La Selección, reflejo de una organización que perdió el rumbo

Son todas piezas de un desastre que envuelve a un equipo que hoy no tiene entrenador y aún duda si contará con su estrella.
Víctor Stinfale, el ex abogado procesado por la causa Time Warp, es excarcelado el lunes y un día después escolta en la AFA a Diego Maradona, quien denuncia que un nido grondonista resiste puertas adentro del edificio de la calle Viamonte.
Mientras tanto, Ricardo Caruso Lombardi, un entrenador de fútbol que hace las veces de payaso mediático (o al revés), se autopostula para dirigir a la Selección Argentina y afirma que, si trae el oro de los Juegos Olímpicos con la Sub 23, los dirigentes lo tendrían que dejar en la Mayor para que se pueda dar el gusto de mandar al banco a Lionel Messi. Si es que en algún momento el rosarino vuelve a la Selección.
Quien le firmaría el contrato es una incógnita: Claudio "Chiqui" Tapia presenta a Julio Olarticoechea como DT del equipo olímpico. El Vasco deja su interinato en la Sub 20 –estuvo seis meses sin conducción luego de que finalizara el contrato de Humberto Grondona–, que a la vez agarró después de ser entrenador de la selección femenina. Pero es Juan Sebastián Verón quien toma la voz cantante para, por ejemplo, contestarle a Maradona, mientras Rodolfo D'Onofrio viaja a los Estados Unidos para reunirse con Marcelo Gallardo y rogarle que largue los futbolistas para los Juegos Olímpicos y, de paso, saber si quiere seguir en el club o si aspira a suceder a Gerardo Martino. 
Luis Segura no aparece y la justicia lo investiga por los fondos del Fútbol para Todos. Junto al dueño de la fábrica de alfajores Amalfi están procesados José Lemme, Miguel Ángel Silva, Eduardo Espinosa y Rubén Raposo por administración fraudulenta y descuento de cheques en financieras de dudoso accionar y que, según Elisa Carrió, están ligadas a Daniel Angelici. La causa la lleva adelante la jueza María Romilda Servini de Cubría, quien pone en duda la legalidad de lo que pueda hacer la FIFA en la AFA, lo que abre la puerta a que todo accionar de la entidad esté viciado de nulidad.
Además, Marcelo Tinelli se mueve como presidente de una Superliga que en los papeles no existe, pero a la que sus voceros le ponen fecha de inicio. Fernando Marín, que no es dirigente sino funcionario público ya que está a cargo de lo que queda de Fútbol para Todos, dice que el campeonato será el 5 de agosto, y un día después algunos estiran la supuesta fecha de salida una semana más "para que los clubes puedan ceder a los jugadores a los Juegos Olímpicos". Todo sea por el bien de la institución, esa a la que los clubes grandes le quieren quitar el control de la liga y de, principalmente, los millones que mueven los derechos de televisación. 
Ese es el dinero que necesitan para mantenerse en pie, entre las deudas que mantienen, tanto puertas adentro como afuera. Mientras Futbolistas Argentinos Agremiados recomienda no iniciar acciones hasta que se defina qué pasará con la TV, esta semana la Unión Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (Utedyc) realizará paros en Argentinos, Quilmes y La Plata por sueldos adeudados, aunque las medidas podrían extenderse por todos los clubes y hasta a la misma AFA, cuyos empleados del predio que posee en Ezeiza no tienen ni para prender la estufa. Ese sindicato responde a Hugo Moyano, líder de la CGT Azopardo, presidente de Independiente y ferviente opositor a Tinelli, quien tiene el poder de condicionar a todos los dirigentes del fútbol y hasta al presidente Mauricio Macri, quien necesita un segundo semestre con fútbol en todas las pantallas
"Alto", grita la FIFA a través de Primo Corvaro, su emisario al que Maradona rebautizó como "Primo Camargo". La plata de la TV la maneja la AFA, dicen desde Suiza, donde 21 carpetas esperan ser analizadas para armar la comisión normalizadora porque de normal esto no tiene nada.
No es normal que después de 40 años de relativa estabilidad futbolística y luego institucional –tres décadas y media bajo el unicato de Julio Grondona– la AFA y la Selección se miren al espejo y se vean como a principios de los '70, cuando los interventores de la entidad, por ejemplo, mandaron sobre el pucho a un trinomio de entrenadores a dirigir un Mundial. Pero sí es lógico. Mientras gobernó en Viamonte, Grondona armó un sistema para que sólo su figura pudiera evitar este desbande, lo que dejaba a los otros dirigentes como rehenes. Así se mantuvo hasta el día de su muerte, cuando se llevó ese poder a la tumba y dejó a sus ahijados pataleando.
Tampoco es normal que después de cinco entrenadores para siete ciclos mundialistas, en la mitad de ese lapso ya hayan pasado Marcelo Bielsa, José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella y el recientemente renunciado Gerardo Martino. ¿Y si vuelve Bielsa? "En las condiciones que está hoy la AFA, es imposible que acepte", aclara su histórico compañero Claudio Vivas, después de que "el Loco" plantara a Lazio el viernes por la mañana e hiciera ilusionar a sus fanáticos, esos que lo quieren como entrenador de las juveniles, de la Mayor y sentado en el sillón de Grondona que, como en La Bella y la Bestia, no deja que cualquiera deposite allí sus aposentos. Mientras tanto, la AFA suma día a día aristas a este ridículo cuento de final incierto.
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