Los mil y un murales de Fio Silva

La muralista del oeste estampa con sus obras las paredes lisas o rugosas de todo el mundo. La órbita va de una “pared desconocida de Tesei” a una fachada de Europa o América. Su sello: combatir los grises con animales y estados.
22 de Agosto de 2017

Una convocatoria internacional la llevó desde su barrio de Villa Tesei a pintar murales en todo el mundo pasando apenas los veinte años, aunque su enorme impresión se sitúa en todo el partido de Hurlingham. 

Durante toda una noche o una serie de días y sobre escaleras o andamios maquínicos, Fiorella Silva, la muralista del oeste, pasa mucho tiempo en la calle extendiendo su imaginario de colores y multiformas, escuchando a los vecinos y a los clientes para imprimir dentro de sus obras orgánicas las emociones cálidas o frías, con elementos como la tierra, el agua o el aire. 

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Mientras cierra el último tacho y guarda los pinceles sobre las transitadas y ruidosas Avenida Juan B Justo y Corrientes, donde acaba de grabar sobre su extensa fachada de nueve pisos de balcones una obra “con movimiento ascendente”, cuenta que este es un tipo de arte “despojado”, que graba una identidad sobre el cual las personas transitan y se sienten parte. 

 Fio boceta animales en movimiento y bosqueja su arte figurativo para cubrir las paredes de las ciudades transformándolas en murales “de paso” o “de observación”. Incluso puede pincelar sin previa y compone para organizaciones, privados o grandes firmas sola o en grupo interviniendo túneles o corredores como el de San Isidro. Y cada vez que termina, las personas se sienten representadas a la vez que ella regresa a su casa con una anécdota transformadora. 

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El circuito Silvia obedece a un mapa imprevisto que trasciende la grilla local. De Grecia a Ecuador, de Villa Crespo a Londres o de Aruba a Holanda, un Silva le pertenece a la performance urbana como expresión propia y es muy reconocible. 

-¿Qué diferencias encontrás cuando te enfrentás a las distintas paredes? 

-Depende del lugar en donde uno pinta y las condiciones del entorno, climáticas. Me gusta pintar en la calle porque no estoy sola, lo estoy haciendo afectada por todo lo que sucede alrededor: hablar con vecinos, conocer un barrio nuevo, juntarme y hacer una composición entre varios. Es una actividad social, más que individual. A veces, según esto, transformo los colores y la idea porque un mural en un barrio tiene mucha importancia y si surge algo que puede estar ahí lo agrego a la identidad de ese mural, en ese lugar. 

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-¿Qué estilo podría definirte? 

-El movimiento, lo natural, lo instintivo de los animales de agua, de aire o de tierra es lo que me gusta representar en lo que hago, según cómo me sienta. Lo que tenga vida y la idea del movimiento está ligada a lo orgánico. La vida no es estar quieto, sino todo lo contrario. La calle es un lugar que se transforma constantemente porque la gente se expresa en el espacio público. 

-Quien recibe este mural o quien lo habita, ¿cómo lo experimenta? 

-Casi siempre pinto lugares en donde no vive nadie o en donde ya vive gente. En este caso me pregunté si le gustará a la gente que va a vivir acá. Preparé un boceto, les gustó y lo hice. En el anterior mural que pinté en Caballito era distinto porque las personas se pueden detener a observarlo, era figurativo y tenía mucha agua. En cambio este es de paso, es más abstracto y representa el atardecer, es cálido. 

-¿Qué ves en una pared antes de empezar? 

-La mayoría de las veces armo el dibujo directamente en la pared, que puede ser lisa, rugosa o de ladrillo. Depende de esto puedo usar pincel, aerosol. Si ya tiene textura o expresa las capas, intento conservarlo e integrarlo. Suelo fondear porque me gustan los colores en contraste y quiero que se despegue. Pero me adapto a la pared que me toca.

-¿Las obras que hacés se precisan como Street Art, intervención o decoración urbana? 

-No lo sé (risas). Es un problema porque a veces lo definimos de un modo pero para otra persona, tal vez, arte urbano tiene que ver con los “cimientos” o poner más linda la ciudad. A veces funciona pero otras veces el sentido de pintar es comunicar un mensaje por los colores o por la idea, triste o combativa. Prefiero decir “intervención urbana”. Hay un auge de los murales a la vez que hay esculturas en la calle, performance, teatro o gente que baila en la calle. Todo eso es intervención urbana, es parte de lo que sucede como expresión pública.

Para ver más sobre su obra se puede consultar aquí.

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