Jaime Perczyk: "Desarmaron todo lo que se había avanzado en educación pública"

Ex viceministro del área, señala las medidas urgentes: el refuerzo alimentario en comedores escolares, la infraestructura y la recomposición del salario docente.
(Foto: Universidad Nacional de Hurlingham)
8 de Septiembre de 2019

Ex viceministro de Educación en los años de Alberto Sileoni, actual rector de la Universidad Nacional de Hurlingham y presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, la voz de Jaime Perczyk es una de las más relevantes para explicar la realidad de la educación argentina. Junto con otros colegas, mantuvo un encuentro con Alberto Fernández y su equipo, con quienes intercambió conceptos que replica en diálogo con Tiempo: desde la asfixia financiera de las universidades hasta la necesidad de repensar la educación en el actual contexto socioeconómico: "Que haya descendido el consumo de leche es una hipoteca social que vamos a pagar durante años con los chicos", sostiene.

–¿Cómo fueron estos cuatro años para las universidades?

–Muy difíciles, porque el sistema universitario venía en expansión, en todas las variables observables: en términos de recursos para perfeccionar docentes, designaciones, concursos, más investigadores, apertura de nuevas universidades y carreras, edificios y equipamiento. Después vino la sospecha sobre el sistema universitario, y después, el FMI. El retroceso ha sido muy importante. Todas las variables decrecieron, y con el Fondo arrancó un período de ajuste que sigue profundizándose.

–¿En qué hechos concretos se visibiliza el ajuste?

–Por ejemplo, las becas Progresar no se actualizaron. La meta física del Presupuesto 2019 son 500 mil becas, pero fueron 750 mil el año pasado, y eran 900 mil cuando asumió Macri. Si le sumás el ajuste por inflación, es enorme. Además, en cuatro años no se abrieron más universidades y los salarios de docentes y no docentes perdieron poder adquisitivo.

–Macri llegó cuestionando las "universidades por todos lados".

–Las cifras dicen lo contrario. Faltan universidades: en México hay una cada 45 mil habitantes, en Brasil una cada 83 mil. Y en la Argentina, una cada 330 mil habitantes. Estamos lejos de las universidades que necesitamos. Muchos lugares aún no tienen una cerca. En el Gran Buenos Aires son vitales. En nuestra universidad, el 75% del alumnado es el primero de su familia que pisa una universidad, y el promedio es ese en todo el Conurbano. En nuestro caso son carreras no tradicionales: la mayoría elige Kinesiología, Enfermería, Educación Física, Letras y Biotecnología, pero ahora empezó a crecer mucho Informática. Todas con mucha salida laboral.

–¿Cómo evalúa, en general, la política educativa de Macri?

–Un punto clave es el ajuste presupuestario. Desde el cierre de la paritaria nacional, en febrero de 2017, hasta el financiamiento, que bajó ostensiblemente: esta semana se conoció que del 6% que era la Educación sobre el PBI, como lo marca la ley de 2006, hoy estamos por debajo del 5,5%. Pero además es un PBI que decreció. Fue una política de desarmar el presupuesto para la educación pública, de no construir escuelas. De los 3000 jardines que prometieron no hay ni 150. No se compraron libros. Se desarmó el programa Nuestra Escuela, clave para la formación y capacitación de docentes. Es decir, no hacés nada para que los chicos entren al jardín, no hacés nada para que los maestros estén mejor. Ni en jornada extendida invirtieron. El tema de infraestructura es clave. Lo de Moreno es el reflejo de un montón de cosas: nunca te interesó que los chicos vayan a clase, que los más pobres tengan un lugar, arreglar esas escuelas.

–¿Cómo se aplicó el concepto de "meritocracia" a la educación?

–La meritocracia es una concepción con la que estamos abiertamente enfrentados. Es lo opuesto a los derechos. Creemos en los derechos y las responsabilidades. Tenés derecho a las computadoras, y tenés responsabilidad de ir a la escuela y estudiar. La meritocracia es lo contrario: ya no son un derecho la computadora o las becas, dejaron de ser para todos. No le veo mérito a tener mérito. Lo que en la Argentina había avanzado, lo desarmaron. Había un programa masivo de distribución de computadoras, seguramente hay que renovar esa tecnología, pero la solución era renovarla, no quitar el programa. Lo mismo pasa con la capacitación docente: la solución es mejorarla, no que no haya. No sirve que pocas escuelas anden bien: el trabajo del Estado es que todas anden bien.

–¿Cómo afecta la crisis social y económica a la educación?

–La mejor política educativa es una buena política económica. La cara oculta del problema son los chicos que no comen, que no tienen útiles, zapatillas o abrigo. Todo eso se ve cuando van a la escuela. Bajó un 15% el consumo de leche fluida, ¿eso no tiene impacto en la educación? Va a llevar mucho tiempo volver a construir la inversión, los consensos para decidir qué es lo mejor para la educación, y poner en marcha un plan de construcción de escuelas, jardines y universidades, que lleva su tiempo. Pero hay que construir los jardines, no decirlo.

–¿Cuáles deberían ser las primeras medidas para el área de Educación del nuevo gobierno?

–Una política muy fuerte de reacondicionamiento edilicio y equipamiento; acordar un sendero de discusión del salario y responsabilidades con los sindicatos docentes, con un acuerdo de recuperación salarial progresiva y la protección de los chicos en el acceso al conocimiento; y la tercera: el refuerzo alimentario en comedores escolares. Hoy es urgente. «

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