Las trampas del anuncio de Macri sobre la disminución de la pobreza

El presidente se definió "contento" porque el 25,7% de la población la sufre. Pero debió rectificarse por la andanada de datos que muestran que la baja es efímera
31 de Marzo de 2018

Dos días después de definirse "contento" porque la pobreza bajo al 25,7% de la población del país en el segundo semestre de 2017, el presidente Mauricio Macri se tuvo que autocorregir con la aclaración de que "ponerse contento no significa emborracharse porque estamos lejos de donde queremos llegar".

Entre el primer y el segundo pronunciamiento, una legión de analistas de todos los signos políticos le marcó al jefe de Estado los límites del anuncio que realizó el miércoles último con un exceso de euforia y optimismo.

Es que son varias las aristas que hacen mella al discurso oficial de que "la pobreza está bajando" y que "cada vez está más cerca el objetivo de Pobreza Cero". A la foto sobre la situación de la pobreza en el segundo semestre de 2017 se le opone una película que muestra lo efímero del festejo oficial.

En la certeza de que los datos que vienen no son favorables estaría la clave de los proyectos de ley que buscan un mayor control del gobierno sobre la estadística oficial (ver página 7).

El ajuste de 2016

El dato de pobreza que causó la euforia presidencial comparaba contra el segundo semestre de 2016, cuando fue del 30,3%, período caracterizado por el impacto inflacionario de la devaluación de fines de 2015 y la pérdida de poder adquisitivo del salario y los despidos.

"El año 2016 fue pésimo, con un parate en la obra pública y un ajuste general regresivo. Un resultado positivo es lo más probable si se lo compara contra eso", dijo a Tiempo Eduardo Donza, especialista en Trabajo y Desigualdad del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA).

El primer año de Macri se destacó por los aumentos de precios que empezaron a tallar antes incluso de su asunción, en diciembre de 2015. En los meses posteriores, la caída del poder adquisitivo impactó en el consumo y se empezó a sentir en el sector productivo que vive del mercado interno y que, simultáneamente, sufría la apertura de la economía a las importaciones administrada por la Secretaría de Comercio.

El empleo también sufrió ese año. El Indec informó de una pérdida de 68.314 puestos de trabajo registrados en el sector privado, proceso que se detuvo sólo al final de ese año, y con picos de caídas en la construcción (-8%) y la industria manufacturera (-3,7%). El empleo estatal nacional, en tanto, cerró con poco más 10 mil puestos de trabajo perdidos.

También pesó la transferencia de ingresos que resultó de la quita de impuestos a las exportaciones agropecuarias e industriales.

2017, la campaña

El segundo semestre de 2017 estuvo marcado por la campaña electoral, con una fuerte inversión estatal en obra pública y más dinero volcado para el consumo.

Daniel Arroyo, diputado por el Frente Renovador, señaló a Tiempo: "En ese período el gobierno volcó más dinero en la economía, por ejemplo en la  obra pública. Además, tuvimos el rebote de los salarios. Al mismo tiempo no hubo aumentos de tarifas de los servicios públicos, gas, electricidad o transporte. De ese modo hizo que bajara la pobreza".

Donza, de la UCA, destacó que el perfil de los trabajadores de la construcción coincide con el de las franjas de la población que está en los límites de la pobreza y que, por ello, cambian su situación laboral cuando se producen estos movimientos. Además, rescató en ese tramo una desaceleración de la inflación que consideró "muy importante, porque el salario siempre va detrás de los aumentos".

2018 no es igual

La inflación interanual pegó un salto desde fines de 2017, impulsada tanto por los precios regulados como por alimentos y servicios diversos (turismo, escolaridad). Los analistas que son consultados por el Banco Central y participan del REM ya anticipan una inflación del 20% y con tendencia ala suba. Así,  muchos indicios adelantan que la próxima medición de pobreza volverá a los niveles de 2016.

El diputado Arroyo resaltó que debido a los recortes presupuestarios y los aumentos de los servicios, los combustibles, los alimentos y los despidos, "todo apunta a traducirse en un alza de la pobreza. No es lo deseable pero es lógico".

Para Donza, lo probable es que se produzca "un estancamiento de las mejoras en junio. Hay que ver cómo evolucionan las variables pero, por caso, las tarifas aumentan más de lo previsto", señaló.

Ingresos bajo fuego

La contracara de la suba inflacionaria es la situación de los salarios. El gobierno, con la colaboración de los gremios más importantes de la CGT, se está asegurando un techo del 15% en las paritarias.

Con la mira en la próxima medición de la pobreza, el investigador y docente Agustín Mario puso el foco en los ingresos y su relación con los precios, "sobre todo en los hogares que están cerca de la línea de pobreza, que son los que van a mover el indicador. En el primer bimestre la inflación se aceleró y, para poner un ejemplo, ya se sabe que el ajuste de la ANSES va a generar pérdida en términos reales de la jubilaciones y pensiones. No soy optimista".

Arroyo apreció como un agravante que "hoy el gran problema es el endeudamiento masivo de los trabajadores y sectores más sensibles de la población, que toman préstamos en condiciones claramente desventajosas comparados con la clase media". El endeudamiento ganó terreno en un contexto en el que las familias sufren los aumentos de los costos combinados con pocos ingresos de recursos.

La otra pata de la política de ingresos también presiona hacia un incremento de los datos de pobreza. Al modificar los cálculos de la actualización de las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, incluida la AUH, 17 millones de beneficiarios perdieron ingresos: recibieron un aumento en marzo del 5,71% cuando este debió ser del 14,5 por ciento. 

Pobreza estructural

Pero más allá de lo inmediato, todos los especialistas coinciden en apuntar contra dos flagelos por ahora sin solución a la vista: la pobreza estructural y la desigualdad.

Donza lamentó que la pobreza estructural está "en valores tan altos que no van a ser fáciles de superar en el corto plazo", y agregó que "no sólo es cuestión de ingresos sino también del mercado laboral. Hay que medir la calidad de vida por la calidad de la vivienda, de los servicios, de la educación, de la seguridad social. La pobreza es un fenómeno multidimensional y no hay un solo hogar en el país que no tenga problemas en al menos uno de los indicadores".

Mario remarcó que los números dan cuenta de una baja de la pobreza pero también de un aumento de la desigualdad. "La línea de la pobreza que están estableciendo para el adulto –explicó– ronda los $ 5000, una cantidad que no es difícil de conseguir incluso con un trabajo informal. Hay que mirar la pobreza relativa."

Donza apoyó el enfoque: "La pobreza estructural se mantiene desde hace varias décadas y se expresa en una gran desigualdad y en la exclusión de grandes sectores de la población que nunca dejan de tener dificultad para insertarse en el mercado. Es previsible que siga bajando el nivel de la pobreza pero sin un abordaje de fondo siempre habrá una pobreza dura de entre el 15% y el 20 por ciento".

Mercado de trabajo

Donza observó que las medidas lanzadas el año pasado repercutieron en una reactivación laboral, aunque lamentó la levedad de ese efecto caracterizado por "el aumento de los cuentapropistas y las changas pero no por el crecimiento de los sectores medios que son los que pueden dinamizar el consumo".

El mercado de trabajo sigue con serios problemas. Donza destacó que según el Indec bajó la tasa de desocupación y subió la tasa de empleo, "pero los indicadores de precariedad son los mismos porque hay un problema de estructura productiva. El 47% de los trabajadores registrados está en la precariedad y convive con otros sectores de trabajadores con bajo nivel de empleabilidad".

Así las cosas, y a contramano del discurso oficial, Agustín Mario llamó a evitar "la trampa de discutir solo pobreza e indigencia. El mercado de trabajo muestra creación de empleo pero son puestos de baja calidad. Eso puede ser consistente con la baja de la pobreza pero no da cuenta de la desigualdad", subrayó. «

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