Goijman sigue con su lucha mientras la dirigencia del voley mundial se reúne en Buenos Aires

Enfermo y con problemas económicos, el ex titular del voley argentino reclama una gran deuda a la Federación Internacional. Fue reconocido por exponer la corrupción en el deporte.
6 de Octubre de 2016

“Estoy mal de salud, estoy temblando; tengo la diabetes desatada, tengo un problema en las piernas, lo que se conoce como una neuropatía. La diabetes te ataca el sistema nervioso. Estoy a pie, ya no tengo auto. Lo perdí. Mi casa está a remate. Yo tenía una casa en el country Hacoaj. A remate. Y ahora vivo en lugar de alquiler, en la parte baja de Rincón del Milberg, un ranchito. Me quise quedar cerca de donde estaba mi casa, pero ahora me echan. Tengo diez días para dejarla. Lo único que pido es recuperar mi dinero”, dice Mario Goijman, casi sin respirar, con la agitación que entrega la angustia. Lleva catorce años reclamando una deuda que lo arruinó, desde que decidió ser el garante del Mundial de Voleibol en la Argentina durante 2002, en tiempos de crisis, y ahora vuelve a alzar la voz mientras este miércoles y jueves se desarrolla en Buenos Aires el Congreso de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB), la organización que tiene la llave para terminar con su drama.

Cuando el Mundial 2002 estuvo a punto de naufragar por el desastre económico de la Argentina, Goijman, entonces presidente de la Federación Argentina de Voleibol, decidió poner algo más de 500 mil dólares propios y sacar un crédito de otros 300 mil para sostener la organización. El Mundial se hizo. Y el acuerdo era que la FIVB, en aquel tiempo comandada por el mexicano Rubén Acosta, respondería por ese dinero. Nunca ocurrió. La FIVB adujo irregularidades. La FAV, conducida por Goijman, reclamó el dinero. Sin respuesta, entonces, avanzó con denuncias en la Justicia suiza. Pero Goijman no se quedó sólo en el dinero que reclamaba, sino que expuso el entramado de corrupción que atravesaba a la dirigencia del voleibol.

Goijman fue expulsado de la FIVB, que suspendió a la FAV, lo que corrió a la Argentina de las competencias internacionales. Para saltear el conflicto, se creó la FEVA, que bajo el argumento de no entrar en colisión con Acosta decidió no reclamar la deuda. Goijman inició una cruzada en la que gastó más de 300 mil dólares en abogados suizos y otros 200 mil en los viajes que tuvo que realizar periódicamente a Lausana para seguir el caso. Esa batalla tuvo un triunfo. La corrupción de Acosta, que cobró unos 30 millones de dólares por comisiones de contratos de televisión que él mismo entregaba, quedó al desnudo. De hecho, Goijman esperaba que fuera la FAV la que cobrara la comisión por entregar los derechos de TV del Mundial 2002. Pero no: se los quedó Acosta.

Esa comprobación sacó del cargo al mexicano en 2008, después de 24 años de un poder absoluto. A Goijman le valió, al menos, un reconocimiento internacional: en 2005, en Copenhague, con el premio Play the Game -una organización danesa que vela por la transparencia en el fútbol- por sus denuncias en las que exhibió la corrupción de Acosta. Pero no modificó su situación económica. Goijman intentó que intercedieran las autoridades del deporte durante el kirchnerismo. Pero nadie dijo nada. Y ahora, con el gobierno de Cambiemos, tampoco. Intentó con el secretario de Deportes, Carlos Mac Allister, y con el titular del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein. Pero no hubo ninguna señal.

“Esta semana tuve una reunión con representantes de FEVA”, le cuenta Goijman a Tiempo. “Fueron tres horas con ellos, pero no se plantearon soluciones a mi situación”, agrega. La reunión fue con el vicepresidente Fabián Bochatay y con el tesorero Juan Galeote. Pero los dirigentes argumentan que no pueden interceder por algo ocurrido en mandatos previos, incluso cuando no estaba conformada la actual federación. “Es insólita esa respuesta. La deuda no es sólo conmigo, es con el país. No reclamarla es un error”, asegura Goijman. El compromiso de las actuales autoridades de la FEVA fue estudiar una situación que ya lleva doce años.

Y todo esto surge porque la dirigencia del voleibol internacional decidió realizar su congreso en Buenos Aires esta semana. “Yo me sorprendí cuando me enteré que se reunirían acá. ‘¿Por qué vuelven?’, me pregunté. Pensé que si venían era porque tenían alguna solución. Sin embargo, acá estamos”, dice Goijman con impotencia.

“Hoy en día, el nuevo presidente de la FIVB, el brasileño Ary Graça, destaca que ‘el voleibol está inequívocamente en una época dorada de éxito’, aunque parece haber olvidado a quién se debe gran parte de ese éxito: a Goijman”, afirmó en una carta abierta el director de Play the Game, Jens Sejer Andersen. “La documentación recogida por él fue decisiva para forzar a Acosta a dejar su cargo en 2008, y ya en 2004 fue clave para que el Comité Olímpico Internacional se despidiera de uno de sus miembros más controvertidos, que no era otro que Acosta”, agregó.

“He seguido personalmente durante veinte años el deporte internacional y sus numerosos escándalos, y nunca ví un caso tan injusto como el de Goijman. Nunca ví tantas instituciones mirar para otro lado cuando se les pide estar a la altura de los valores éticos que predican”, escribió Andersen. “Mario Goijman es una persona dificil, no cabe duda. Pero siempre fue una persona honesta e íntegra, al contrario de muchísimos dirigentes deportivos. Y en su lucha incansable contra el abuso en su deporte contribuyó a levantar el prestigio de la Argentina y del voleibol internacional”, agregó. “Llamo en particular a los señores Gerardo Werthein, Presidente del Comité Olímpico Argentino y miembro del COI, Carlos MacAllister, Secretario de Deportes de la Nación y Ary Graça, Presidente de la Federación Internacional de Voleibol. Ustedes tienen los cargos y el poder, ustedes pueden estrechar la mano, ustedes tienen la llave de una puerta que al mismo tiempo cierre los fantasmas del pasado y se abra hacia una vida digna para Mario Goijman”, finalizó Andersen.

Mientras la crema del voleibol se reúne en Buenos Aires, Goijman intenta afrontar su drama. “¿Voy a ir al Hilton? No me van a dejar entrar. Ya no sé qué hacer”, se desespera al borde las lágrimas. Aquel Mundial parece una pesadilla que no se termina. Y este congreso parece una de las últimas oportunidades para recuperar algo de todo lo perdido.

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