Las pericias psiquiátricas determinarán si Pity Álvarez es o no inimputable

El músico podría recibir una dura pena por el asesinato de Cristian Díaz. Pero ya en 2010 y 2014, dos fallos en causas por agresiones sostuvieron que no comprendía la criminalidad de sus actos.
15 de Julio de 2018

Víctima y victimario de una tragedia anunciada, Cristian “Pity” Álvarez amaneció este domingo en el pabellón psiquiátrico del penal de Ezeiza, al cabo de muchos años de adicciones e incidentes que la fama no hizo mermar –más bien acrecentó, como él mismo lamentó en varias entrevistas– y de una madrugada de furia en la que, de acuerdo al relato de tres testigos y de su propia confesión al momento de entregarse, asesinó de cuatro balazos –uno en el pecho y tres en la cara– a Cristian Maximiliano Díaz, de 36 años, a metros de su casa en la torre 12 del barrio Cardenal Samoré, en Villa Lugano.

“Era él o yo” y “cualquier animal haría lo mismo” fueron las dos frases que el músico pronunció ante las cámaras de tevé durante su tumultuoso arribo a la Comisaría 52°, adonde se entregó tras permanecer cerca de 20 horas prófugo, y que evidencian su intento inicial de alegar que mató en defensa propia.

Luego de que médicos del SAME lograran compensarlo y una vez frente al juez Martín Yadarola, a cargo del Juzgado de Instrucción N°4, el ex líder de la banda Viejas Locas se negó a declarar, y fue enviado al pabellón de Ezeiza donde funciona el Programa Integral de Salud Mental Argentino (PRISMA), que aloja a presos con trastornos mentales o adictos al consumo de drogas. Allí también permanecen internados la falsa médica Giselle Rímolo, Martín Ríos –el “tirador de Belgrano”– y Susana Freydoz, que asesinó a su esposo, el gobernador rionegrino Carlos Soria.

La mamá de Pity, Cristina Congui, intentó visitarlo ayer en el complejo penitenciario de Ezeiza, pero no pudo hacerlo. Acudió en compañía del abogado Claudio Calabressi, aunque no está claro quién representará al músico, que ante el juez fue asistido por un defensor oficial. No será Sebastián Queijeiro, el letrado que lo acompañaba cuando se entregó, duramente criticado por la madre del artista.Calabressi también cuestionó a su colega ante el hecho de que Álvarez se autoincriminara en compañía de su abogado, una confesión que en cualquier caso no tiene validez jurídica en el expediente.

Una estrategia posible sería pedir que se lo declare inimputable. Ya en 2010, una pericia psiquiátrica había dictaminado que Álvarez no podía “comprender la criminalidad de sus actos ni dirigir sus acciones” y que padece un “trastorno de personalidad con poliadicción a sustancias psicoactivas”, luego de una denuncia por agresiones contra una joven admiradora. Y en 2014, el Tribunal Oral N°20 también entendió que no podía juzgarlo y lo absolvió en una causa por amenazas contra otro fan y su propia madre.

Cristina aseguró que su hijo cometió “un error, pero no es un asesino”, y puntualizó que era constantemente hostigado por Díaz y otros vecinos que le pedían dinero, “siempre algo, un roce o un cobro de peaje”, describió, además de sugerir que podría suicidarse: “Una vez me dijo: ‘Si llego a matar a alguien, yo también me mataría’”. La mujer sostuvo que la única forma de ayudarlo es que el cantante, que también lideró la banda Intoxicados, se someta a alguna "forma de desintoxicación para que comprenda lo que le pasa".

Cristian Díaz, que vivía en Villa Fiorito, había tenido domicilio en la torre 11 del barrio Samoré, donde actualmente reside su hija, a la que había ido a visitar el miércoles a la noche. Uno de los testigos que ya declararon ante el juez afirmó que, pasada la medianoche, Díaz charlaba con otras personas en el pasillo que separa las torres 11 y 12. Por allí pasó Álvarez, acompañada por una joven de nombre Agustina. Siempre según ese testimonio, el músico le habría pedido droga, recibiendo como respuesta un cabezazo de Díaz. En ese momento, Pity sacó el arma y disparó.

Más allá de la posibilidad de que la Justicia pueda determinar la inimputabilidad de Álvarez, luego de que se le realicen las pericias psiquiátricas que el juez Yadarola pedirá esta semana, y que serán clave para su eventual juzgamiento , lo cierto es que el Código Penal establece una dura condena para un crimen como el que presuntamente cometió el cantante. En concreto, por homicidio agravado por el uso de arma de fuego podría recibir una pena de prisión de 10 a 25 años. «

Un mensaje de Calamaro

"Estamos muy preocupados por Pity… Pendientes de todo. Un rockero y un muerto es lo que más le gusta a la televisión. Y necesita ayuda pase lo que pase… ¿se entiende? Si termina mal va a necesitar ayuda donde esté… Y debería estar bien internado para intentarlo… Love u Pity". Ese fue el mensaje que publicó ayer Andrés Calamaro en su cuenta de Twitter. En otro tweet, el músico aseguró que ayudará a su colega: "Querido Pity. Estoy hablando con buena gente del barrio, con amigos de verdad… Todos vamos a tratar de ayudarte en la que sea. Te damos las dos manos. Te quiero. Todos pensamos en vos. Andrés".

Homicidios y ausencia del Estado

Más allá de que uno de los involucrados sea un conocido músico, el episodio policial del jueves, en Villa Lugano, se diluye en una estadística sostenida. Como señala Alfredo Fernández en un artículo del sitio Cosecha Roja, las Comunas 1, 4, 7 y 8, es decir, la franja sur de la ciudad pobre que va de La Boca hasta Villa Riachuelo, reúnen al 28,8% de los habitantes de la Capital, pero registran el 73% de los homicidios dolosos, de acuerdo a las cifras del Instituto de Investigaciones del Consejo de la Magistratura. Cuatro de cada diez de esas muertes tienen el mismo móvil: discusión, riña y venganza; el 58% de esos homicidios se comete de noche o a la madrugada; y el 48%, con armas de fuego. Artista consagrado, Cristian Álvarez eligió seguir viviendo en un barrio sistemáticamente postergado por las políticas públicas del gobierno porteño, donde el índice de necesidades básicas insatisfechas es mayor que en cualquier otro punto de la Ciudad. En consecuencia, el crimen que presuntamente cometió no escapa a los patrones de marginalidad y violencia que en ese lugar configura la ausencia del Estado.

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