Lennon-McCartney, Jagger-Richards, Guerra-López: la música está repleta de duplas que la hicieron popular, mejor, única. Si se cree que la inclusión de Los Olimareños en la lista es exagerada, bien vendría recordar aunque sea una parte de la producción de Pepe Guerra y Braulio López. La mayoría de sus discos sigue vigente, con picos emotivos-creativos como Cielo del 69, o conceptuales, como Todos detrás de Momo. Si el reconocimiento entre las duplas no es el mismo es sólo por haber nacido en lugares del mundo separados por distancias más profundas y relevantes que las geográficas, como la difusión, los medios económicos y el  idioma. 

«Lo primero que nos propusimos fue no imitar a nadie. Pero nunca proyectamos nada. Como decía la canción de Rubén Lena: ‘Si me pierdo mala suerte, la noche tendrá razón'», intenta sintetizar López aquel comienzo del que el próximo 12 de abril el dúo festejará 50 años (que en verdad son unos cuantos más). «Desde un principio también pensamos en embarrarnos, tocar espinas desde lo social», dice Guerra, completando una presentación que empieza a explicar por qué, a poco de andar, empezaron a recibir el éxito de la popularidad: en aquellos primeros sesenta, «la gurisada» vio en ellos una música que contaba lo que ellos también querían decir. «El canto popular en Uruguay era bucólico: el árbol, el río, las ramas, pero el hombre no estaba integrado ahí. Y nosotros, a través de Rubén Lena y Víctor Lima, fuimos los primeros que integramos el hombre al paisaje. Como decía Atahualpa, el hombre es paisaje que anda», completa Braulio.

Sin embargo el camino no fue sencillo: «Los medios no te daban pelota –cuenta Guerra–. Fue un trabajo de hormiga de giras por el interior, haciendo cosas que en verdad nadie conocía». López dice que, como hoy, «estábamos invadidos por otras cosas; los medios sólo pasaban folklore argentino, algo que nos encantaba, pero como dice Pepe: necesitábamos una cosa que nos identificara a nosotros como uruguayos, y que desde ahí aportara al continente latinoamericano». Luego vendrían a seguirlos, ayudarlos y potenciarlos músicos como Daniel Viglietti, Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa, por nombrar algunos. «Sin ser un proyecto fue una especie de boom, porque no era solamente la música, había literatura, teatro, una especie explosión», explica López.

Cielo del 69 es uno de sus puntos más altos y habla de sueños que vistos desde hoy suenan tan fascinantes como excesivos.

PG: –Lo excesivo era por la época, la realidad que vivíamos. Eso sí, tratamos de ser lo menos panfletarios posible; creo que lo logramos.

BL: –Ante todo estaba el arte. No sabíamos si éramos artistas o no, pero lo perseguíamos. No nos parecíamos a nadie y las frecuencias de nuestras voces fueron creando un sello: todos los dúos a partir de Los Olimareños imitaron a Los Olimareños.

En 1973, Uruguay sufrió un golpe de Estado y los militares que se hicieron cargo del gobierno prohibieron su música en 1974. Recién diez años después pudieron volver al país. «Nunca pensé que no íbamos a volver y nunca pensé que los militares no iban a caer. Lo mismo pienso ahora: todo es circular. Y piramidal, porque hay una cabeza y una base. La historia pasa mil veces por ahí, pero a mi humilde entender, ahora no es solamente desde el Río Bravo hasta la Patagonia, es global: mirá lo que está pasando con los chalecos amarillos, por ejemplo», comenta López con una seguridad que entusiasma. «Y las canciones se mantienen porque siguen en pie aquellos sueños de igualdad, que no se dieron», completa Guerra. «

¿CUÁNDO?

Los Olimareños, 50 años. Viernes 12 de abril en el Teatro Ópera, Av. Corrientes 860.