Condenaron a los prefectos que torturaron a dos jóvenes de La Poderosa

Los seis acusados recibieron penas que van de los ocho años a los diez años de prisión por tortura, privación ilegal de la libertad y robo agravado. Antes de conocerse el fallo, los acusados reconocieron las torturas y pidieron disculpas pero o fue suficiente para el tribunal. 

21 de septiembre de 2018

A más de cuatro meses del inicio del proceso oral, el Tribunal Oral Criminal Nº 9 condenó a los seis ex prefectos acusados de torturar a Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moy, dos jóvenes de La Poderosa que viven en la Villa 21-24. Las penas van desde los 8 años y 11 meses de prisión a los 10 años y medio. Los condenados, que poco antes de la lectura de la sentencia se mostraron arrepentidos, seguirán presos.

Todos los sospechosos fueron encontrados autores de los delitos de imposición de torturas, privación ilegítima de la libertad, lesiones leves, robo agravado y calificado por uso de armas de fuego y por haber sido cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad. Leandro Antúnez, Orlando Benítez y Osvaldo Ertel recibieron 10 años y medio de cárcel; mientras que Eduardo Sandoval, Yamil Marsilli y Ramón F. Falcón fueron sentenciados a 8 años y 11 meses.

A pesar de que la querella, a cargo de los abogados Gabriela Carpinetti y el abogado Nahuel Berguier y un equipo de letrados del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), junto con la Fiscalía habían pedido condenas de hasta 18 años de prisión, se mostraron conformes con la sentencia cuya lectura de los fundamentos se conocerá recién el 22 de octubre.

Iván, una de las víctimas, se mostró satisfecho: “Me siento mucho más tranquilo, porque hoy empieza a borrarse un nudo en la panza que llevo desde hace dos años. Ojalá que este fallo influya en el barrio para que las Fuerzas de Seguridad se den cuenta de que a los pibes de las villas sí nos reclaman. Y que no tienen que pisotearnos, Nunca Más".

Desde temprano, la plaza frente a Tribunales se llenó de jóvenes de la Poderosa con remeras rojas y de dirigentes y referentes políticos como Nora Cortiñas, de Madres Líneas Fundadora, el diputado Leo Grosso y la abogada Elizabeth Gómez Alcorta.

Cerca de las 11, en el Salón de Derechos Humanos de la planta baja del Palacio de Justicia, Talcahuano 550, comenzó la audiencia con el lugar repleto de familiares y representantes de organismos de Derechos Humanos. En ese momento, los imputados tuvieron la oportunidad de dar sus últimas palabras: todos hicieron uso de este derecho excepto Marsilli.

El primero en hablar fue Antúnez: “No me considero un torturador. Cometí un grave error, lo reconozco. Me alejé por esto de mi trabajo, de mi familia, la vida que tenía. Tengan consideración. Estoy arrepentido de las acciones que tomé, les pido disculpas a las víctimas. Reconozco mi error. Quiero tener la oportunidad de volver a estar con mi familia”, señaló.

Sandoval, por su parte, señaló que tenía una hija de 1 año y 4 meses a la que aún no había podido conocer. “Entré en la Fuerza para tener un futuro mejor. Jamás estuve en El Riachuelo. Quiero volver a estar con mi familia, el tiempo no lo voy a recuperar. No soy un torturador ni un delincuente”, concluyó.

“Se me acusa de cosas que no he cometido”, se atajó Ertel, quien agregó: “No estuve en el lugar adecuado, ni a la hora justa ni el día. Yo no llevé a nadie ni torturé a nadie. Me acerqué y me alejé. Es una falta no haberlo denunciado pero no era mi procedimiento. No somos una banda de golpeadores”. Entre orden, el ex prefecto, justificó que “fue un hecho al voleo, de pasada, los vieron robando y actuaron. Somos seres humanos. No estamos exentos de errores, ya se leves o graves. Les pido disculpas”.

“Me encuentro arrepentido por todo lo que pasaron. Les quiero pedir disculpas a Ivan y Ezequiel. Quiero estrecharles la mano”, les pidió Falcón a los jueces los jueces Fernando Ramírez, Jorge Gettas y Ana Dieta de Herrero, quienes terminaron por retarlo. “No soy delincuente”, cerró el ex prefecto.

Benítez también pidió disculpas. “Sé que cometimos errores. Nos podemos equivocar. Espero que los chicos sepan perdonar. Mis padres me enseñaron valores y siento que los defraudé. No somos torturadores. Siempre fui una persona de bien, de ayudar”, concluyó.

Luego, los jueces dictaron un cuarto intermedio y la audiencia se reanudó a las 15. Apenas se conoció el fallo, Iván y Ezequiel, adentro de la sala, se fundieron en un abrazo. Al mismo tiempo, los manifestantes en la calle celebraron las condenas con cánticos del tipo: "A nuestros pibes no tocan más, Patricia Bulrrich va a tener que renunciar".

El caso

La noche del 24 de septiembre de 2016, Iván y Ezequiel fueron detenidos sin justificación por prefectos en la villa 21-24 de Barracas. "Aquel 24 de septiembre que ojalá termine hoy, nos detuvieron, nos pegaron, nos secuestraron y nos llevaron hasta la vera del Riachuelo, junto a mi amigo Ezequiel, donde nos torturaron de las maneras más perversas. Incluido un simulacro de fusilamiento, un disparo que dio largada a las amenazas, las persecuciones y el desgastante camino judicial que hoy debiera mandar a la cárcel por muchos años a los seis prefectos que nos arruinaron la vida", relató Iván Navarro en un texto publicado este viernes por la Garganta Poderosa titulado 'La doctrina torturar'.

"“Griten, total nadie los va a reclamar”, nos dijeron antes de hacernos rezar, porque nos iban a matar, creyendo que no teníamos familia, ni amigos, ¡ni tantos vecinos empoderados en esta organización que nos aguanta el corazón! Nunca nos trataron como queremos, ni con un debido proceso, ni como plantas, sino como cosas... Hoy sabrán que tenemos todo eso. Y gargantas, poderosas", concluyó el joven.

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