La Masacre de Senkata: otra vez gases, balas y muertes en El Alto

Después del Golpe de Estado y los asesinatos en Sacaba, otra vez la ciudad de El Alto está de luto. Los militares con carta blanca para matar y en los "enfrentamientos" que denuncian los ministros del gobierno de facto sólo caen los manifestantes. 
Por N. S. - Desde La Paz
20 de noviembre de 2019

Gases, balas, asesinatos y una tristeza infinita que despiertan la rabia del pueblo. Una vez más la combativa ciudad de El Alto está de luto. La escena de los policías y militares disparando a mansalva ayer martes por la mañana, en las inmediaciones de la planta de Senkata, dieron la sensación de un déjà vu. Una película de terror que ya vimos demasiadas veces los bolivianos.

Con cinco muertos (diez extraoficialmente) y decenas de heridos, la Masacre de Senkata se suma a un historial teñido de sangre y represión: Catavi (1942), Siglo XX (1967), Octubre Negro (2003) y Sacaba (el pasado viernes).

En los días que siguieron al Golpe de Estado, las Fuerzas Armadas y la policía han tenido carta blanca –decreto supremo del Ejecutivo- para meter bala, gasificar y arrestar a gusto. En los “enfrentamientos” que denuncian los funcionarios del gobierno de la presidenta de facto Jeanine Áñez sólo caen los manifestantes. No hay bajas ni heridos entre los uniformados.

La Masacre de Senkata parece calcada a la Caravana de la Muerte que provocaron los militares durante del Guerra del Gas del año 2003, cuando los soldados también intentaron con tanques y balas abrir paso a los camiones cisterna que alimentan con combustible y gas a la ciudad de La Paz. Aquella matanza se dio sobre la autopista. Esta vez los manifestantes cayeron frente a la planta.

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En el Octubre Negro, las fuerzas represivas eran comandadas por Carlos “El Zorro” Sánchez Berzain, ministro de Defensa del agringado presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Ambos están exiliados en Estados Unidos y jamás respondieron ante la justicia boliviana por las decenas de muertes que dejaron a su paso, antes de abandonar el país y refugiarse como ratas en el norte del continente.

Una pupila del “Zorro” Berzain integra el Gabinete de la usurpadora Áñez. La nueva ministra de Comunicaciones es Roxana Lizárraga. Semanas antes del Golpe contra el gobierno de Evo Morales, se la pudo ver en el programa del periodista y escritor peruano Jaime Bayly. Dijo que había llegado por los buenos oficios de Berzain, exiliado en Miami. Sus amenazas a periodistas y opositores “sediciosos” la semana pasada hicieron recordar las épocas de su maestro Berzain. También los años de plomo. En la llamada “narcodictadura” que comandó el general Luis García Meza a principios de los años ‘80, el ministro de Gobierno de entonces, Luis Arce Gómez, advirtió que los opositores al gobierno militar debían andar con el testamento bajo el brazo.

Otro personaje oscuro en esta historia es el ministro de Defensa Luis Fernando López, hombre puesto a dedo por el histérico empresario cruceño ultrarreligioso y racista Luis Fernando Camacho. Luego de la Masacre de Senkata, el ministro López afirmó que “de las armas de las Fuerzas Armadas no salió ni un solo proyectil”. Cientos de videos desmienten al ministro. Tiró más gasolina al fuego, cuando agregó que los manifestantes eran “hordas, que están recibiendo dinero, alcohol y coca para causar temor.” Más tarde hizo difundir un video en las redes sociales del ministerio, en donde llamaba al diálogo y daba bendiciones religiosas a los soldados y a las Fuerzas Armadas.

Los muertos alteños de la Masacre de Senkata eran velados anoche en el interior de una humilde capilla del barrio 25 de Julio. Afuera, los helicópteros surcaban el cielo en una de las noches más oscuras de la historia reciente de Bolivia. Entre llantos, familiares y vecinos cantaban una canción: “Fusil, metralla, El Alto no se calla.”

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