Mientras el Fondo de Cultura Económica (FCE) reedita un libro fundamental de Graciela Montes, La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético, y los lectores celebran la reposición de un libro que reflexiona agua y cálidamente sobre el mundo de la ficción, desde México llega la noticia de que es la ganadora del XIV Premio SM de Literatura Infantil y Juvenil

La presidenta del jurado, María Elena Maggi, reconoció a Montes como una pionera en ese campo en Iberoamérica. El jurado resaltó “su obra amplia y diversa, que aborda temas innovadores” y “la complicidad con el lector que, sin ser complaciente, contribuye a una relación con el texto que no precisa intermediarios”. Además de “la creación de personajes valientes que resuelven conflictos personales y sociales con sus propios recursos”.

El galardón, dotado de 30.000 dólares, se creó en el año 2005 para promover la literatura destinada a los chicos y a los autores que escriben para estos lectores. La ceremonia de entrega del premio tendrá lugar el 27 de noviembre próximo, en la 32ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Montes trabajó por más de 20 años en el Centro Editor de América Latina. Allí dirigió la conocida  colección de literatura infantil Los cuentos del Chiribitil entre 1977 y 1979. Además, entre sus múltiples emprendimientos culturales figura haber sido miembro fundador de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA).

La frontera indómita pertenece a la colección Espacios para la lectura del FCE  y apareció originalmente en 1999. Los ensayos que componen el libro, según lo dice Daniel Goldin en el prólogo, “giran en torno al espacio poético, un espacio que media entre el mundo interior  y el mundo exterior o, dicho de otra forma, entre el individuo y el mundo. Un espacio en continua construcción, de fronteras maleables, en el que Montes, siguiendo a Winnicott, percibe las regiones más vitalmente importantes de la experiencia humana, aquellas en que los hombres experimentan vivir.”

Enfrentarse a la lectura de La frontera indómita es enfrentarse a un libro sobre el espacio poético en el que todo es poesía. Junto a interesantes ideas sobre la infancia, la palabra y la lectura, la autora ofrece la seducción de su prosa. Lejos de tecnicismos académicos pero con la profundidad que dan el conocimiento adquirido sobre el tema y la experiencia propia, introduce al lector en un mundo fascinante que lo hará olvidarse, por el tiempo que dure la lectura, de las urgencias y reclamos del mundo exterior. “Las cuestiones que se tratan aquí  -dice en el prólogo Montes-, aunque abordadas de manera doméstica y modesta, son cuestiones importantes y significativas. Es mi deseo que este gesto de ponerlas así, con sencillez, sobre la mesa, anime a los lectores para asumirlas como lo que de veras son: cuestiones personales.

En el ensayo que abre el libro, “Scherezada o la construcción de la libertad”, la autora se remonta a su infancia y a los cuentos que le contaba su abuela, especialmente a su favorito, la historia de un burro que en vez de heces produce oro, aunque esta conducta sólo la sigue con su dueño pobre y se transforma en un burro común y corriente cuando es un rico quien quiere obtener de él oro para incrementar aún más sus riquezas. El texto está salpicado de frases que reivindican el saber popular junto a los lazos tejidos con el afecto. “Mi abuela –dice Montes-, como cualquiera se puede imaginar, no había leído a Propp, pero podía ejercer con todo desparpajo cualquiera de sus funciones.” La autora sostiene que el lazo generado con su abuela en torno a los cuentos es el lazo inaugural de la relación que mantuvo luego con los escritores que leyó y con los lectores que la han leído. “Formábamos parte de una cofradía, éramos habitantes de un mismo territorio al que podíamos entrar y del que podíamos salir tantas veces como quisiéramos.”

En este primer artículo Montes plantea que “la ficción está en crisis”. Entre los múltiples factores que generan esa  crisis entra un tema que con los años se ha ido consolidando: el de la corrección política a ultranza. “La misma crudeza (se refiere a la crudeza de los inquisidores autobiografistas) encuentro en los inquisidores de la corrección política, como si no entendiesen de qué se trata, No saben lo que es ficción y no se animan a habitar el vacío. No pudieron, por ejemplo, entrar al Huckleberry Finn y atrapar para toda la vida esa gloriosa imagen del niño y el esclavo flotando a la deriva en busca de libertad; se quedan enredados mucho antes discutiendo si está bien o está mal que aparezca la palabra ´negro´ tantas veces y si no convendría cambiarla por “hombre de color”. Creen también que se pueden inventar ficciones a pedido, juntando una ´forma ágil´ con un ´contenido´ irreprochable, con la dosis justas de ´verdades ´apropiadas.”  Este primer texto destaca la capacidad de la ficción para crear mundos habitables que nos liberan, al menos por un momento, del agobio de la realidad.

La capacidad de los cuentos para generar realidades como quien levanta un castillo de naipes, la capacidad de la infancia para habitar la ficción, las razones por las que se escribe y se edita literatura, las relación entre el juego y la lectura, la utilidad de la palabra literaria, el placer de leer, la relación entre la literatura y la escuela, la existencia insular de la lectura que parece quedar atrapada en determinados ámbitos específicos son los temas que atraviesan el resto de los textos que integran  La frontera indómita. Todos hacen planteos diferentes, pero todos se refieren al fascinante mundo de la ficción y tienen en común el sello inconfundible de la escritura de Graciela Montes en que la solemnidad es desalojada por el asombro infantil ante el mundo y ante la construcción de realidades a través de la creación que, afortunadamente, la autora no ha perdido.