Juan Villoro: "Es difícil que haya una gran novela sobre fútbol, porque el fútbol ya es una novela"

El escritor mexicano, autor de Dios es redondo, sabe ponerle palabras a la pelota incluso en esta etapa en la que no hay juego. “Espero que esta pausa sirva para que en el fútbol no haya desniveles económicos tan brutales”, pide, y también define sobre Maradona, Messi, el fútbol zapatista, el femenino, y más.
(Foto: AFP)
24 de mayo de 2020

A los 15 años, mientras escribía cuentos, Juan Villoro jugaba de wing derecho en las inferiores de Pumas de la UNAM. “Era simplificador: buscaba la velocidad y luego el centro o el remate. Podría compararme con el tradicional juego del fútbol inglés”. Hincha de Necaxa, formado en el Colegio Alemán de México DF, Villoro no llegó a ser futbolista profesional, pero escribió libros de fútbol (Los once de la tribu, Dios es redondo, Balón dividido). Y ahora, a los 63, dice que tiene la edad más triste del fútbol: la de un dirigente. “Mi compensación es hablar de fútbol, gran pasión de los aficionados, condición que no quiero perder. Porque no soy un experto. Soy un aficionado a la afición. En eso admiré a Eduardo Galeano, que sólo escribía de fútbol cuando tenía algo singular que decir para seguir disfrutándolo”.

-¿Cómo concebiste un mundo sin fútbol?

-La pandemia nos ha separado del fervor futbolístico. No es necesariamente malo: de vez en cuando viene bien una desintoxicación. Los aficionados somos adictos no sólo al deporte, sino a las mitologías que lo conforman. Pensamos la semana entera en la alineación que va a tener nuestro equipo, en cómo se prepara el rival, administramos nuestras emociones en función del partido. Esta ha sido una terapia forzada de desintoxicación del fútbol, lo que es tan severo como perder un hábito. Esta tregua nos permitió alejarnos un poco de esa enfermedad, la “futbolitis aguda”, que, en ocasiones, nos impide pensar en otras cosas.

-¿Te sirvió?

-Ante una situación que te cambia las reglas del juego, lo mejor que puedes hacer es tratar de aprovechar la nueva circunstancia. Me pareció provechoso perder un vicio y tratar de encontrar satisfacciones en otras zonas de la vida. Ahora, como todos los adictos, somos caprichosos, y encontramos curas a medias. Es como los adictos a la heroína, que se someten a un tratamiento de metadona. La metadona, para nosotros, consiste hoy en ver viejos partidos. No podemos seguir a nuestro equipo en tiempo presente, pero disponemos de partidos emblemáticos en la televisión e internet. Hay un fútbol retro que nos sirve para curarnos. Pero es una terapia a medias: no nos libera totalmente de la adicción.

-Antes de la vuelta de la Bundesliga, Toni Kroos dijo: “Si los alemanes no pueden, entonces nadie podrá continuar”.

-Los alemanes siempre han tenido ese sentido de superioridad. Recuerdo cuando Beckenbauer era entrenador de la selección alemana que ganó el Mundial Italia 90. En aquel momento, Alemania se estaba reunificando. Y a propósito de ser campeones y poder contar en el futuro con jugadores también de Alemania Oriental, Beckenbauer dijo: “El resto del mundo me da lástima. Somos los más poderosos”. De vez en cuando, los alemanes se alocan, y hay que tener un poco de miedo, porque lo siguiente que hacen es invadir Polonia. La expresión de Kroos forma parte de esa grandilocuencia. Dicho esto, la Bundesliga es una de las ligas más aburridas del mundo. Es una liga de dos o tres y, básicamente, del Bayern Munich. Nunca ha sido una vitrina relevante para formar figuras. Cuando vemos la cantidad de jugadores que se dieron a conocer en la Premier League, la Liga española o la Serie A, nos damos cuenta de que son ligas muy superiores a la alemana.

-¿El fútbol genera anticuerpos contra la modernidad?

-Siempre hay un fútbol alterno. Y, en ocasiones, hay equipos que le ganan a otros muy superiores. Eso define el heroísmo futbolístico. Cuando Argentina era campeona del mundo y perdió con Camerún en el debut de Italia 90, sabíamos que era derrotada por un equipo inferior. No es que Camerún de pronto se volvió poderoso. Siendo más débil, había logrado conquistar el partido. Ahí hay una enseñanza significativa que da el fútbol. Es decir, una y otra se dan esas volteretas, pero no puede ser una constante. Espero que el fútbol entienda de una vez por todas, y quizás esta pausa sirva para esta reflexión, que no puede haber desniveles económicos tan brutales como los que existen. Es inadmisible que Cristiano Ronaldo cuesta más que todo el equipo al que se enfrenta en algún partido de la Serie A. Se puede dar el heroísmo, pero según sabemos el heroísmo sólo ocurre en grandes y selectos días.

-El fútbol siempre estira el límite, pero el juego tiene su lógica.

-Por más industrializado que esté el fútbol, por más dinero que se le inyecte, siempre hay algo que sorprende: el jugador pícaro, el que inventa una finta, el que hace una pausa, logra jugadas que no dependen del dinero, ni de la preparación técnica, ni de las vitaminas y los nutricionistas. Dependen de lo más pobre y, al mismo tiempo, lo más difícil de obtener: el ingenio, ese talento de barrio que tienen los futbolistas. En el fútbol siempre hay derecho a la sorpresa. Se piensa que con la nivelación mundial de las técnicas de entrenamiento y alimentación todo el mundo va a poder sacar resultados parecidos. Pero un Messi aparece cada 30 años.

-“La televisión es esclava de la pelota”, escribiste. ¿Los hinchas somos hoy esclavos de la televisión?

-Y no sólo por la pandemia, sino porque la televisión nos ha dado la oportunidad extraordinaria de ver partidos de las mejores ligas del mundo, lo que ha ilimitado nuestra capacidad de autoengaño. El aficionado se excita a sí mismo, entra en una sintonía mental con su equipo, y se entusiasma con cosas que probablemente no son tan significativas. Esto explica que equipos muy perdedores y aburridos sigan teniendo hinchas. Hay algo que te permite sentirte parte de la contienda, aunque el resultado no te favorezca. El hincha es alguien que acepta su condición de apoyar a un equipo que no es el mejor del mundo, pero es el suyo. Esto depende de un autoengaño muy productivo. Durante mis primeros veinte años, quería que ganara el Necaxa. Hoy es difícil seguir viendo sólo a tu equipo cuando la televisión transmite al Barcelona. Nos sentimos hinchas digitales de países donde nunca hemos estado. Pero cualquier persona que haya ido a un estadio sabe que el fútbol se ve mucho mejor ahí, sobre todo si lo has jugado; si sabés cómo se mueven los jugadores, qué hay que hacer en una cancha, entendés que buena parte de las acciones ocurren donde no está la pelota, y la televisión sólo capta el destino de la pelota.

-El escritor José Marial escribió en los 50: “El fútbol es un deporte argentino jugado por primera vez en Inglaterra”. ¿Así nos ven?

-Desde el punto de vista de la afición, es incomparable. La animosidad entre River y Boca es única en el mundo, pero incluso puede ser superada por otras. Una vez le comenté a un taxista en Buenos Aires que había ido a ver un Boca-River y me dijo, con un gran orgullo: “Eso no es nada. Yo soy de Rosario, y nosotros nos odiamos más”. Por eso los estrategas de las barras argentinas se convirtieron en técnicos de exportación. Han venido muchos a tratar de soliviantar a las barras mexicanas, les han enseñado a cantar. Pero el fervor y la pasión no se enseñan. Es algo particular, pero por momentos no muy positivo.

-¿Maradona es “un esclavo liberador”?

-Maradona tuvo una condición única en el fútbol, y se refiere no sólo a su extraordinaria habilidad individual, sino al peculiar liderazgo que ejerció dentro de la cancha. Fue el gran virtuoso de su tiempo y, siendo el gran solista de la orquesta, se convirtió en el mejor director de orquesta. Pocos jugadores tuvieron esta dualidad. Ningún jugador se desempeñó mejor en su vida como cuando estuvo junto a Maradona. Esa capacidad de hacer que los otros jueguen mejor, que se “liberen”, es la que tiene Espartaco, que le dice a los esclavos: “Nosotros podemos ser diferentes”. Es lo que hizo con la Argentina de Bilardo en México 86, que no era la mejor selección, para nada. Estaba la Francia de Platini, el Brasil de Zico. Argentina venía de disputar una fase eliminatoria muy mala. Y todos jugaron mejor de lo que jamás habían jugado, incluso Maradona. He hablado con varios de sus compañeros. Esa humildad, entrega y solidaridad es única en el fútbol. Maradona además generó cierta paranoia, y pudo afiliarse a Bilardo, maestro de la paranoia. “Todos están contra nosotros, el público mexicano no quiere que ganemos, la prensa nos odia, y por eso vamos a ganar”. Es la condición de esclavos a liberarse. Es la capacidad psicológica de Diego para hacer grupo y volver locos a todos.

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(Foto: AFP)

-Dijiste que, en ese sentido, Messi pierde contra la mitología.

-A nivel estadístico, Messi es el mejor jugador que haya existido. Pero en cuanto al significado emocional, difícilmente se pueda comparar con Pelé o Maradona. Es la extraña condición del mito. Zidane era un jugador que no podía aspirar a la gloria de Maradona. Pero esperaba los momentos más oportunos, la final de Champions con Real Madrid ante Leverkusen o la final del Mundial Alemania 2006, para hacer jugadas inverosímiles. Esa capacidad de llegar en el momento justo no es entrenable. Y desgraciadamente Messi no ha podido conectar así con esos jugadores. Además, todos los demás grandes ídolos han tenido un sesgo trágico que Messi tuvo en la infancia con la dificultad para crecer y con la necesidad de irse desde muy niño a otro país, pero que no se compara con el barrio que Maradona lleva detrás y la forma en que ha jodido su vida a la par de las glorias. Y esa doble circunstancia es la condición del héroe: ser el más jodido de todos los hombres y, de pronto, ser inmortal.

-¿Cómo analizás el crecimiento del fútbol femenino?

-Hay un punto que me gusta mucho, y me parece una reserva de ética futbolística: todas esas jugadas marrulleras de tirarse la camiseta, fingir faltas, caer y rodar metros en estado de estertor, esos fingimientos teatrales, la jugada favorita de un futbolista de la talla de Neymar, que es buscar faltas para conseguir un tiro libre, todo ese tipo de concepción futbolística, es difícil de ver en el fútbol femenino. Eso es noble, muy refrescante: no hay que interrumpirlo mil veces. Las mujeres han estado en una condición periférica en todas las zonas sociales. En ese sentido son más valientes para asumir condiciones diferentes dentro y fuera de la cancha. Ser mujer en el fútbol les ha dado la fortaleza de los débiles. Poder decir: “No sólo soy mujer: soy lesbiana y al que no le gusta, que se joda”.

-¿Qué lugar ocupa el fútbol en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en Chiapas?

-El zapatismo ha incorporado a las mujeres en el fútbol. O juegan hombres y mujeres, bien igualitario. También tiene una concepción muy interesante de las posiciones: cuando alguien juega, pierde su nombre y se convierte en una posición. Alguien dentro de la cancha es “centrodelantero”, no tiene otro rango. Pero el puesto más valioso del fútbol en el Ejército Zapatista es el de alcanzapelotas, porque juegas en la selva y la pelota puede ir a dar a una cañada donde hay una culebra o a un río donde hay un cocodrilo. El que alcanza la pelota es el más importante de todos, y tiene que ver con el sentido comunitario que tiene el zapatismo. Los otros podrán jugar muy bien, pero sin pelota no podrán hacer nada.

-¿El fútbol es una novela?

-El fútbol tiene una narración clara, personajes evidentes. Cada partido, un planteamiento, un núcleo argumental, un desenlace, y el conjunto de los partidos, es decir las ligas, un conflicto y una conclusión. Los jugadores están rodeados de mitologías, de apodos, de supersticiones, lo que hace que el fútbol pueda contarse perfectamente como se cuenta una novela. Una liga larga de Europa, no las “miniligas” que nos afectan en Latinoamérica, es una novela. Por eso es tan difícil que haya una gran novela de fútbol, porque el fútbol ya es una novela. Y una buena novela debe inventar realidades, y el fútbol ya está inventado como novela.

-Durante la pandemia, hay hinchas argentinos que siguen la liga de Bielorrusia, que nunca paró.

-Con tal de ver fútbol, pides limosna de dónde sea. Me pasa que cuando salgo a la calle, no ahora, y veo a chicos jugando en un campito, de modo instintivo me acerco y creo esperar ver una buena jugada, y luego me doy cuenta de que en realidad estoy esperando que se les escape la pelota para poder patearla y devolvérsela. Donde ves la posibilidad del fútbol, acudes, porque sentís que participás del juego. Lo que decían los zapatistas: el alcanzapelotas puede ser el más importante de todos.

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