La muestra "Prisioneros de la ciencia" sigue recorriendo el país

Integrada por fotos de miembros de los pueblos indígenas que fueron expuestos en el Museo de la Plata y luego asesinados, en el marco del exterminio que llevó a cabo Roca, llega ahora al Museo Internacional de la Democracia de Rosario. El antropólogo Miguel Pepe, uno de sus organizadores, se refiere al nuevo espacio que ocupará y a su nuevo formato.  

6 de abril de 2021

La muestra itinerante Prisioneras de la Ciencia está constituida por las fotografías de personas pertenecientes a los pueblos originarios que fueron capturadas por el Ejército en enero de 1885, en lo que hoy es la ciudad de Esquel, durante la mal llamada Campaña del desierto.  Se las llevó luego  al Museo de la Plata fundado por Francisco Pascasio Moreno que fue uno de los ideólogos de esa campaña. Allí los exponen vivos, les sacan fotografías antes de matarlos y luego exponen sus esqueletos en las vitrinas.

La muestra está organizada por el Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (Colectivo GUIAS) con fotos de su archivo provenientes de la campaña roquista de 1879. Luego de haber recorrido diversos lugares, entre ellos la Ex Esma, siempre con un formato diferente, se presenta ahora en el Museo Internacional de la Democracia de Rosario.  El licenciado en Antropología Fernando Pepe, miembro del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, coordinador de Programa Nacional de Identificación y Restitución  de Restos Humanos indígenas, dialogó con Tiempo Argentino

-¿Podrías recordar en qué consiste exactamente Prisioneros de la ciencia?

- Es una muestra colectiva que armamos desde el colectivo Guías, el grupo universitario de investigación en antropología social para difundir y visibilizar los casos de hombres y mujeres que murieron en el Museo de la Plata, en el marco del genocidio  roquista en 1886. Esta muestra comenzó en marzo de 2010 en el Museo de Bariloche dependiente de  Parques Nacionales  Francisco Pascasio Moreno que fue el fundador del Museo de La Plata. La expusimos junto a la muestra Huingka Malón. Campaña del Desierto del Archivo General de La Nación. En esa muestra parecía que la llamada Campaña del desierto era un empate entre el Estado y los pueblos originarios. Por eso nos convocaron los investigadores, los antropólogos del museo para mostrar la otra cara de lo que en realidad fue el genocidio roquista. Fue así que montamos Prisioneros de la ciencia. A partir de ese momento hemos hecho más de 150 presentaciones a lo largo de todo el país. Estamos muy orgullosos de esto, sobre todo porque las comunidades originarias de la Patagonia la han tomado como propia  y están haciendo su propio itinerario con ella.

-¿Dónde la van a exponer ahora?

-En el Museo Internacional de la Democracia de mi Rosario natal, así que para mí que el museo de mi ciudad exponga el trabajo del colectivo Guías es un orgullo.  Hemos expuesto en un congreso internacional en ese museo y ahora vamos a armar allí una nueva muestra que tuvo algunas intervenciones por parte del  curador del museo, lo que la hace novedosa. Hay fotografías que son gigantografías que se han colocado en las paredes, lo que le da a la muestra un volumen diferente. Por suerte, estuvimos investigando y pudimos encontrar los nombres originales de las mujeres de los pueblos originarios que fueron rebautizadas con otros nombres en la prisión que sufrieron en el Museo de la Plata. El genocidio invisibilizó a todo el pueblo mapuche tehuelche y a todos los pueblos originarios de la Patagonia y los mostró como salvajes primitivos que se extinguían. Las mujeres tuvieron una discriminación más por el género porque ni siquiera registraron sus nombres.

-La muestra de Rosario se inaugura hoy, 6 de abril, ¿no es así?

-Sì, va a ser un acto de solo 20 personas como máximo que se hará a puertas cerradas por la pandemia. Solo voy a viajar yo como integrante del colectivo Guías con el fotógrafo que es el curador original de la muestra, Marco Bufano Fernández. Pero todo en este momento todo es muy cambiante, por lo cual todo se puede modificar de acuerdo con las necesidades sanitarias. Esta muestra la presentamos con el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), gracias a un trabajo que hicimos con  la doctora  María Odarda.

-¿Y hasta cuándo va a permanecer abierta al público?

-En principio, durante todo abril, por supuesto con los protocolos de visita que impone la pandemia.

-¿Cuántas fotos se exponen?

-Van a ser 30 fotografías enmarcadas de la muestra más las gigantografías que hizo el Museo de la Democracia. Esta muestra ya estuvo en distintos centros de la Memoria y en la ex Esma y estuvo en otras oportunidades en Rosario, pero en otros formatos. Estuvo, por ejemplo, en el Museo de Arqueología y en el Museo de la Memoria. Es decir que es la tercera vez que se presenta en Rosario y la primera en el Museo Internacional de la Democracia. Pero siempre el formato de la muestra va cambiando. En algunas ocasiones estuvo acompañada de cuadros que nos han donado artistas que hicieron sobre la muestra misma. Entre esos artistas figura Duilio Pierri o Andrés Zerneri, que hizo el monumento de la Mujer Originaria. La muestra del Museo de la Memoria fue acompañada también con gigantografías de las salas que muestran los esqueletos de los prisioneros que estuvieron en el Museo de la Plata donde se los expuso en vitrinas. Reproducirlos en tamaño natural le dio una dimensión extraordinaria a la muestra. Todas las exposiciones que hicimos en Rosario fueron muy importantes. Solo fueron superadas por la de la ex Esma, pero todas tuvieron muy buena recepción de parte de la gente.

-¿Podrías referir brevemente lo que pasó en el Museo de la Plata con integrantes de los pueblos originarios?

-El museo de La Plata, tiene un origen geopolítico. Lo funda Francisco Pascasio Moreno, de la generación del 80, para legitimar el genocidio roquista. Dentro del guión museográfico  se postula entonces una espiral evolutiva que pasa por los dinosaurios que se extinguieron, la megafauna del cuaternario que se extinguió, los tatú mulita gigantes,  los gliptodontes. Esa espiral evolutiva pasaba por los pueblos originarios que, como parte de la evolución natural, se iban extinguiendo por su propia debilidad física. Es decir que se justificaba su extinción como algo natural ocultando el genocidio que estaba llevando a cabo Roca. Por eso no  solo son llevados al museo los vegetales, los minerales y los animales del Sur, sino también los hombres y mujeres que resistían el genocidio armas en mano como el cacique Inacayal.

-Es decir que aplicaban una suerte de darwinismo social.

-El darwinismo social de Spencer lo que plantea es la supervivencia del más apto. En este caso, aunque no se lo decía, estaba implícito que el más apto era el blanco, pero no lo decían directamente, sino que lo insertaban en una espiral evolutiva sin que hubiera interacción con el más apto, que sería para ellos el blanco. Era una especie de darwinismo social pero muy oculto. El perito Moreno era catastrofista. No adherían a la teoría evolucionista, sino a catástrofes como el Diluvio que habrían producido etapas geológicas diferentes. Muchas de estas catástrofes tenían que ver con el poder divino. Moreno se suma al darwinismo cuando Florentino Ameghino plantea el origen del hombre en Argentina. Es decir que el evolucionismo se suma por chauvinismo, por patrioterismo. Ellos hablaban siempre de la Nación Argentina, de la expansión territorial y de la consolidación de las fronteras interiores.  Las fronteras donde estaban los pueblos originarios se corren hasta ser las fronteras exteriores con Chile y en el norte, con la Campaña del Norte, con Paraguay.  Es decir que el perito Moreno es un darwinista tardío que se sube al error de Ameghino del origen del hombre en el Plata. Lo que se hace en realidad es naturalizar el exterminio.

-Se lo “biologiza”, ya no es político, sino biológico.

- Sí y de esta manera ocultan la acción del Estado roquista y así, en ese momento,  el Museo de la Plata se transforma en un faro del racismo. La imagen del salvaje primitivo que se extingue por su propia debilidad pone a los pueblos originarios en una escala inferior. Por eso también desnudan a sus integrantes, les sacan fotografías fuera del contexto social. Las fotos que estamos exponiendo revelan más del blanco que de los pueblos originarios. No nos enseñan nada de esos pueblos, nos enseñan la mirada del blanco. El valor de estas fotografías es que muestran a hombres, mujeres y niños en la etapa previa a su muerte. Estaban destinados por el perito Moreno a ser expuestos en una vitrina.

Allí terminan sus esqueletos y sus fotos en un costado. Algo perverso. Algunos investigadores hablan de la “cruel ironía” que se desarrolló en ese museo.

-En Prisioneros de la ciencia, la palabra “ciencia” hace ruido, porque se supone que la ciencia es absolutamente neutra, que no tiene ideología. Con ese título ustedes de alguna manera plantean que también en la ciencia juega la ideología.

-Siempre decimos que la mirada de la ciencia puede ser objetiva si se explicita dónde está uno parado. El perito Moreno parte del Positivismo y analiza las cosas desde allí, pero no lo especifica. Si lo especificara, se acercaría a una objetividad. Pero al decir que son neutrales, que no miran desde una posición determinada, nos están engañando. El investigador y la investigadora tienen una mirada política de la realidad. Además, hay un financiamiento y un destino de la ciencia. Cuando se estudia el coronavirus, por ejemplo, no se aplica una mirada ideológica, sino que se hace ciencia dura. Pero en la distribución de los datos obtenidos, en su uso, podemos ver la intencionalidad y la ideología que rige esa investigación. Toda investigación está impregnada por la ideología que la conduce. Nosotros no estamos en contra de la ciencia. Pero el perito Moreno era un pseudocientífico, no había estudiado, no había terminado siquiera el colegio secundario. Era un autodidacta, coleccionista de restos humanos. Eso se lo critican los mismos científicos de la época.  Nunca pisó una universidad, pero estaba apañado por Sarmiento y otros hombres del gobierno. Por  eso pudo ser el director del Museo de la Plata. Pero el concepto de prisioneros de la ciencia lo ampliamos a una temporalidad que va más allá de la  generación del 80. Hay científicos actuales que se niegan a reconocer a hombres y mujeres de los pueblos originarios como sujetos de derecho. En este caso, su derecho a ser enterrados según su cosmovisión.  A algunos se los identificó y se los restituyó a su pueblo. Pero hasta el momento de la restitución siguen siendo prisioneros de la ciencia.

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