La intolerancia en el rugby y su espejo en las clases altas argentinas

Tiempo consultó a Victoria Gessaghi, Sebastián Fuentes y Juan Branz, investigadores del Conicet, para reflexionar sobre lo que ocurrió esta semana con un deporte que en Argentina se identifica con las elites. Violencias, racismo, discriminación de clase y la construcción de la masculinidad.

(Foto: AFP)
4 de diciembre de 2020

Los días pasan y el escándalo por los tuits racistas y xenófobos de Pablo Matera, capitán de Los Pumas, y dos de sus compañeros parece haber perdido fuerza en los medios. La suspensión del jugador por parte de la Unión Argentina de Rugby duró apenas 48 horas y ya quedó lejos el pedido de disculpas (algo tibias).

Tras el no homenaje a Diego Maradona en un partido, las críticas al seleccionado de rugby terminaron en viejos posteos desagradables líder del equipo entre 2011 y 2012 que se viralizaron y el jugador cerró su cuenta. Burlas a su empleada doméstica, ironías sobre la gente que toma colectivos, agresiones a la comunidad gay y mensajes contra los bolivianos y paraguayos son solo algunos de los "temas" a los que se refirió el rugbier, que en ese momento tenía 19 años. La prepotencia del juego parece pasarse a lo ideológico en el mundo de la ovalada.

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La doctora en Antropología Social por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Ciencias Sociales con orientación en Educación de la Flacso, Victoria Gessaghi, opina que “este tipo de comentarios o referencias racistas son construcciones que remarcan las distinciones sociales y hacen referencia a una jerarquía, algo que es común las clases altas de nuestro país. Eso se replica mucho en los adolecentes de esos entornos sociales pero muchas veces se replica también en sectores medios y en algunos casos hasta alcanza los sectores populares, aunque sea contradictorio. Lo que pone en el candelero esto que pasó es justamente cómo se construyen las discriminaciones de clase en Argentina, con fuertes connotaciones racistas, en general. La esfera pública siempre lo pone a la vista, y es algo que nos adeudamos como sociedad”.

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Gessaghi, autora del libro La educación de la clase alta argentina: Entre la herencia y el mérito, actualmente es investigadora del Conicet así como del Programa de Antropología y Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (donde también se desempeña como docente) y del Núcleo de Estudios sobre Elites y Desigualdades Educativas del Programa Educación, Conocimiento y Sociedad de la Flacso. “Debemos hacernos cargo que, además de aspiraciones igualitarias y de posturas progresistas, hay un fuerte componente racista entre nosotros.  Se ve en posturas políticas o en expresiones cotidianas, pero la sociedad las tiene incorporadas. Las diferencias de clases tienen estigmatizaciones raciales como algo habitual. Los sectores altos lo dejan ver con más facilidad e impunidad. Hay una puja de poder en ese supuesto humor, de quien se puede reír de quien, mostrando una relación asimétrica, en el que niño blanco hegemónico se burla de ciertas construcciones estereotípicas. Eso es indefendible, porque  uno cree que tiene superioridad moral por sobre otras”. Se deposita valor sobre algo para quitárselo a otra, según Gessaghi, siguiendo la línea de aquello que el Rugby es un deporte con valores, como si los demás no.

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Para Sebastián Fuentes, también investigador del Conicet, el fenómeno reciente de la profesionalización de una parte del rugby (aunque las bases siguen siendo amateurs) tiene que ver con que se vean este tipo de expresiones que antes era escuchado en ámbitos cerrados y hoy, al ser figuras públicas, todos las podemos palpar. “La exposición es diferente, por lo que su declaraciones y estilos de vida quedan a la vista, y en este caso la manera de pensar al otro, de remarcar las diferencias sociales, algo que está presente en el mundo del rugby. No es algo aislado. La controversia se da por la incorreción de estos dichos, por ser una muestra de la intolerancia de ciertos sectores cercanos al Rugby.”

Fuentes sabe que muchas cosas como estas se dicen y se dejan pasar, lo que es un modo de validar eso. “Es como cuando con lo tremendo y cruel que fue el asesinato de Fernando Sosa, nos dimos cuenta que a veces se mide la masculinidad de una manera irracional y ese modo de construir al varón de clase media alta que mira al resto desde una  superioridad moral, de género, de clase. No aplica para todos claro, pero el mundo de rugby entro los problemas que tiene es mantener ese comportamiento violento, desde lo físico, lo ideológico y psicológico como válido. Desde los grupos familiares hasta los clubes como si nada de malo hubiera en ello”.

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Juan Branz es investigador del Conicet y autor del libro Machos de verdad. Masculinidades, Deporte y clase en Argentina, en la que analizó el mundo del rugby. Lo que pasó para él “no es sorpresa”. En Los Pumas y la Unión Argentina de Rugby, según él, hay una matriz ideológica que siempre sigue una línea. “Lo que cambió es el contexto en donde se dijeron y se hicieron lo que vimos. No es que se esquivó un homenaje a Diego. Se lo reconoció con un brazalete negro. Nada más. Así fue el homenaje a Diego. Diferente, claro, a lo que venimos viendo en todos lados del mundo. Pero ni los repudiables tweets ni el homenaje son excepciones. Más bien son regularidades. El problema no es circunstancial, es estructural. Así lo debemos entender” dice.

Este tipo de prácticas y discursos responde a estructuras que preceden, por supuesto, a la actualidad. A finales de la década del ’40 y principios del ’50 (del siglo XX), ante la expansión de políticas que promocionaban el acceso y la práctica de deportes para parte de la clase trabajadora, impulsadas por el gobierno peronista, las clases dominantes deciden configurar al rugby como espacio de distinción, lejos de todo lo que implique algún sentido vinculado a la cultura popular y a fenómenos masivos. Bajo el argumento del amateurismo, el fútbol fue el espacio que condensó todos los sentidos de lo “otro” para el rugby. Implicó diferenciarse de lo que los propios actores del rugby nombraban como “espurio”, “salvaje”, “irracional”.

“Cada espacio deportivo tiene sus singularidades. Pero el rugby, en Argentina y por ahora, sigue siendo un espacio de distinción sociocultural para los varones de clases dominantes. Sí, se lo homenajeó a Diego. Pero para mí era esperable que haya un insignificante signo (el brazalete negro) al momento de recordarlo. Vuelvo a insistir que no es una excepción: los All Blacks son el equipo más popular, masivo y exitoso del mundo, y le rindieron tributo a Maradona desde un significado en donde hay contigüidad de elementos populares”, explicó. Por eso, Para Branz, en contexto, lo de Los Pumas y la UAR queda más en evidencia. “Incluso en las disculpas del plantel, Matera no reconoce que se equivoca. Jamás lo hace. Sólo pide disculpas si ofendieron al Pueblo (palabras de él). Ahí hay una posición ideológica, política y cultural que, por otro lado, es lógica: Los Pumas no representan al pueblo. A las palabras y a los hechos me remito”.

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