Las porteñas trabajan 34 días más al año que los varones

Es el tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado. El informe de la Ciudad reveló que existen diferencias de género en el uso del tiempo y que esa brecha crece en el sur porteño.
4 de Octubre de 2017

De septiembre a diciembre de 2016, encuestadoras y encuestadores recorrieron las tres zonas de la Capital Federal: norte, centro y sur para recabar información sobre el comportamiento ciudadano acerca del trabajo de mercado, del no remunerado, educación y descanso, a través de una extensa entrevista, que apunta a detectar la brecha de género, principalmente, en las tareas de cuidado y las jornadas de trabajo totales. “La semana pasada, ¿trabajó por lo menos una hora (sin contar las tareas de su hogar, fabricó algo para vender o ayudó a un familiar / amigo de su negocio?”, entonó la voz encuestadora en una de los tantos interrogantes después de timbrear edificios y casas. 

Ciudad presentó este lunes los resultados preliminares de la Encuesta Uso del Tiempo sobre el trabajo no remunerado, una encuesta que se destaca por diferenciarse de la de 2005 por ser muy específica en su análisis del trabajo no pago. La misma capta la información de mujeres y varones que cumplen sus actividades diversas aproximándolas a la dimensión de la economía del cuidado y así servir de base para la estimación del valor económico del trabajo no remunerado.

¿Cuáles son las diferencias según sexo, región y rango de edad por tareas que están por fuera del salario? De otra forma: ¿qué tiempo promedio destinan en sus actividades mujeres y varones en la Ciudad? Se trata de un análisis necesario para entender la brecha (no) salarial de la economía con perspectiva de género. 

Según Florencia Magdalena Méndez, economista feminista, becaria CONICET- CEUR, docente de Economía y Género de la especialización de Políticas Públicas-Género y Sociedad de la Universidad de Lanús y de Economía y Género de la UBA, advierte: “Hay que empezar a implementar políticas públicas de cuidado más activas, priorizando las zonas geográficas de la Ciudad, en donde existen mayores problemáticas. Como es el caso de zona Sur, donde se carecen de políticas de cuidado integrales, como garantizar servicios a adultos mayores y acceso a centros de cuidado infantil”. 

Por otro lado se pregunta acerca de cómo las mujeres usamos el tiempo porque "al dedicar más tiempo al cuidado se profundiza la diferencia con los varones ya que resignamos nuestro tiempo que podríamos utilizar para acceder a capacitaciones, realizar actividades recreativas" dispara la especialista al detallar los puntos del informe. 

En términos el análisis, la Dirección General de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (DGEyC) presentó sus resultados a través de achivos Power Point. Sistemáticamente, indagó acerca del trabajo no remunerado, basándose en una lista de actividades elaborada por Clasificación de Actividades de Uso del Tiempo en América Latina (CAUTAL). El objetivo primordial tuvo que ver con producir información sobre el tiempo en que las personas (mujeres y varones, jóvenes, personas mayores) que habitan en la Ciudad de Buenos Aires dedican cotidianamente a diferentes actividades, incluyendo el trabajo remunerado, las actividades domésticas, el cuidado de niños, niñas, personas mayores o con discapacidad, el estudio, el esparcimiento, los viajes y traslados, entre otros. 

Trabajo no remunerado 

Para hacer de las estadísticas una información concreta y realista aplicada a las zonas de la Ciudad de modo no abstracto, podemos decir que salvo las mujeres adultas mayores, hasta los 64 años, las mujeres de la Ciudad de Buenos Aires duermen más que los varones. Entre 14 y 29 años duermen unas ocho horas más por mes que los varones; de 20 a 64 años, el tiempo de las mujeres dedicado al sueño es de dos horas más por mes que los hombres y, finalmente, y a diferencia de lo anterior, los adultos mayores a 64 años descansan unas tres horas más por mes que las adultas mayores. 

Sin embargo, son las mujeres las que para la estadística trabajan unas 23 horas más por mes que los varones, con unos resultado de 34 días y medio en jornadas de 8 horas diarias (un total de 276 horas anuales). Así su jornada total de trabajo es más extensa por los labores que cumple en su casa, la dedicación en las compras, las hijas e hijos, suegras, suegros, padres, etcétera. Esto quiere decir que las mujeres muestran una mayor tasa de participación en las actividades de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras que, notoriamente, esto provoca que en las actividades vinculadas al trabajo participen mucho más que los varones. 

En este punto, la brecha se profundiza porque las mujeres dedican una hora menos que los hombres al trabajo del mercado. Según los resultados que lanzó el informe, “las tasas de participación son altas y relativamente similares entre varones y mujeres en las actividades de autocuidado (todas las personas al menos duermen), las actividades de convivencia social y el uso de los medios de comunicación”. Por otra parte, para el gobierno también son similares, “aunque más bajas en actividades de educación. La participación en actividades comunitarias muestra cierta diferencia por género, ya que la proporción de mujeres que las realizan supera los 4 puntos porcentuales que los varones”. 

Resultados 

Es claro: las jornadas diarias de trabajo total de las mujeres son más prolongadas que las de los varones. Como puede verse, las brechas de género se verifican tanto en el trabajo para el mercado, como en el trabajo no remunerado (que incluye trabajo doméstico y trabajo de cuidado). Pero la dimensión de estas brechas difiere por tipo de trabajo y por nivel de ingreso. 

Un dato interesante que brinda la información recogida en la encuesta es que la situación en el mercado laboral es una variable relevante para dar cuenta de la dedicación al trabajo no remunerado de las mujeres, pero no en el caso de los varones. Las mujeres que se encuentran ocupadas destinan al trabajo no remunerado algo menos de tiempo que las mujeres que se encuentran no ocupadas (desocupados o inactivas). Pero a los varones, su condición de actividad no les hace ninguna diferencia a la hora de dedicar tiempo al trabajo no remunerado. Más aun, los hombres no ocupados destinan algo menos de tiempo que los ocupados al trabajo no remunerado. 

Es importante resaltar que para el caso de las mujeres ocupadas, las jornadas de trabajo total pueden ser de hecho muy prolongadas, ya que trabajan en promedio 5 horas haciendo trabajo no remunerado, lo que se suma a su jornada de trabajo para el mercado. Si bien las brechas de género se mantienen en las tres zonas: Zona Norte, Centro y Sur, es notoria la mayor dedicación de tiempo al trabajo no remunerado de las mujeres en la medida en que se pasa del Norte al Sur de la Ciudad. Esto refuerza el hecho de que las mujeres de menores ingresos, que viven en las zonas más desfavorecidas de la ciudad, destinan al trabajo no remunerado un tiempo diario significativamente mayor que el resto de las mujeres y el resto de la población. 

El uso del tiempo no es una variable, sino un modo de vivir. Por lo tanto, pensar la brecha es asumir la clave de la distribución de los tiempos de cuidado como determinantes de toda participación de la mujeres en el mercado de trabajo y en actividades clave como educación, deportes e, incluso el descanso. Conciliar la vida familiar y laboral es prioritario para mejorar el estado de salud y no dar por sentado que "los valores" presentados no presentan grandes diferencias, sino todo lo contrario, darle la relevancia necesaria como para equilibrar las tareas dentro y fuera del hogar, tanto desde la perspectiva pública como la familiar.

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