Laurent Cantet: "El cine debe asumir el desafío de atraer a los fanáticos de las series"

El prestigioso director francés llegó a Buenos Aires para presentar El atelier. Su flamante película revela las dificultades de los adolescentes en un mundo que ya no es lo que fue. Las nuevas formas de consumo cultural.
7 de Abril de 2018

Las grandes producciones, los tiempos y los hoteles internacionales pueden transformar una entrevista en una experiencia casi inocua. Esas circunstancias, muchas veces marcadas por una obsesión publicitaria asfixiante, ahuyentan la reflexión y condenan algunos encuentros a una dimensión protocolar. Afortunadamente Laurent Cantet pulveriza esos usos y costumbres contemporáneos. El prestigioso director francés escucha las preguntas con detenimiento, construye respuestas esmeradas y elige cada palabra con gran rigurosidad y compromiso. Cantet nunca se permite perder su dimensión humana, esa misma que despliega en películas determinantes como Recursos humanos (1999), El empleo del tiempo (2001) y Entre los muros (2008, Palma de Oro del Festival de Cannes).

La visita del cineasta a la Argentina se concretó en el marco del 10ª edición del ciclo Les Avant-Premières –ver recuadro– y, más específicamente, acompaña el estreno de El atelier. Su flamante película se desarrolla en La Ciotat, una pequeña ciudad ubicada entre Marsella y Toulon, abandonada del esplendor que supo tener su astillero hasta fines de los '90. Allí un grupo de jóvenes –que de alguna manera expresa la diversidad y complejidad política, étnica y religiosa francesa– participa de un taller literario. La profesora Olivia los asiste y se verá condicionada por Antoine, un joven solitario, conflictivo y sin esperanzas, seducido por la violencia y algunos idearios de extrema derecha. Los conflictos entre los jóvenes y la ambigua relación entre Olivia y Antoine son el marco para múltiples cruces de sentidos, significantes y significados que certifican el regreso del mejor Cantet. 

–El atelier propone un retrato del mundo adolescente francés, pero Olivia, la adulta del grupo, parece tanto o más perdida que ellos.  

–Ella representa la impotencia de mucha gente, de personas comunes, intelectuales y artistas, para involucrarse en el mundo de los jóvenes. Olivia intenta hacerlo. A veces de una manera un poco torpe, pero esa actitud a mí me parece muy loable.

–La adolescencia es una de las temáticas recurrentes en su obra. ¿Qué lo seduce de esa etapa de la vida?

–Es un momento muy apasionante que merece ser observado y escuchado. Pero no sólo me interesa indagar en la adolescencia. Me atrae mucho observar la mirada de los adultos sobre los adolescentes. De alguna manera denuncio cierto desprecio o subestimación. Es una etapa de la vida muy vibrante. Donde se definen y se deciden muchas cosas. Pero también es una etapa en la que, al menos teóricamente, todo es posible. Se puede elegir algo, chocar contra una pared y decidir ir hacia otro lado.

–La película incluye múltiples observaciones de las dificultades que impone el mundo moderno. Pero también indaga en la relación entre el arte y la violencia.

–Es una pregunta que me interesa mucho en general y también relacionada con los jóvenes. Antoine no logra diferenciar bien la violencia en la escritura y en la vida. Para él esos límites son borrosos. Olivia le dice que podemos describir en un libro a un asesino serial sin serlo. Podemos hablar de un racista y rechazar sus ideas. Yo considero que los creadores tenemos una responsabilidad con la violencia. Podemos tener una influencia sobre el público y hay que asumirlo. Cuando alguien filma una escena muy violenta puede estar denunciando esa violencia o haciendo apología. Es necesario tener claro lo que queremos hacer para elegir las mejores herramientas.

–Muchos comparan El atelier con Entre los muros. ¿Qué puntos de contacto encuentra?

–Hay cierta mirada de la juventud que las une. Pero en Entre los muros los personajes rondan los 13 años y en El atelier promedian los 20 y están en el momento de desplegar sus alas y volar. Creo que la comparación puede venir por la manera de filmar y por la voluntad de escuchar a esos jóvenes. Pero para mí El atelier es una película mucho más atmosférica y revela la construcción que Antoine va haciendo de sí mismo, tanto en lo intelectual como en lo físico. Su necesidad de estar solo y en la naturaleza me remite más a El empleo del tiempo.

–Ud. suele trabajar con actores no profesionales. ¿Qué ventajas le da este método?

–Es esencial para mi trabajo. En principio trabajo así porque me divierte y eso siempre es positivo. Pero también porque me permite contrastar lo que escribí con personas reales que se comprometen. Antes de empezar a filmar estuvimos tres semanas ensayando y de ahí surgieron ideas y ajustes valiosos. Estos jóvenes aportaron mucho a la película. Los actores profesionales no suelen dar tanto y tienen una vida parecida a la mía, por lo cual sus experiencias no resultan tan enriquecedoras para mí.

–Vivimos una era dorada de las series, pero algunos señalan que imponen formas narrativas esquemáticas y condicionan al cine. ¿Qué opinión tiene al respecto?

–Aparecieron nuevas formas de consumos culturales. Sobre todo en los jóvenes. Lo veo en mi hijo: cada vez mira más series y va menos al cine. Creo que las series tienen una manera muy diferente de construir las historias. Hay una gran profusión de personajes y cruces de relatos. Pueden hacer parecer a las películas algo insulsas. El cine tiene una riqueza más sutil. Pero el cine debe asumir el desafío de atraer a los fanáticos de las series.  «

Con acento francés y algo más

Este jueves comenzó la décima edición de Les Avant-Premières. El ciclo dedicado enteramente al cine francés se desarrollará hasta este miércoles en el Cinemark Palermo (Beruti 3399). Además de la presencia de Cantet y El atelier, se proyectarán 14 películas destacadas, entre las que se encuentran Madame (Amanda Sthers), Monsieur & madame Adelman (Nicolas Bedos), Yo Godard (Michel Hazanavicius), La aparición (Xavier Giannoli), Basada en hechos reales (Roman Polanski), Si pudieras ver su corazón (Joan Chemla), Los fantasmas de Ismaël (Arnaud Desplechin), Momo (Vincent Lobelle y Sébastien Thiery), Swagger (Olivier Babinet), La casa junto al mar (Robert Guédiguian), Madame Hyde (Serge Bozon), Nos vemos allá arriba (Albert Dupontel), Jalouse (David Foenkinos y Stéphane Foenkinos) y La melodía (Rachid Hami). Más información en <http://www.cine-frances.com/programacion>.

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