Los artistas callejeros siguen sin respuestas del gobierno porteño

A pesar de la masiva concentración que se realizó el martes frente a la Legislatura porteña, los funcionarios no dieron respuestas a los artistas y manifestaron la intención de seguir adelante con la reforma del código contravencional que afecta al sector. 

(Foto: Edgardo Gomez)
11 de Julio de 2018

El universo artístico de Buenos Aires es inabarcable. Sobre todo en las calles. Músicos, actores, magos, malabaristas, muralistas, performance le ponen melodías, colores y risas a los días agitados de la ciudad. Sin embargo, para los funcionarios que no suelen circular por las calles porteñas, los artistas son una molestia.

Desde el gobierno porteño, encabezado por Horacio Rodríguez Larreta, enviaron un proyecto de ley a la Legislatura para modificar el actual Código Contravencional y que las fuerzas policiales tengan un mayor poder de acción -o represión- sobre los artistas callejeros. La iniciativa se encuentra en tratamiento en comisiones. Esta iniciativa que lleva el nombre de 1664-J-18 plantea sus argumentos sobre la penalización de "ruidos molestos", y ahí quieren encasillar a los músicos que toquen en la calle.

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Desde hace algunos años, los trabajadores del arte callejero sufren contravenciones y hostigamientos por parte de la policía. Por eso, este intento por reglamentar no el trabajo en la calle si no los abusos de la policía Metropolitana generó una enorme preocupación entre los artistas.

Organizados desde hace algunos años, los artistas generaron una serie de acciones: intervenciones callejeras, videos en las redes y dos jornadas artísticas a modo de manifestación frente a la Legislatura porteña.

El martes 10 de julio se realizó una jornada de protesta frente a la Legislatura. La semana anterior mientras estaban en la calle los artistas tuvieron la oportunidad de dialogar con algunos legisladores de Cambiemos que dieron lugar a que expliquen la situación, esta vez no hubo ningún avance en el tema. También el ministro de cultura de la ciudad Enrique Avogadro abrió un canal de diálogo e hizo algunas promesas que todavía no tienen respuesta.

“Esta vez no hubo ninguna novedad”, explica Alejandro Cabrera Britos, músico callejero que encabeza el Frente de Artistas Ambulantes Organizados. “Se participó de la reunión de la comisión de asesores de la legislatura mientras afuera se desarrollaba la actividad contra de la reforma del código contravencional, que en el transcurso del día convocó más de 20 mil personas”, dice Cabrera Britos. La lista de oradores que habían propuesto desde el frente no fue aceptada, sólo aceptaron a cinco personas entre ellas a la politóloga Victoria Derreiu que pertenece al CELS y que describió los fundamentos técnicos y legales explicando por qué esa reforma no debería prosperar”, cuenta el artista.

“Desde las organizaciones que formamos parte del Frente, hay un consenso colectivo de seguir con acciones, desde lo institucional como desde afuera. Vamos a seguir repudiando la actitud del gobierno de la ciudad”, agregó.

“Como Frente de Artistas Ambulantes Organizados estamos consolidados desde 2014. Si bien venimos denunciando desde hace trece años los ataques contra el arte callejero, la actividad más grande comienza cuando la policía metropolitana pasa a formar parte de la seguridad de los subterráneos. En menos de tres meses, esta situación generó sobre nuestros colegas un montón de situaciones, desde correrlos de los lugares a labrarles actas contravencionales hasta quitarles los instrumentos”, cuenta Cabrera Britos.  

El Frente de Artistas Ambulantes Organizados reúne a diferentes disciplinas, es un colectivo integrado por muralistas, titiriteros, actores y músicos.

Nosotros comenzamos a reunirnos en ese momento y elaboramos el Manual del artista ambulante que es un instructivo de leyes, artículos y ordenanzas vigentes. Ahí mostramos cómo subjetivamente las utilizaba y las utiliza el estado porteño. Ahí también publicamos nuestro proyecto de ley presentado que se viene venciendo año tras año y cómo responder ante el intento de que te labren una contravención. Por ejemplo, pedir un carbónico como corresponde, cómo firmar, estar atentos la situación para juntar toda la información posible, preguntar quiénes estaban en el operativo y tener nuestros contactos en el caso de tener que actuar ante alguna reacción de la policía”, dice el artista callejero.

El trabajo en la calle

La crisis económica es uno de los factores de preocupación entre los artistas, que el Cabrera Britos analiza. “Hay un impacto de golpe económico tremendo, volvieron las monedas de dos pesos cuando ya habían desaparecido. Eso genera una recaudación menor, se trata de llegar a lo más digno de dieron que corresponda a las funciones. También hacer varias intervenciones en diferentes lugares. La gorra o el estuche es un termómetro clarísimo. Una familia capaz que va a pasar el día domingo en San Telmo. Imaginate que tiene que gasta la plata de la Sube, más un par de facturas para tomar unos mates y algo más que consuma ya es un montón de plata. Entonces no alcanza para la gorra, eso impacta directamente”, asume.

El estado de ánimo también es otro factor. “El estado de ánimo se suma al clima y al ambiente social. Pero por ejemplo, una marcha o una actividad de ese tipo restringe nuestras posibilidades de trabajo. Aclaro que apoyamos todas esas manifestaciones porque entendemos la realidad que estamos viviendo. En nuestro caso, tenemos una media de 250 pesos por día, que nos ubica en un nivel de indigencia según los índices de INDEC en las canastas. Si a una colega se le rompe un equipo no recauda”, comenta el músico.

Según cuenta Cabrera Britos, que forma parte de la banda Jamaicaderos y tiene una extensa trayectoria como músicos callejero, el público espectador ocasional se sigue multiplicando a pesar de que a veces hay gente que insulta o pide que toquen más bajo. “Somos respetuosos si vemos que molesta o te piden que nos vayamos a otro vagón nos vamos, generamos una posibilidad de diálogo y conciencia desde la convivencia”, expresa.

La magia del espacio exterior

“Cuando vamos a las escuelas de arte de teatro y música pedimos por favor que no dejen de pasar por la calle. La calle genera una magia única, no tiene escenario se rompen las desigualdades, tenemos el orgullo de tener de público personas en situación de calle al lado de personas con diez bolsas de Falabella. También enseñamos a en que muchos defiendan derechos porque entre y tema agradecemos a las personas y les decimos que cuando se detienen a ver un artista callejero se suman a un derecho que es real”, afirma.

Durante la jornada del martes, los artistas pidieron al público que asistan con un alimento ya que ellos comparten su trabajo con personas en situación de calle. “Nos organizamos para que a través de unas organizaciones se repartan estos alimentos”, comenta.

La solidaridad es una marca cuando el trabajo está en las afueras. “Ahora nos vienen a sacar o a hacer contravenciones pero hace dos años cuando cesantearon a inspectores de los espacios públicos, una disposición del gobierno de la ciudad, nos sumamos a la marcha por los despidos. Lo hicimos porque son trabajadores. Por otro lado, nos quieren imponer el trabajo comunitario, pero lo venimos haciendo hace mucho tiempo y con mucho gusto: vamos a merenderos, comedores, murgas, participamos en un montón de cosas que también genera el arte en la calle. Muchas veces vendemos un montón de discos y esa plata termina para gente que tiene un hijo preso o esas cuestiones y sabemos que la persona que compró ese disco jamás hubiese pensado que esa plata iba para ahí”.

El Artículo 85 se limita a definir a los ruidos molestos de la siguiente forma: “Quien perturba el descanso o la tranquilidad pública mediante ruidos que por su volumen, reiteración o persistencia excedan la normal tolerancia” y advierte que “será sancionado/a con uno (1) a cinco (5) días de trabajo de utilidad pública o multa de doscientos ($ 200) a un mil ($ 1000) pesos”. El texto continúa: “Cuando el origen de los ruidos provengan de la vía pública la sanción será de dos (2) a diez (10) días de trabajo de utilidad pública, multa de cuatrocientos ($400) a dos mil ($ 2000) pesos o arresto de uno (1) a cinco (5) días”

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