"Falta la canonización de la Iglesia, pero para el pueblo Evita ya es santa"

Hoy se inaugura en José León Suárez el primer santuario dedicado a Eva, una iniciativa de militantes de San Martín y de la Pastoral Villera, con un retrato del artista Alejandro Marmo.
(Foto: Gentileza Comisión Eva Santa del Pueblo)
26 de julio de 2020

Santa Evita sonríe. Forjado en acero invencible, su rostro siempre dulce, siempre tierno, aún luminoso, se aprecia desde el punto más alto del puente de José León Suárez. La obra del escultor Alejandro Marmo abraza la fachada de la Usina del ex Ferrocarril Mitre. Es la sede del primer santuario dedicado a la abanderada de los humildes. Se llama Eva Santa del Pueblo y está en el municipio de San Martín, en el corazón del Conurbano descamisado. Se inaugura este domingo, a 68 años de aquel 26 de julio de 1952 en que, a las 20:25, Eva Duarte de Perón se volvió inmortal.

“Falta la canonización de la Iglesia, pero Evita ya es santa. Por eso surgió la idea de crear este santuario, para honrar a una mujer ejemplar”, explica Jorge Benedetti, sociólogo, empresario pyme y militante social a tiempo completo. Sanmartiniano de toda la vida: llegó al barrio en 1950, durante el primer gobierno de Perón. Es miembro activo de la Comisión Eva Santa del Pueblo, que junto a la Pastoral Villera son los motores de la iniciativa. La génesis del santuario comulga con el pedido que algunos meses atrás hizo la Confederación General del Trabajo al Vaticano para que se santifique a esa mujer que dedicó su vida a los humildes: “Lleva su tiempo, la Santa Sede tiene sus protocolos, mecanismos, pero para el pueblo es mucho más sencillo. Cuando la gente ve un modelo de solidaridad, amor y compromiso como el de Eva, esa es la verdadera santidad popular”.

Loris Buongiorno es otro de los vecinos impulsores del santuario. Da una mano en la parroquia de Villa la Cárcova, que comanda el padre José María “Pepe” Di Paola: “El escultor Marmo es amigo de Pepe y un día le comentó que quería donarle una obra. Entonces nos pusimos a buscar un lugar y apareció la Usina. No es un espacio partidario ni municipal, no tiene dueños, será público, popular, para que se lo apropien los vecinos, los fieles, todo el que le tenga cariño a Evita”. El compañero Benedetti aporta: “Es como decía Atahualpa Yupanqui: cuando las coplas son anónimas, es que son de todos. Así será el santuario. Es un orgullo que esté en San Martín”.


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(Foto: Gentileza Comisión Eva Santa del Pueblo)

El rostro de Evita forjado por Marmo reproduce a escala más pequeña una de sus obras emblemáticas: el mural que decora la fachada sur del Ministerio de Desarrollo Social, sobre la avenida 9 de Julio. La cara que mira al opulento norte muestra a una Evita encendida en su discurso del renunciamiento. Los murales volvieron a brillar desde octubre pasado, después de cuatro años de oscuridad macrista. Marmo es autor también de las esculturas en homenaje al padre Carlos Mugica y a Arturo Jauretche que se erigieron en la avenida porteña más ancha. “Nuestros próceres y santos, humanizados –reflexiona Buongiorno–. Son los ejemplos que siguen los curas villeros, los militantes sociales, las cocineras de los comedores, todos los que dan una mano y ponen el cuerpo para ayudar a los que están sufriendo la pandemia”.

Benedetti invita a que los fieles se acerquen a dejar una flor, una vela, o simplemente a rezar una oración cerca de la escultura. “Respetando la distancia social, cuidándonos entre todos, para estar un ratito y volver a casa. Queríamos hacer la marcha de antorchas, pero con la pandemia no se puede. Usted sabe, hemos pasado malas. En la dictadura, todos los 26 armábamos un altarcito en las plazas y la policía nos levantaba. Pero la gente volvía y seguía poniendo flores. No pudo la dictadura, tampoco podrá este virus”. «

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