Rengos, pero futbolistas

En el regreso de La Renga a los escenarios de la Capital Federal, jugadores cuentan su pasión por la banda de Mataderos y algunas de las locuras que hicieron para cambiar las canchas por los shows.
2 de agosto de 2017

Después de diez años de exilio roncanrolero, La Renga volvió a presentarse en su pago: la Capital Federal. La cancha de Huracán recibió el sábado la furia de la bestia rock y hará otros tres shows, en una seguidilla que servirá para canalizar la demanda de los miles de fanáticos porteños que no pudieron seguir a la banda por el Interior del país en esta década. Entre ellos, hay muchos futbolistas que aprovechan que el campeonato aun no arrancó para hacer lo que la distancia y la competencia les impidió tantas otras veces: ir a ver a La Renga.

El mediocampista de Racing Federico Vismara, uno de los colgados por Diego Cocca para esta temporada, estará en Huracán. Sin partidos, le será más fácil que en otras ocasiones reencontrarse con el Chizzo. Entre los malabares que hizo a lo largo de su carrera para poder estar en un show, recuerda uno de cuando aun jugaba en Cremería de Caracarañá: “Jugábamos el clásico del pueblo contra Campaña, yo tenía 16 años. Íbamos ganando 3 a 0 –cuenta el ex volante de Central y Chacarita- y le pedí al técnico que me sacara. Mis amigos desde afuera le empezaron a gritar que me saque. Teníamos dos horas y media de viaje hasta El Trébol, donde tocaban. Por suerte me sacó media hora antes, salimos a eso de las 18 en un auto y llegamos bien”. Fernando Belluschi, que lleva un tatuaje de La Renga en su pierna derecha, también asistirá al Palacio Ducó: “Hace mucho que no veo un show así, no me lo quiero perder”.

El Palacio Ducó no es un lugar más para la banda: allí grabaron un disco en vivo en 2001 y también un DVD en 2005. Además dos de sus integrantes son hinchas del Globo. Es que el fútbol y La Renga caminaron de la mano durante toda la década del 90, cuando la cultura futbolera de tablón se trasladó a la mayoría de los recitales. Eran los años en que la banda de Mataderos empezaba a ganar masividad. “La única vez que me escapé de una concentración fue para ver a La Renga, en Atlanta, cuando presentaba el disco La Estrella. Compré la entrada con anticipación cuando jugaba en Los Andes, porque se jugaba siempre los sábados a la tarde. Había un solo partido los domingos a las 11. ¡Y le viene a tocar justo a Los Andes! Igual al otro día jugué lo más bien”, cuenta Héctor Bracamonte, autor de goles con la camiseta de Boca y de canciones con su guitarra.

Adrián González, ex lateral de San Lorenzo y San Pablo, no podrá estar en Parque Patricios: es parte del cuerpo técnico de Belgrano de Córdoba y la responsabilidad es otra. “De jugador hacía lo posible para ir a los recitales. Ahora con el cuerpo técnico es otra cosa. Cuando dejé el fútbol mi terapia fue juntarme con amigos de toda la vida y armamos una banda de caraduras. Tengo puás de La Renga, de Los Redondos y de Las Pelotas que me quedaron de los recitales de los 90. Ahora con el cuerpo técnico es imposible ensayar e ir a ver a las bandas”, explica el ayudante de Sebastián Méndez.

Si de futbolistas fanáticos de La Renga se trata, Emiliano Armenteros es quizá su máximo exponente. El zurdo que juega en Santos Laguna y fue campeón del Mundial Sub 20 en 2005 con Lionel Messi no podrá estar en estos shows de Huracán porque en México ya arrancó el campeonato. Si estará su hermana, su papá y se dará el debut renguero de su madre. “Mi primer recital fue en diciembre de 2006 en el estadio mundialista de Mar del Plata, con una tormenta tremenda. Estaba de vacaciones y con mi esposa adelantamos la vuelta para poder estar en el show. Es el día de hoy que me lo echa en cara”, se presenta el ex Independiente, que pasó su luna de miel en Ruca Che, Neuquén, sin su esposa pero con La Renga: “Programamos el casamiento en el receso, pero la luna de miel estaba a la espera porque no se sabía en qué club iba a jugar. Así que llamé a mi representante a ver si en ese fin de semana iba a haber novedades. Me dijo que no. Era viernes a las 19. Miré los vuelos y saqué un avión de ida para el sábado al mediodía y la vuelta para el domingo a la tarde. Me ví el show y me volví”.

No fue la única locura que hizo para escucharlos: “En septiembre de 2008 tuvieron una gira por España, en Madrid y Barcelona. Yo jugaba en Sevilla. Como hicieron shows entre semana, me pude hacer las escapadas aunque había entrenamientos. Terminé de entrenar, hicimos el almuerzo con el equipo en el club y le comenté al delegado del equipo que tenía un vuelo y que me tenía que ir. Mi esposa me llevó al aeropuerto y al otro día me fue a buscar a las 6 AM para llevarme al entrenamiento”. Armenteros tiene anotados todos los shows de La Renga a los que fue, siempre con la misma camiseta: una roja con la estrella negra.

El arquero Cristian Campestrini quedó libre del Pachuca de México y está en el país a la espera de firmar contrato con algún club. Rosario Central y Huracán son dos de las posibilidades. “Si llego a Huracán voy a tener más chances de ir a ver a la Renga”, bromeó hace unos días el ex Arsenal, que cuenta que hace mucho no ve a la banda en vivo y por eso está expectante con este regreso a Buenos Aires. Para Leonardo Di Lorenzo, volante de Temperley, los entrenamientos, las pretemporadas y los partidos vuelven complicada su presencia en los recitales. No ve a La Renga desde 2007, la última vez que se presentó en Capital, cuando tocó en el Autódromo de Lugano. Este sábado el Celeste viaja a Córdoba para realizar la pretemporada, lo que arruina las chances de Di Lorenzo. Aunque el zurdo ya tiene un antecedente en el estadio de Huracán viendo a La Renga: “Era 2001, yo ya entraba con Primera. Ese día jugué en Reserva y cuando terminó el partido me bañé y me fui volando al recital. No me quedé a ver a la Primera y me fui corriendo desde San Lorenzo a Huracán”.

Acaso buena parte de la popularidad de La Renga se deba a la autenticidad del Chizzo, el Tete y el Tanque. El trío no acostumbra a dar notas ni a mostrarse y se mueve en el mismo círculo de siempre. Algunos futbolistas han tenido el privilegio de conocerlos. El ex delantero de Boca y Vélez Fernando “Rifle” Pandolfi anduvo cerca del ambiente del rock. Llegó a tocar con Los Piojos y recuerda los shows de La Renga en Obras y el estadio cubierto de Gimnasia de La Plata. “Mi prima salía con el primo de Tete cuando recién aparecía el cassette de Esquivando Charcos. Tenía 16 años yo. Lo escuchaba –cuenta Pandolfi- pero al poco tiempo me enteré que eran recontra famosos. En mi primera pretemporada salió Bailando en una pata y lo escuchábamos a full. Tenía buena onda con ellos porque me los crucé en la sala de Los Piojos algunas veces”. Vismara también los conoció cuando jugaba en Huracán: “Fui a los ensayos, compartimos un momento muy lindo, me trataron muy bien y quedó muy buena relación. Fue emocionante, de verlos de chiquito a tenerlos en frente te inhibe”.

Para Armenteros, que tiene un tatuaje de La Renga y el nombre de sus hijos acompañado por una frase de una canción, fue más difícil poder conocerlos. Vecino de Luis Guillón, donde La Renga tiene una quinta con su estudio, un amigo le había pasado el dato de dónde vivía Chizzo. “Un día me mandé de caradura, agarré el auto y me fui. Llegué a la casa y empecé a golpear la puerta. No salía nadie. Se me ocurrió escribir una cartita. Le puse mi nombre, que era de la zona, que quería conocerlos y que iba a seguir insistiendo”. Unos meses después, se acercó a la quinta. Y ahí sí los cruzó: “Les llevé una camiseta de cuando había jugado el Mundial Sub 20 con la Selección, me hicieron pasar y estuvimos un rato en el quincho. Cada vez que voy a Argentina trato de pasar por la quinta a saludar.”.

El regreso de La Renga a la Capital será en Huracán, uno de los estadios de fútbol más emblemáticos de la ciudad. La pelota, ya se dijo, estará presente. No es casualidad. La propia banda lo admitía en una entrevista con La García, en 1999: “Nosotros fuimos de los primeros que estuvimos en esta movida por la cual se empezó a identificar al rock con el futbol. Antes no pasaba esto. Ahora es muy común, pero cuando nosotros empezamos a tocar, el rock y el fútbol eran medio como el agua y el aceite”.

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