"Los raperos tenemos una resistencia ante el sistema, pero no practicamos el mal"

Nigga tiene 20 años, corta el pelo y hace rap como forma de vida. "Mis letras son profundas, vienen a reclamar por las injusticias que vivimos a diario en los barrios, el hambre que las familias sufren, por los pibes que la policía mata y nadie dice nada", dice.

15 de Agosto de 2018

Ezequiel Granzella tuvo una época de futbolista y ahora se gana la vida trabajando en una barbería donde realizan cortes profesionales. Pero como su objetivo es producir un cambio cultural, el joven de 20 años, oriundo de Villa Rosa, Pilar, expresa el reclamo de los sectores populares con sus letras de rap y cuenta que su música es revolucionaria.

El pibe comenzó jugando con el número 9 pegado en la espalda en el Club Atlético las Vías. De lunes a viernes dedicaba su tiempo al fútbol y a la escuela. Recuerda que hasta se escapaba para ir a la cancha. Cuando tenía 15 años, sus padres atravesaron una separación conflictiva, y pasó un momento complicado. Hoy su nombre artístico es Nigga. Su significado deriva de la manera en que los afroamericanos se llaman entre sí en confianza.

“Nací en el barrio Los Tilos, después mis padres se mudaron y fuimos a vivir a Villa Rosa. Allí me crié y pasé los mejores momentos de mi vida, también los más tristes. Fui creciendo y las cosas fueron cambiando, comencé a jugar al fútbol en el club del barrio, después fui a probar suerte con 500 personas a River. En ese momento el equipo millonario estaba en la B y por cuestiones económicas todo se complicó en el club y quedé afuera”, cuenta Ezequiel a Tiempo.

Tras su fracaso en el fútbol decidió volcarse a la música. Su estilo es el callejero por lo cual se convirtió en rapero, compositor y solista. Era un adolescente cuando empezó a caminar solo por el mundo. Cuenta que su música es un estilo revolucionario, y quien canta tiene que sentirse libre para poder expresar bien lo que siente.

“El rap significa mostrar nuestra opinión política y social a la gente y el Estado. Lo que nos parece bien y lo que no. Y dejar en claro que los raperos no somos delincuentes, como nos tienen conceptualizados. Sí, tenemos una resistencia ante el sistema, pero no practicamos el mal. A mí me gusta trabajar y compararme mis cosas, pero de lo que me gusta, no de lo me impongan. Me gano la vida cortando pelo en la barbería ubicada en Pilar. Soy rapero y sé que algún día voy a poder vivir de la música”, asegura Ezequiel.

Y finaliza: "Siempre somos estereotipados e etiquetados de la peor manera. Pero hay que reconocer que ahora no es tan fuerte como antes, pero está. Los raperos somos oprimidos que trasmitimos lo que nos pasa. Mis letras son profundas, vienen a reclamar por las injusticias que vivimos a diario en los barrios, el hambre que las familias sufren, por los pibes que la policía mata y nadie dice nada. Es el grito genuino de una sociedad que no es escuchada por el poder político. Intentamos explicarle a la gente que tenemos que ser los protagonistas de un cambio cultural”.

Ezequiel, cansado de vivir en una sociedad clasista e injusta para los sectores más desfavorecidos, obtuvo la superación personal con el rap. Cuenta que en la barbería producen arte, porque diseñan el corte y después lo dibujan. Empezó cortando el pelo a los pibes de su barrio para entrenar, nunca hizo un curso, pero tiene el oficio. Sostiene que hay una estrecha relación entre la barbería y su música. Grabó varios vídeos, pero con poca calidad audiovisual, por cuestiones económicas: asegura que lo importante es la letra, lo que el rapero cuenta a la gente.

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