Once días para saber cuánta nafta le queda a Boca

El equipo de Barros Schelotto carretea sobre el final de la temporada. Aún sin estrellarse, aparecen cortocircuitos entre el entrenador y el presidente Angelici.
6 de Mayo de 2018

El inicio de la Copa Libertadores, aquel empate sin goles el 1 de marzo ante Alianza Lima en Perú, fue la primera pérdida en el tanque de este Boca de Guillermo Barros Schelotto: el bingo fuel, ese término-aviso de los pilotos de aviones de guerra que alertaba a la base que el combustible era el mínimo para llegar a destino. Boca comparte ahora el liderazgo de la Superliga con Godoy Cruz, que creció en conjunto y con los goles del Morro García. Boca tiene el miércoles el partido pendiente ante Gimnasia. Boca podrá hoy ganarle a Unión en La Bombonera y asegurarse el primer puesto para salir campeón con un punto en el Bosque platense. Pero Boca, sobre todo, vive con lo justo. Y encima el 16 de mayo, a las 19:45, volverá a jugar, de local y para cerrar el grupo de la Copa Libertadores, ante Alianza Lima. Será el último partido del semestre. Aunque su suerte, ese día, estará en San Pablo, porque depende de que Junior no le gane a Palmeiras para pasar a los octavos de final. La Crisis de la Copa, agudizada por las lesiones y los bajos rendimientos de jugadores clave, dejó ver las hilachas del equipo y las incongruencias entre el entrenador y el presidente Daniel Angelici.

Desde ese partido en Perú, Boca jugó 13 partidos: ganó cuatro, empató cuatro y perdió cinco, lo que le significó el 41% de los puntos en juego (y una de las derrotas, pequeño detalle, fue por la Supercopa Argentina ante River). En los anteriores torneos largos, el de la temporada 2015 y el de la 2016/17, el valor agregado en los títulos de Boca fue la regularidad en las dos mitades en que se dividieron: en 2015, con Rodolfo Arruabarrena como entrenador, terminó segundo en ambas: fue campeón. En la 2016/17, primero y tercero: fue campeón. En este campeonato, es decir en la temporada 2017/18, primero y, ahora, se encuentra muy lejos de Godoy Cruz, que terminó en el puesto 12 la primera parte de la Superliga y que en esta segunda mitad está primero cómodo, recostado en un sillón a kilómetros del resto de los equipos, con el 85% de efectividad. La medianía de Godoy Cruz en el primer semestre, sin embargo, lo deja entregado a lo que puedan hacer los rivales de Boca en lo que resta de la Superliga: Unión, Gimnasia y Huracán (Godoy Cruz recibirá a Tigre en Mendoza en la última fecha, el fin de semana que viene).

En la tempestad, además, la relación entre Guillermo y Angelici entró en un momento de tirantez. Como antecedentes, el entrenador soportó que el presidente le trajese a jugadores que no quería o que no había pedido para reforzar el plantel –la vuelta de Tevez, Wanchope Ábila, Bebelo Reynoso– y que, en ese mismo movimiento, descartase el regreso de Ricardo Centurión y la contratación de Gustavo Gómez, el central que los mellizos llevaron de Libertad de Paraguay a Lanús. "Teníamos la chance de quedar afuera y no lo hicimos, y eso es bueno para Boca", sostuvo Guillermo después del 1-1 ante Junior en Barranquilla, el miércoles. "Me da bronca depender de otro resultado. Pensé que teníamos un plantel para no depender de nadie –retrucó Angelici en los micrófonos–. El bicampeonato es uno de los objetivos, uno de los más importantes. Todas las competencias son importantes para Boca. Pero sabemos que no se compara un torneo local con la Copa Libertadores".

En la cancha, mientras tanto, el colombiano Wilmar Barrios y Cristian Pavón ponen la cara por los jugadores. Son los más ovacionados cada vez que se repasa la formación en La Bombonera. Tevez le cedió la cinta a Pablo Pérez –el capitán que insultó a los propios hinchas en su casa– y el cuerpo parece pesarle, más allá de que cuando jugó como centrodelantero metió sus goles en el torneo y en la Libertadores. A veces, también, este Boca de final de semestre juega en una dimensión en la que los apuros y las patinadas son constantes. De igual modo, como los a la postre campeones San Lorenzo en 2014 y River en 2015, Boca puede clasificar en la última fecha de la zona de grupos de la Copa gracias a un resultado ajeno. Lo que es concreto: en once días, Boca puede llegar a ese escenario con un nuevo título local. Si no lo hace así, ya se habrá estrellado.

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