"La oculta", una historia a tres voces

El escritor Héctor Abad Faciolince escribió una melancólica novela sobre el pasado en la que las historias personales se cruzan con las de su país, Colombia.
19 de Octubre de 2016

Las historias son siempre fragmentarias, sobre todo las historias familiares. Los mismos hechos son diferentes para cada uno de los integrantes de la familia y, siendo todos distintos, son todos igualmente ciertos.

La oculta es la última novela del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince cuya presentación en Buenos Aires para el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) se frustró a último momento porque el autor no pudo viajar. En ella, tres hermanos, Pilar, Eva y Antonio Ángel son los últimos herederos de La oculta, una finca ubicada en las montañas de Colombia que debe su nombre, precisamente, al lugar en que se encuentra que la hace poco distinguible desde lejos.

Como suele suceder en las propiedades que se heredan de generación en generación, ese suele ser el lugar en el mundo de sus habitantes. Allí suelen vivirse las horas más felices de la adolescencia y de la juventud, cuando la muerte es sólo un fantasma lejano y la memoria atesora recuerdos que el tiempo irá idealizando a veces hasta perder casi su relación con los hechos verdaderos.

En el caso de La Oculta, la muerte de la madre, Ana, desencadena los relatos de cada uno de los tres hermanos. Antonio vive en Nueva York con Jon. Allí pudo construir su relación con un hombre libre de los juicios y prejuicios pueblerinos que quizá hubiera despertado en su pueblo. Sin embargo, su gran sueño es regresar alguna vez a Colombia e instalarse en La Oculta para siempre junto a Jon.

Pilar es la más apegada a los mandatos familiares. Le encargada de “arreglar” a los muertos para que conserven la dignidad que tuvieron en vida y se parezcan lo más posible a lo que fueron. Aunque defendió a capa y espada la estabilidad de su pequeño mundo familiar no fue inmune al dolor cuando su nieto mayor, Lucas, fue secuestrado por la guerrilla y permaneció nueve meses en el monte antes de ser liberado pago de un rescate mediante.

Eva, sentimentalmente más inestable y siempre en busca de algo que no sabe bien qué es, se salvará por poco de los paramilitares que atacaron La Oculta y la quemaron en parte. Pilar será la encargada de reconstruirla.

Finalmente, el sueño de Antonio se derrumba porque Jon le confiesa que jamás dejará Nueva York para instalarse en La oculta. Eva sigue en inquieta búsqueda y sólo Pilar permanece en la finca que ya no se parece en nada al lugar en que ella construyó su historia. Para “salvarla” fue necesario parcelarla, destruir árboles y silencio, aceptar la construcción de casas y la convivencia con vecinos ruidosos e ignorantes de la historia de esa tierra. Pero Pilar decidió instalarse en la casa de La oculta, aunque ya no fuera el lugar que había sido.

Los personajes que delineó Faciolince no sólo cuentan su historia, sino que reflexionan sobre ella, sobre el paso del tiempo, sobre la historia de Colombia que, como la historia de todos los lugares de la Tierra atraviesa necesariamente la vida personal y puede llegar a determinarla, porque en el destino individual también se mezcla lo político. El autor ha escrito una novela melancólica y riquísima en la que Colombia se entreteje con la historia familiar, algo que Faciolince ha vivido en carne propia cuando los paramilitares mataron a su padre, un médico defensor de los Derechos Humanos. Cuando fue atravesado por las balas en el bolsillo llevaba un papel con un soneto atribuido a Borges. De ese episodio nació su libro El olvido que seremos, quizá el más exitoso y por el que se hizo más conocido.

El arquitecto Rodolfo Livingston asegura que no hay ningún hecho que no suceda en el espacio. Hasta los sueños tienen su propia escenografía. Dice también que cuando alguien le pide que le diseñe una casa, casi sin excepción lo que pide es la casa de su infancia. Faciolince demuestra que la felicidad y también la desdicha necesitan de un espacio específico, de una escenografía que los contenga. Demuestra también que el regreso al pasado es imposible aunque se regrese a la misma escenografía saturada de recuerdos y de historias; que todo paraíso –ya sea real o ficticio- será siempre un paraíso perdido. Un libro conmovedor que al narrar la historia de una familia colombiana narra un poco la historia de todos no importa cuáles sean las coordenadas de nuestro lugar en el mundo.

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