Heinze, o cómo es el entrenador del futuro

En 2018 llevó a Vélez de estar cerca de la zona de descenso a meterse en la clasificación a las copas internacionales, con un estilo reconocible y ofensivo. Le dijo que no a Boca y su equipo ya comenzó la pretemporada, el primero de todos en la Superliga.

Heinze, con su hijo, durante un entrenamiento en la Villa Olímpica.
Por Roberto Parrottino - @rparrottino
30 de Diciembre de 2018

Un dirigente de Argentinos Juniors corre en ojotas alrededor de una de las canchas de la Sociedad Alemana de Gimnasia, en Los Polvorines. El entrenador quiere que se ponga en la piel de los jugadores. Que esté concentrado en el trabajo. Lo cazó con las manos en los bolsillos, una postura que penaliza en los entrenamientos. Es sólo una foto instantánea de una práctica de Gabriel Heinze en 2016. No es por eso que se haya convertido en uno de los entrenadores del año en la Argentina. Vélez empezó 2018 con Heinze como técnico cerca de la zona de descenso. Lo terminó adentro de la clasificación a las copas internacionales, con un estilo reconocible, lúcido, protagonista y ofensivo. Heinze es uno de los siete entrenadores de los 26 clubes de la Superliga que terminará 2018 en el mismo equipo en el que lo empezó: le dijo que no a Boca. Lo que logra, y diferencia, es comprometer a un plantel y, a la larga, enamorar a los hinchas. “Gringo, quedate a vivir. Paternal es tu casa”, se leyó en una bandera en el estadio Diego Maradona. En el José Amalfitani, antes de que termine el año, los hinchas ya cantaron que de la mano del Gringo Heinze todos la vuelta van a dar.

“A todos los que tuvimos a Gabriel, nos marcó. Es un antes y un después -reconoce Federico Lanzillota, actual arquero de Argentinos-. Era ir todos los días a aprender algo nuevo. No te puedo decir algo puntual. Sería meterme en su trabajo y es bastante reservado. Pero recuerdo una anécdota: en su primer entrenamiento, me vio con los guantes y me preguntó para qué los tenía. 'Soy arquero', le dije, ingenuo. Me dijo: 'Sí, ya lo sé, pero dejalos ahí porque conmigo no los vas a usar'. Me reí, pero con el tiempo fue verdad. Jugué mucho con los pies, participé mucho como líbero en la defensa y en la salida del equipo desde el arco”. Hay jugadores de Godoy Cruz, Argentinos y Vélez, los equipos que dirigió, que admiten que aprendieron a jugar con Heinze, que comprendieron el sentido del juego, que los oxigenaba que diseñara una serie de entrenamientos distinta por semana. Heinze dispone, de local y visitante, que el equipo entrene después de los partidos. Como otros entrenadores, analiza al próximo rival en el micro o el avión, apenas termina un partido.

“Heinze trabaja de forma similar a como lo hacía Bielsa”, compara Fabián Cubero, campeón del Clausura 1998 con Marcelo Bielsa en Vélez, aún en el plantel a los 40 años, la misma edad de Heinze. “Desde esa época -precisa Cubero- no hubo un técnico que trabaje como Bielsa. Tienen muchos puntos en común, tanto adentro como afuera de la cancha”.

Los equipos de Heinze, en general, pasan de un 4-3-3 a un 3-4-3. Prioriza defender con un jugador más de los que ataque el rival. Y en la salida desde abajo no sólo es importante el arquero. Pretende un “líbero por delante y por detrás”, como explicó en las conferencias de prensa, única vía de comunicación con los periodistas, una casta a la que se le planta. En Vélez cumple esa función Gastón Giménez, que terminó el año convocado por Lionel Scaloni a la Selección. En Argentinos jugaba Esteban Rolón, que luego partió a Europa. Vélez es el equipo con más posesión en el torneo: tiene un promedio de 59,5%, por encima de River (57,3%), según datos de Superliga Innova. Heinze, de igual modo, no es de los entrenadores que aman tener la pelota porque sí. Más bien, entiende que necesita luchar y presionar para tenerla y atacar con movimientos automatizados cerca del área, con desmarques y asociaciones. “Yo -dijo una vez el alemán Jürgen Klopp, DT de Liverpool- celebro cuando presionamos y la pelota se va afuera”. Heinze parece transitar esa línea.

“Es laburador a pleno, meticuloso, detallista -marca una persona que convive con él en la Villa Olímpica-. Y tiene un rasgo paternal con sus jugadores. Suele abrazar a todos, uno a uno, después de cada partido. Pero también es firme si no le gusta algo, sobre todo con los más chicos. Y es cordial con el laburador del día a día de la Villa”. Inaugurada en 2000, la construcción de la Villa Olímpica en la que trabaja ahora Heinze fue supervisada por Bielsa, el técnico que lo instaló en la Selección. Vélez fue el primer equipo de la Superliga en iniciar la pretemporada, este viernes, en la Villa Olímpica. “No llamen vacaciones al receso”, les había dicho Heinze a los futbolistas.

Durante los últimos cuatro años como jugador, en Newell's, Heinze era un habitué en los partidos de las inferiores en el predio de Bella Vista. Lo repite en Vélez. En una pretemporada con Newell's, donde fue campeón con Gerardo Martino como DT del Torneo Final 2013, llegó a explicarles a los defensores centrales de las inferiores cómo marcar: lesionado, miraba desde afuera, alguien se acercó a pedirle un autógrafo y transformó el papel en una libreta de apuntes. En diciembre de 2014, seis meses después de que Heinze se retirara, el técnico español Juan Manuel Lillo, uno de los formadores de Pep Guardiola, visitó Rosario para dar una conferencia, invitado por el Grupo Ekipo y el Instituto Universitario del Gran Rosario. Lo había conocido en Valladolid, su primer club en Europa, en 1997, antes de las carteleras luminosas de PSG, Manchester United y Real Madrid. Mantuvieron largas charlas de fútbol. Por su actitud y convicción, Lillo dijo antes de dejar Rosario: “Es el entrenador del futuro en Argentina”. Heinze ya llegó. Mira en perspectiva.

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