dirigente a hacer un negocio oscuro en un acto oportunamente filmado con cámara oculta –así como hicieron con ellos en el Channel 4, justo es decirlo-, para que revele un acto de corrupción magnificado a través de las redes. También afirman que cuentan con mujeres ucranianas ("son las mejores", detallan) dispuestas a ofrecer otro tipo de tentaciones que también pueden ser letales para cualquier imagen pública a la hora de reclamar un voto.

Pero esto no es todo lo que ofrecen: la empresa había contratado a un psicólogo de la prestigiosa universidad de Cambridge, de ahí el nombre, Aleksandr Kogan, de nacionalidad ruso-estadounidense, del Centro Psicométrico de esa casa de estudios. Kogan creó una app para utilizar información sacada de Facebook con la que elaboró el perfil de millones de usuarios de la red, sin que ellos lo supieran.

Dijeron que llegaron así a conocer los gustos y deseos íntimos mejor que sus propios familiares. Y diseñaron estrategias para que esos ciudadanos elijan lo que en CA necesitaban, con la convicción de que estaban apelando a su libre albedrío. Y aseguran que podrían cambiar la concepción de todos ellos sobre valores que arrastran desde la cuna.

El  “geniecillo” que anduvo detrás de esta operación de alto vuelo fue Christopher Wylie, un joven británico brillante y en aquel momento con poco freno ético a sus iniciativas. Toda su perspicacia la puso al servicio de formatear la cultura de los estadounidenses. Lo que liga a este muchacho de entonces 24 años con Donald Trump es que los inversores de Cambridge Analytics fueron Robert Mercer y Steven Bannon, el primero un fuerte donante de los republicanos y el segundo un ideólogo de lo que se conoce como la Nueva Derecha.

El dúo buscaba herramientas para influir en los ciudadanos que iban a acudir a las urnas en 2016 para el reemplazo de Barack Obama. Trump, sorpresivamente, primero ganó una interna contra el aparato tradicional del partido republicano y luego se alzó con el triunfo ante la demócrata Hillary Clinton.

No queda claro qué le ocurrió a Wylie para “prender el ventilador” ante los medios. Él había quedado afuera de la consultora en 2014. Cuando se acercaba el tramo final de la campaña de Trump tomaron en cuenta que los extranjeros no pueden integrar los equipos del candidato, pero esa no fue en su caso la razón de fondo.

Como sea, Wylie habló con la prensa y según parece también lo había hecho oportunamente con Zuckerberg, el fundador de Facebook, que no le dio mucha relevancia: lo único que hizo fue reforzar ciertos controles sobre la difusión de información personal de los usuarios.

Cambridge Analytics, que luego del éxito del Brexit y de Trump estaban en la cresta de la ola, ofreció sus servicios por todo el mundo con el argumento de haber participado en más de 200 campañas, incluso en Argentina, aunque por secreto profesional no dicen en favor de quién. En el video del canal británico se ven los festejos del triunfo de Macri, en 2015, pero desde Cambiemos se apuraron a decir que no tienen nada que ver con la consultora.

Lo que dice Wylie es un poco más terrible que sólo la manipulación de una campaña exitosa para acceder a un cargo. Según le dijo el joven estratega británico al New York Times, “lo que ellos querían (por Mercer y Bannon) era desarrollar una guerra cultural en Estados Unidos". Para añadir luego: "Se suponía que CA tenía el arsenal de armas para luchar en esa guerra cultural".

Bannon fue expulsado del gobierno en agosto de 2017, apenas ocho meses después de asumir como su jefe de estrategia, por declaraciones demasiado racistas. No tanto porque Trump no estuviera de acuerdo, sino que le generaba problemas políticos el pensamiento extremo del editor del sitio Breitbart.

Mercer, fuerte inversor neoyorquino, venía apostando por los republicanos como uno de sus mayores donantes. El NYT dice que “su fortuna ha financiado think tanks y candidatos rebeldes, super PAC (Comités de acción política), y grupos de estudio de los medios de comunicación, de lobby y organizaciones de base” por cerca de una décara.

La publicación de este fin de semana de NYT y el London Observer golpea de lleno en las denuncias sobre injerencia en la campaña de Trump. Ciertamente que hay rusos, como Kogan, y quizás otros que aún no aparecieron. Pero de ahí a vincularlo directamente con el gobierno hay un trecho.

Julian Assange, el creador de WikiLeaks, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, ya había aclarado que no eran agentes rusos los que le habían acercado mails de Hillary durante la campaña. Ahora agregó que sí tenían relación con la CA. O sea que detrás de esa trama no muy limpia estaban los estrategas y sponsors de Trump, que en principio habían logrado influir en los votantes mediante consignas que aparecen como contradictorias con el pensamiento del votante medio tradicional de Estados Unidos. Una vez en el gobierno, esperaban ir por más.

Mientras tanto, las acciones de Facebook bajaron por segundo día consecutivo y se ubicaron en 163 dólares, con una pérdida en el valor de mercado de la firma de alrededor de 60 mil millones de dólares. Y en Gran Bretaña, una comisión parlamentaria solicitó al CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, que testifique sobre el "uso indebido" de datos personales con fines políticos. Lo mismo le reclaman desde el Europarlamento, mientras que en Estados Unidos dos senadores, una demócrata y un republicano, le pidieron que se presente en el Capitolio para dar sus explicaciones.

Lo concreto es que la red social quedó muy expuesta, deberá dar garantías a sus usuarios y será obligada a reforzar medidas de seguridad para evitar este tipo de huecos informáticos. Pero lo más dramático es la comprobación de que toda esa información haya sido utilizada para manipular y torcer la voluntad de votantes que suponían estar eligiendo de acuerdo a su libre albedrío. Y que incluso pueden ser guiados a reformular concepciones de la vida cotidiana hacia valores contrarios.

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