Los maestros villeros dieron cátedra en el Obelisco

La comunidad educativa de varias villas de la Ciudad rindieron homenaje a sus docentes en una clase abierta, donde trataron los principales problemas que atraviesan.
12 de Septiembre de 2017

“Nos parecía necesario homenajear, saludar y abrazar a las maestras y maestros que todos los días pisan los pasillos de las villas. Es un acto de justicia mediática decimos nosotros, porque la realidad es que son ellas y ellos quienes nos acompañan cuando nos matan a un pibe o una piba en un caso de gatillo fácil, cuando se derrumba el techo de una escuela o cuando nos faltan alimentos en los comedores comunitarios”.

Así resume Nacho Levy, referente de La Poderosa, la clase abierta que está a punto de empezar en la plazoleta del Obelisco, donde el Día del Maestro no pasó desapercibido. Los diferentes dirigentes sociales, políticos y gremiales –que asistieron sin banderas partidarias- siguieron atentamente los cuatro ejes que tuvo la jornada: la Emergencia Educativa; la Laboral; la Alimentaria; y la Protección contra la Violencia Institucional.

Habían pasado unos minutos de las 17 cuando Florencia Molina, alumna de la Escuela 6, y Norita Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, izaron juntas las banderas Mapuche y de Argentina en un improvisado mástil, mientras una orquesta compuesta por alumnos y docentes de la Villa 21 de Barracas interpretaba “Sube, sube bandera del amor” de Mercedes Sosa. Instantes después, el maestro Julián Anzoategui tomó lista en el aula al aire libre y se detuvo en el último nombre: “Maldonado, Santiago”. Insistió dos veces. “Se lo llevó la Gendarmería”, se escuchó gritar en vez del habitual “¡presente!”.

“Rechazo totalmente la persecución que están teniendo en estos días, obligando a que guarden silencio en los colegios haciéndolos cómplices de esta situación tan grave como la desaparición de Santiago Maldonado. Fíjense lo que dijo Macri: que había 30 mil padres que le piden que en los colegios no se hable de Santiago Maldonado. Escuchen esa cifra. Él dijo eso. Es la hipocresía completa. No vamos a bajar los brazos”, les dijo Norita Cortiñas a los maestros.

Emergencia Educativa

Daniel Ferro fue el primer docente que puso algunos números a la cuestión. “Nosotros no somos responsables por la Emergencia Educativa que estamos atravesando. Hay una paritaria nacional que nunca fue abierta ni se dio un lugar para que se pueda discutir todo lo que tiene que ver con la educación. En la Ciudad tenemos la mesa salarial, donde los sindicatos se sientan a hablar, a proponer, pero del otro lado hay unos personajes del Ministerio de Educación que no escuchan”, indicó el maestro quien aseguró que sólo alcanzaron 21 puntos de aumento y en dos cuotas porque “este ministerio de diálogo sabe poco, entiende poco y no lo habilita”. Además, sostuvo que la ministra Soledad Acuña maneja el presupuesto más bajo en décadas: “del 30%, pasó al 19%”.

Ferro consideró a la Villa 21-24, donde da clases, como una verdadera ciudad ya que cuenta con unos 60 mil habitantes, pero se quejó de que apenas tenga tres escuelas. También dijo que en promedio un chico de la villa falta unos 10 días por bimestre por situaciones que hacen al contexto de vulnerabilidad del barrio. Según calculó, en los cuatro años de secundario, un pibe puede llegar a ausentarse un año entero, con todas las desigualdades que eso conlleva.

La docente Florencia Diasprioti, de la Villa 31, dijo que a razón de los 40 o 50 mil habitantes que habrá en el barrio, sólo hay un jardín de infantes (con 420 nenes), una primaria (con unos 550 chicos) y una secundaria (con unos 350 alumnos). “Por eso proponemos un polo educativo, cultural, deportivo y de salud. No tenemos escuelas artísticas, ni terciarios y necesitamos aumentar la matrícula”, explicó. La directora Gabriela Guzmán se sumó a ese pedido y reconoció que si bien el gobierno porteño avanzó sobre esa idea, nunca fueron consultados sobre las necesidades concretas de la comunidad educativa.

Emergencia Laboral

Varios docentes hicieron hincapié en la desocupación y explicaron que la causa principal sería el neoliberalismo que atraviesa la región, de la cual Argentina no es ajena. El educador Sergio Fontana explayó en el pizarrón los cuatros puntos en los que se basa este sistema económico: desocupación, privatización, ajuste y represión; y citando a autores como Fiedrich Von Hayek, Karl Popper o Milton Friedman resumió que este pensamiento supone que “el estado de bienestar es como el nazi porque es un estado muy fuerte y grande. Entonces hay que desarmarlo atacando a los sindicatos porque los culpables de ese estado de bienestar son los trabajadores que son quienes consiguieron esos derechos”. De esta manera, se genera desocupación, las condiciones para la privatización y, si es necesario, la represión.

Emergencia Alimentaria

Las maestras Lucía Cosío, Angeles Secondi, Susana Piliavsky y Eugenia Nogueira abordaron la importancia de una buena alimentación, una cuestión que mantiene en vilo a los chicos de las barriadas más vulnerables. Piliavsky remarcó que “las escuelas son lugares de encuentro donde nos miramos, nos escucharnos y recién ahí empezamos a aprender. Los maestros y maestras villeras miramos lo que muchos no quieren ver y cuando lo vemos no nos queda más remedio que hacer algo”.

Las educadoras recordaron que cada vez hay más chicos que acuden a ellas porque “les duele la cabeza o la panza porque hace 18, 20 o más horas que están en ayuno”. Por eso en la Escuela 6 se propusieron encuestar a los alumnos para saber a qué se enfrentaban. “Los nutricionistas sostienen que para poder crecer sanos la dieta debe tener un 55% de hidratos de carbono, 20% de proteínas y 25% de grasas buenas”, explicaron. Un dato importante es que más de la mitad de esos alimentos son provistos en el almuerzo y la cena. Sin embargo, el relevamiento en la escuela fue alarmante: “El 50% de los chicos no cena y el consumo de frutas, proteínas y grasas del 60% de las familias era insuficiente”.

Violencia Institucional

Gabriela Carpineti y Juan Mauro, docentes de la Villa 1-11-14, comenzaron su clase de manera directa. Preguntaron: “¿Cuál fue la primera vez que visualizaron la violencia institucional?” Una mujer, sentada en unas de las primeras filas se puso de pie. Era Dolores Demonty. “Más allá de que muchas veces vi violencia institucional porque me crié en barrios populares, el peor caso que viví fue el de mi hijo. Cuando fue detenido y desaparecido el 14 de septiembre de 2002 y su cuerpo apareció sin vida el 21 de septiembre. Lo habían detenido ilegalmente, lo torturaron y obligaron a nadar en el Riachuelo”, explicó la madre de Ezequiel Demonty, un caso emblemático de ensañamiento policial contra los jóvenes de la periferia.

Pero la violencia institucional no se reduce a casos policiales. También incluye represiones en otra escala: “En 2017 se avanzó contra trabajadores formales, informales, mujeres, pueblos originarios, con el agravante de que ahora se judicializan los casos de manera deliberada”, señaló Carpineti, quien concluyó que “esto no es nuevo en nuestros barrios. Ha pasado en todos los gobiernos democráticos. Mónica Alegre, la madre de Luciano Arruga quien desapareció en enero de 2009 y su cuerpo fue encontrado en octubre de 2014, nunca fue recibida, al igual que la familia de Maldonado, por ningún gobierno”.

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