Histórico acuerdo de Paz en Colombia: las FARC pidieron perdón

Vestidos de blanco, el presidente Santos y el líder guerrillero Timochenko llegaron a un acuerdo que deja atrás cientos de miles de muertos. El domingo, la ciudadanía deberá respaldar el tratado en un plebiscito.
27 de Septiembre de 2016

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, suscribieron en Cartagena de Indias el histórico acuerdo de paz que pone fin a un conflicto armado de más de 50 años. El líder guerrillero pidió "perdón por el dolor" causado.

La ceremonia, en el Centro de Convenciones de esta ciudad, fue presenciada por más de 2.500 invitados locales y extranjeros, cuyas ubicaciones en la platea fueron determinadas por sorteo, como símbolo de la reconciliación.

Todos los presentes vistieron camisas blancas, como símbolo de la paz, y muchos asistentes hicieron flamear pañuelos de ese color en varias ocasiones. También se vio una bandera que además de los colores nacionales amarillo, azul y rojo llevaba en la base una cuarta franja, blanca.

“Pedimos perdón por el dolor que hayamos podido causar en esta guerra", afirmó Timochenko, quien se congratuló de que Colombia vaya "hacia la política sin armas" y aseguró que las FARC van a "cumplir" el acuerdo y esperan "que el gobierno cumpla".

"Decimos fuerte y claro: no más guerra, no más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados, y tantas heridas que tenemos que empezar a sanar", dijo Santos en su discurso y reiteró que "cambiar las balas por los votos es la decisión más inteligente".

Antes que los dos protagonistas del acto habló el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien sostuvo que los acuerdos "solo prometen el fin del conflicto armado para una paz duradera en un desarrollo equitativo" y "visualizan una paz que garantiza el papel de la mujer" porque "ya no habrá espacio para una política basada en la violencia".

Santos y Timochenko rubricaron los siete ejemplares del acuerdo -de 297 páginas cada uno de ellos- con unas lapiceras hechas especialmente con partes de proyectiles, a los que el mandatario llamó "balígrafos".

Los invitados estelares fueron los representantes de los países garantes (Cuba y Noruega) y acompañantes (Chile y Venezuela) del proceso de negociación que había comenzado formalmente el 19 de noviembre de 2012 y se realizó de manera íntegra en La Habana.

Cuba, Chile y Venezuela estuvieron representados por sus presidentes, Raúl Castro, Michelle Bachelet y Nicolás Maduro, y Noruega por su canciller, Borge Brende.

Asimismo, asistieron, entre otros, los presidentes de la Argentina, Mauricio Macri; Brasil, Michel Temer; Ecuador, Rafael Correa; México, Enrique Peña Nieto; Paraguay, Horacio Cartes, y Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

También presenciaron el histórico acto el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, y los titulares del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Yinm Yong Kim y Christine Lagarde; el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y el rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón.

El acto se desarrollo en una Cartagena de Indias fuertemente custodiada por más de 4.000 efectivos de las fuerzas armadas y de seguridad, 23 aeronaves de la Fuerza Aérea, cuatro buques de guerra, 10 lanchas guardacostas y un grupo de buzos tácticos.

De hecho, el sobrevuelo de un avión muy cerca del Centro de Convenciones en momentos en que Timochenko pronunciaba su discurso provocó la sorpresa de toda la concurrencia y la sonrisa nerviosa del orador mientras miraba hacia el cielo.

El acto, que duró unos 80 minutos, se cerró con la interpretación de dos interpretaciones en castellano -una a capella y la otra con acompañamiento orquestal- de fragmentos de la "Oda a la alegría", del poeta alemán Friedrich Schiller, en su versión musicalizada por Ludwig van Beethoven para su célebre Novena Sinfonía.

Tras la firma del acuerdo y el "respaldo unánime" que le dieron los miembros de las FARC el viernes pasado, al cabo de una semana de deliberaciones internas, resta la refrendación o el rechazo por parte de la ciudadanía, que lo expresará el domingo próximo en un plebiscito.

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