La hija rechaza la prisión domiciliaria a Etchecolatz

El grupo Hijxs e Hijxs de Genocidas al que pertenece Mariana D difunde el rechazo a la complicidad civil maniobrado desde el poder estatal.
29 de Diciembre de 2017

En el día del "broncazo" convocado por Rubén López, el hijo de Julio López junto a organismos de DD HH a las 18:30 en Plaza Moreno por el otorgamiento del beneficio de la prisión domiciliaria al ex jefe policial Miguel Etchecolatz, el grupo ex Hijxs e Hijxs de Genocidas también la rechaza a través de un comunicado de manera categórica, haciéndolo extensivo a otros genocidas y cómplices civiles. 

"La figura del ex Hijx de Genocidas corresponde a los casos de Mariana D o Rita Vagliati que cambiaron su apellido. Hay dos compañeras más que están en trámite", cuenta un miembro del grupo. 

Todos los integrantes del grupo, en el texto que difunden, piden "Juicio y Castigo a todos los genocidas y Cárcel común, perpetua y efectiva", y está integrado por Mariana D (ex hija de Miguel Etchecolatz), Rita Vagliati quien tomó, en homenaje a su madre, su apellido por vía judicial, y la suya fue la primera historia contada de modo aislada allá por 2005. Rita es ex hija de Valentín Milton Pretti, integrante de la Bonaerense durante el último gobierno de facto y denunciado por torturas en los centros clandestinos El Pozo de Banfield, El Pozo de Quilmes y Puerto Vasco. 

También forman parte de ex Hijxs... Alejandra Eboli, entre otrxs y Erika Lereder, quien por mayo de este año convocara a otras hijas e hijos a reunirse al postear en su muro de Facebook: "Los hijos de genocidas que no avalamos jamás sus delitos, juntémonos para hilvanar la historia, para producir datos y para gritar más fuerte que nunca. Me ofrezco a gestarlo y darle forma", en su momento amenazada en la Web del Seprin, un sitio asociado a los servicios de inteligencia. Erika es  ex hija de Ricardo, segundo jefe de la maternidad clandestina que funcionó en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante la dictadura. 

Tal como explica Pablo Roesler en este diario, "sobre el ex jefe policial Miguel Etchecolatz está la sospecha de la desaparición del testigo Jorge Julio López y del robo de Clara Anahí, la nieta de Chicha Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Estaba preso por secuestros, torturas, robo de bebés y los homicidios, entre muchos otros, de los chicos de La Noche de los Lápices. El asesino, de 88 años, recibirá el 2018 en su casa del Bosque Peralta Ramos, en Mar del Plata."

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El comunicado 

Repudiamos de manera categórica y expresa otorgamiento de este beneficio procesal no solo a Etchecolatz, sino que también hacemos extensivo nuestro más hondo repudio a todos aquellos genocidas y cómplices civiles que desde el inicio de este gobierno se han visto sistemática y metódicamente beneficiados por diversas maniobras por parte del poder estatal.

Esos hombres, esos genocidas, que son o que fueron nuestros padres, están volviendo a sus casas, a nuestros barrios, beneficiados por jueces sin escrúpulos, de esos que perdieron la conciencia y la memoria o que nunca la tuvieron.

Nos sentimos decepcionados por una justicia que empieza a borrar la idea de "Lesa Humanidad", otorgando supuestas garantías constitucionales (como si fueran "gestos humanitarios") o condenas irrisorias, equiparando de esta manera a los genocidas con delincuentes comunes. ¿Qué representa la prisión domiciliaria para un genocida? 

El genocidio es un crimen aberrante contra el pueblo mismo, que se sigue perpetuando a través del silencio, la complicidad y la impunidad que hoy, con la prisión domiciliaria de quizás el más ejemplar de sus jefes, Miguel Etchecolatz, vuelve a cometerse.

La pesadilla retorna al barrio, a hogares que conocemos, para recordarnos que alguna vez tuvieron el poder de quitar la vida en nombre del Estado. El terror, para la sociedad toda, es siempre terror: ayer y hoy. Con su presencia vuelven a amenazarnos, a poner en peligro el entorno familiar, a decirnos que después de todo son más fuertes. Hoy volvemos a sentir el perfume del terror, el sonido de sus pasos sigilosos y la angustia eterna por la justicia rota. Sentimos el miedo de andar por la calle y de vivir junto a los asesinos, que ya demostraron su poder en democracia con la desaparición de Jorge Julio López.

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Pero ya no cuentan con nuestro silencio asfixiante, hoy somos muchas las ex hijas e hijos de genocidas que no callamos, que repudiamos profundamente lo que hicieron y lo que siguen haciendo hoy sus encubridores civiles.

No se arrepintieron nunca, no hablaron nunca, no colaboraron jamás con la memoria ni con la justicia ni con la verdad. Pretenden recordarnos su poder y de lo que son capaces. Y ellos, nosotrxs lo sabemos, son capaces de todo."

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