Peter Lanzani: "Descubrí en la actuación algo que me supera y me alivia"

Protagoniza la comedia de acción Solo se vive una vez, con Gérard Depardieu y Santiago Segura.
16 de Junio de 2017

Su primera aparición en una pantalla de tevé fue en el 2006 cuando ingresó al bendecido staff de Chiquititas sin fin. A partir de ese momento, Peter Lanzani tuvo un trabajo actoral siempre en crecimiento.

En la tevé, en los últimos años trabajó en La Leona, interpretando a un contrariado Brian Miller. Mientras tanto, fue el protagonista del film de Pablo Trapero, El Clan y también parte clave del elenco de Equus. Este año, lo encuentra nuevamente en esos tres espacios, donde se ganó a fuerza de trabajo y estudio un gran lugar.

Después de este recorrido, Lanzani llegó a su primer protagónico en una comedia de acción: Solo se vive una vez, que estrena el próximo jueves y donde compartió set de filmación con Pablo Rago, Darío Lopilato, China Suárez, Santiago Segura y Gérard Depardieu. La película cuenta la historia de Leo (Lanzani), un estafador que deberá asumir otra personalidad para huir de los sanguinarios Duges (Depardieu), López (Segura) y Harken (Silva).

–Llegaste a un primer protagónico y de comedia, ¿cómo viviste la experiencia?

–El protagónico se dice porque soy el que aparece más en la peli, pero sin una directora de arte, un foquista, un cámara, un sonidista no puedo hacer mi trabajo. Es un laburo en equipo, de otro modo es imposible de sostener. Puede pasar que yo un día esté todo caído y viene el foquista y me levanta el ánimo y la energía, a eso me refiero. Cada laburo personal depende del otro, entonces deja de ser personal, en el cine si no trabajás en equipo no llegás a ningún lado.

–¿Cómo preparaste a Leo, el personaje de esta película?

–Hicimos mucho laburo con Fede Cuevas, el director. Leímos varias veces el guión y ensayamos con Darío (Lopilato) y Pablo (Rago) para encontrar el tono que queríamos usar en la comedia, además, como no había dobles de riesgos, también teníamos que ensayar mucho porque se filmó en seis o siete semanas que es poco tiempo, así que teníamos que llegar bien al set. Éramos cuatro tratando de contar todo, hacíamos planos de todos lados, contábamos bien lo que queríamos y teníamos más momentos de explosión. Fue un laburo muy bien organizado en equipo.

–Eso por parte del elenco, ¿cómo es internamente tu preparación?

–Depende del personaje. En el caso del drama, quizá lleva un laburo más denso. Cuando tengo un personaje escribo monólogos y soliloquios porque es para mí una manera de entrar desde el personaje al personaje, ya sea defendiéndolo o justificándolo. Trato de entender qué y cómo se quiere contar porque la actuación no deja de ser una interpretación de lo que quiere un guión o un director. Entonces es una manipulación hacia el público. Por eso mismo, si sabés lo que le pasa al personaje no podés adelantarlo en las escenas anteriores, tenés que manejar el texto lo mejor posible para que la historia se cuente. En este film, tenía que hacer ese arco dramático del antihéroe al héroe en acción que no es nada sencillo.

–Hay como una ansiedad por los desafíos, ¿por qué?

–Descubrí en la actuación algo que me supera y me alivia día a día. Hubo una transición donde me di cuenta que había un montón de mundos a recorrer. Es esta una profesión donde uno no puede llegar a un punto sino que se puede crecer todos los días, no hay dónde llegar. Disfruto de lo que hago, me encanta componer personaje porque siento que en el desafío está el crecimiento. Trato de encontrar algo diferente o algo que sea imposible para hacer. De repente le cuento a un amigo que quiero hacer algo diferente y me dicen "¡estás loco! ¿para qué?". Y a mí también me pasa, que voy emocionado a hacer algo y una semana antes del estreno, en el teatro por ejemplo, me digo "¿para qué me meto acá, solo, si nadie me obliga a nada?". Pero ahí está el crecimiento y el atrevimiento, porque si el laburo está bien o mal hecho es crecimiento y uno aprenderá de los errores y las virtudes. Es una profesión que a mí me apasiona y trato de crecer, más a mis 26 años y teniendo la posibilidad de ya sea cine, teatro, o miniseries. Es seguir creciendo y aprovechando las oportunidades que uno va teniendo porque es un laburo que depende de un montón de cosas. Siempre tiene que haber una pizca de suerte, en la vida. Si está la pizca y no sabés cómo moverte, perdés la oportunidad.

–¿En qué ves tu crecimiento desde que comenzaste?

–Lo que más me gusta es haber encontrado adónde tengo que llegar para contar la historia. Así como fui a lo largo de mi trabajo de actor, encontrando proyecto a proyecto las ganas y el amor con el que trato de hacer las cosas. Eso me parece que es un terreno ganadísimo, porque si no hay amor y no hay pasión ni ganas, no hay nada. Es difícil encontrar el crecimiento, ¿dónde está?. Siento que voy creciendo proyecto a proyecto, tanto en cine como en teatro o en televisión, sin guardarme nada. Y ahí surgen los tonos que tenés, cómo querés contar cada cosa, de qué manera querés componer el personaje. Un poco ese torbellino en el que te metés va para adelante y así recorrés terrenos y los entendés. Crecer es ilimitado. Es muy difícil ver adonde estás parado, pero creo que mientras más te perdés en ver donde estás parado, crecés menos. Mientras no haya tope estoy parado en un lugar y voy a otro y luego a otro, es un desafío todos los días.

–¿Tuviste momentos de sufrimiento dentro de la carrera?

–Sí, de cansancio y de cosas que uno personalmente tiene que resignar. De más chico, por ejemplo, pasaba que mis amigos se iban de gira de rugby a Sudáfrica, y yo me tenía que quedar a laburar, a hacer funciones Hoy lo agradezco, pero me hubiera gustado mucho vivir esas experiencias. Es un amor-odio constante. Como el Gato Gaudio cuando le preguntaban "cuál es tu deporte favorito" y respondía el tenis, "y el que más odiás" y respondía "el tenis". «

Trabajar para disfrutar: la construcción de Leo

Lanzani, cuando pensó en Leo, su personaje, buscó los diferentes planos que tenía desde lo actoral y sus posiblidades para encararlo. "Es un chico que está solo, no tiene padres y lo que le queda es el hermano. Es loco el tránsito de Leonardo y lo tenía que hacer gracioso. Él entra a una comunidad de judíos ortodoxos para salvarse. La paradoja: a un pibe que tiene orientación católica la otra comunidad es la que le enseña qué hacer de su vida. Más unión que eso no existe. Fue lindo poder interpretarlo así y que el personaje haya fluido. Cuando la vi me gustó mucho que se entienda el personaje, ahora depende de que le guste a la gente. Así estará el que viene a morirse de risa y estará el técnico de cine que le busca el pelo al huevo absolutamente a todo. Allá cada uno. Nosotros estamos felices y disfrutamos a pleno de hacerlo", finaliza.

Otro paso teatral

Lanzani también es el protagonista de El Emperador Gynt, basada en el Peer Gynt de Henrik Ibsen, y le da vida a 14 personajes, mientras una pianista lo acompaña con la música de Edvard Grieg.
Esta tragicomedia se centra en Pedro Gynt, quien viaja a través de sus fantasías para concluir sus días tratando de convencer al Fundidor de Almas que "ha sido él mismo" toda la vida y no un desecho de la existencia humana. "Es un unipersonal con 14 personajes, que dura casi dos horas", cuenta entusiasmado Lanzani.

"El teatro es hermoso. Tenés que llegar en cada función a tocar nuevamente esos puntos de emoción del primer encuentro con la obra. Es un desafío día a día y a su vez un entrenamiento puro. Te puede llegar a cansar y hasta a aburrir, yo arranqué hace poquito y lo estoy disfrutando mucho. El teatro para el actor es muy movilizante, hace encauzar las emociones y te lleva adonde tiene que llevarte", puntualiza.

El emperador Gynt es una adaptación de Franklin Caicedo y Lito Cruz con dirección de Julio Panno y está en cartel en el Centro Cultural San Martín los martes a las 21, y se agregarán funciones los domingos a las 19:30 hs. a partir del 25 de junio.

El conductor del film

Federico Cueva, el director de Solo se vive una vez, tiene un recorrido extenso en la cinematografía. Trabajó al lado del argentino Fabián Bielinski y de Juan José Campanella. Fuera de los límites de la Argentina, Cueva lo hizo junto con Alex de la Iglesia para las sagas de Torrente y fue esa misma productora la que lo convocó para que comande el film que se estrenará esta semana.

"Esta película estaba en producción y me propusieron dirigirla. Para mí fue una gran alegría", dice Cueva.

"Tengo 30 años de cine, pero por primera vez dirijo, y me tocó un staff con un excelente nivel de actores", afirma. "La base firme fueron los ensayos, casi de cada escena, porque había que encontrar el tono adecuado –subraya–. Hay mucha diferencia entre el tono de comedia español y el argentino, y acá se mezcla toda una parafernalia visual que colabora para que funcione. Las comedias españolas tienen un tono más ficticio, en cambio el argentino es más realista. Teníamos que condensar eso".

Acerca del trabajo con Segura y Gerard Depardieu, expresó: "Para mí fue como trabajar con un pedazo de la historia del cine".

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