Los soldados anónimos de Napoleón

La historia del barrendero y el agente de seguridad también son símbolos del ciclo de Gallardo.
(Foto: Télam)
Por Nicolás Zuberman - @nicozuberman
27 de Octubre de 2019

Brian Velázquez y Gabriel Portillo son dos tipos comunes, dos hombres a los que quizá nadie reconozca por su nombre, pero sus historias forman parte de los triunfos de River ante Boca en la final de la Copa Libertadores 2018 y en la semi de 2019. Si resulta difícil encontrar un sólo jugador que sea el símbolo de este ciclo de Marcelo Gallardo con siete títulos internacionales en cinco años, Velázquez y Portillo no convirtieron ningún gol y también entran dentro de la lista de soldados anónimos de Napoleón Gallardo.

La historia del Chino Velázquez se conoció en mayo, cinco meses después del gol de Juanfer Quintero en Madrid y medio año después de la noche del viernes 16 de noviembre de 2018. Ocho días antes de la vuelta de la final de la Copa que se debía jugar en el Monumental, Gallardo salió a comer por Palermo y cuando regresó a su auto encontró que el vidrio estaba roto y le habían robado su maletín. Velázquez, barrendero y fana de River, encontró una carpeta con el escudo del club en un cesto de basura. Ahí estaba el pasaporte del entrenador y algunas anotaciones tácticas para enfrentar a Boca. Esa misma mañana, después de llamar al club y que un colaborador de Gallardo se contactara con él, viajó en remís al predio de Ezeiza para devolverle los papeles al Muñeco. La anécdota se conoció a través del libro Gallardo Recargado, de Diego Borinsky. Un dato que acerca el periodista: “Un conocido que va al gimnasio con la mujer de un directivo de River se enteró que antes de esa final Gallardo había perdido unos apuntes y se los devolvió, supuestamente, el sereno de un garage. Yo lo anoté entre mis preguntas a Marcelo para el libro. Y por eso se conoció la historia, porque alguien me lo contó y se lo pude consultar”. Si no hubiera sido por esa conexión, tal vez nunca se habría conocido esa escena de película.

La de Gabriel Portillo, en cambio, se hizo viral al instante. Es el hombre de seguridad que se abrazó el último martes, en la Bombonera, con Lucas Pratto y Matías Suárez apenas el árbitro Wilton Sampaio pitó el final del partido que Boca ganó por 1 a 0. La transmisión oficial captó esa imagen y las redes sociales hicieron el resto. A la mañana siguiente, en recursos humanos de la empresa PCP le dijeron que debía presentar la renuncia por lo que había hecho. Portillo, padre de una nena de tres y un varón de 14, antes plomero, antes fileteador de pescado, va a ser contratado por la empresa de seguridad que trabaja para River, según contó. “Es insólito. Hace 11 años que trabajo en las canchas y nunca tuve ningún problema. No es la primera vez que saludo a los jugadores de River, pero esta vez fue viral. No podés echar a alguien porque es de Boca, de River o de otro club”, describió el agente de seguridad.

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Portillo y Velázquez nunca se pusieron botines, pero Gallardo también construyó a sus héroes anónimos dentro de la cancha. Nacho Fernández, con sus dos piernas que parecen escarbadientes, con aparatos fijos, sin tatuajes, con un corte de pelo como el de cualquiera, es el corazón de este equipo que llegó por segunda vez consecutiva a la final de la Libertadores. Fernández, o Montiel, o Casco, o De la Cruz, también parecen tipos comunes.

Y ahí ya no sólo influye la estela de la suerte, ese aura que acompaña a Gallardo desde que se sentó en el banco de suplentes millonario. En la paciencia, en la transmisión y en el convencimiento parece estar la clave. Como ahora Casco o De la Cruz, también el Pity Martínez pasó de resistido a ídolo. Fue el periodista Leonardo Peluso el que contó la escena en el vestuario en marzo de 2017. La especialista en neurociencia Sandra Rossi abrió el juego para una charla grupal sincera. Nacho Fernández pidió la palabra: “Quiero agradecerle a Gonzalo porque cuando las cosas no salen bien es el que pide la pelota siempre y el que se come las puteadas de todos”. Maidana y Ponzio, los capitanes de entonces, se sumaron con palabras similares para el Pity, que a partir de ahí dejó de sentir el peso de la 10 en la espalda para transformarla en una capa a lo Superman. Tipos comunes que tienen su capítulo en esta historia.

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