Juntos somos más

El Ensamble Chancho a cuerda y el grupo Don Olimpio decidieron fusionarse en una presentación musical con el nombre de Chancholimpio. Juntas, ambas agrupaciones se potencian en la búsqueda de una reformulación contemporánea de la música popular argentina. 

23 de Octubre de 2018

La unión hace la fuerza, y para demostrarlo el Ensamble Chancho a cuerda y el grupo Don Olimpio presentarán el espectáculo Chancholimpio este sábado 27 a las 21 en la Sala Caras y Caretas 2037, Sarmiento 2037 (CABA).

No es casual la confluencia de estas dos agrupaciones: ambas han ganado un gran reconocimiento por parte del público y la crítica fundamentado en el gran nivel y la originalidad de la música que encaran.

La ocasión es también la excusa para presentar en concierto sus flamantes producciones discográficas: Posdata del Ensamble Chancho a cuerda y Dueño no tengo de Don Olimpio.

En su nuevo trabajo, el Ensamble Chancho a cuerda profundiza su original búsqueda de un sonido en el que conviven elementos de la música popular contemporánea con arriesgados condimentos del ámbito experimental.

La agrupación está integrada por Manuel Rodríguez Riva (clarinete, clarón y armónica), Lautaro Matute (guitarras y voz), Nicolás Rallis (guitarras, ronroco y voz), Joaquín Chibán (violín), Julián Galay (bajo eléctrico y acústico), Nahuel Carfi (piano, sintetizador y voz) y Agustín Lumerman (batería y percusión).

En estos diez años desde su creación editó tres discos: "Contrastes" (2010), "Subversiones" (2012, Premio Gardel por Mejor Álbum Instrumental / Fusión / World music 2013) y "Deconstrucción" (2014, nominado al Premio Gardel por Mejor Ingeniería de Grabación 2015).

Además realizó varias giras en nuestro país y en el exterior y compartió escenarios con Liliana Herrero, Leo Masliah, Hugo Fattoruso y Vitor Ramil, entre otros.

Con su ya reconocida capacidad para asumir riesgos estéticos, el Ensamble moldea cada composición con el aporte de elementos que provienen de manera fundamental del folklore argentino.

A estos los condimenta con dosis de osadía compositiva tanto en lo instrumental como en lo poético jugando con las palabras, las que se fusionan como parte del andamiaje de cada tema.

"Mi universo" abre la placa con esta característica distintiva, en la que la voz se transforma casi en un componente más de lo rítmico.

La sonoridad de cámara, presente en todo el álbum, adquiere diversas coloraturas: de carnavalito en "El Pacha", de zamba en "Junín", con aire litoraleño en "Polvaderal" o incluso de rock en "Luz".

Pero en ningún caso estas características son estáticas, ya que en el transcurso de cada composición pasan muchas cosas que sorprenden a medida que transcurren los compases, como en el casi infernal crescendo sonoro de "Los gigantes".

Don Olimpio,  noneto integrado por Nadia Larcher (voz), Juampi Di Leone (flauta), Federico Randazzo (clarinete), Santiago Segret (bandoneón), Juan Manuel Colombo y Leonardo Andersen (guitarras), Diego Amerise (contrabajo), Agustín Lumerman (percusión) y Andrés Pilar (piano, arreglos y dirección) se presentó desde sus comienzos en diversas salas de Rosario y Buenos Aires.

En este primer disco se muestra como una agrupación que indaga en el folklore de nuestro país, al que le aporta un particular tratamiento en los arreglos.

De esta manera encara un trabajo de gran minuciosidad para potenciar las características de piezas como "Dueño no tengo", anónimo recopilado por Leda Valladares  que le da título a la placa.

La voz de Larcher le aporta una gran expresividad a temas como "Viditilla" y "Adiós pueblito de Iruya" (también recopilados por Valladares), "Por seguir" de Raúl Carnota y Carlos Marrodán o "Vidala de la copla" de Chango Rodríguez.

Los arreglos musicales de Pilar consiguen un gran equilibrio sonoro, lo que le permite abordar canciones más reposadas como "Rodar la voz" de Juan Falú y Pilar o más dinámicas como la zamba "Ay, Paloma" de Félix Dardo Paloma.

Con sus flamante discos, el Ensamble Chancho a Cuerda y Don Olimpio desafían con una enfoque personal y contemporánea los límites de nuestra música de raíz folklórica.

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