Seis escuelas sin clases ilustran el deterioro de la educación pública porteña

Escapes de gas, falta de suministro de luz y agua, inundación cloacal e invasión de ratas dibujan el panorama crítico de la infraestructura escolar en el distrito más rico del país.
30 de Junio de 2019

Los alumnos de la Escuela de Educación Media N° 6 del Distrito Escolar 1 "Padre Carlos Mugica", a metros de la Terminal de Retiro, no tienen clases porque no hay gas. Que el agua de las canillas saliera negra era una molestia extra. El Centro Educativo Isauro Arancibia, para chicos, jóvenes y adultos en situación de calle, reconstruido e inaugurado a principios de este año, se inundó, con el consecuente peligro eléctrico, luego de un fin de semana de fuertes lluvias. Docentes y alumnos del Normal 4 y del Liceo 2, en el barrio de Caballito, cortaron esta semana la calle, hartos de convivir con ratas. Apenas tres ejemplos de una lista larga que desnuda que la escuela pública –otrora orgullo de los porteños– está abandonada a su suerte.

"Esto es producto de once años de baja del presupuesto educativo. Cuando Mauricio Macri asumió como jefe de Gobierno, el presupuesto era del 28%; hoy es del 17 por ciento. Bajan un punto del presupuesto por año. Eso quiere decir que si siguen 17 años más en el poder, el presupuesto va a ser directamente cero", se permite bromear, o no, Eduardo López, secretario general de UTE-Ctera.

Para López, esta reducción permanente de las partidas genera tres carencias: baja salarial, falta de vacantes y problemas de infraestructura. "Las escuelas se están cayendo a pedazos y a los docentes nos están arrinconando para que hablemos de ratas, de comida y de techos que se caen. Tenemos que volver a hablar de las netbooks, de matemáticas, de lengua, de arte. A las escuelas se va a estudiar".

Un modelo del deterioro es el "nuevo" Isauro Arancibia. Luego de un par de días con lluvias constantes, el edificio colapsó: el SUM, el comedor y las aulas de la planta baja y el subsuelo se inundaron; el agua también se estancó en algunos techos y el sistema eléctrico se convirtió en una amenaza a la vida alumnos, docentes y trabajadores.

"Hay un abandono del Estado, aunque tal vez no sea correcto hablar exactamente de abandono y sí de una presencia perversa con el objetivo claro de destruir la educación pública", reflexiona Alejandra Bonato, secretaria de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CyMAT) de UTE.

"Lo que está pasando –continúa– es que el gobierno porteño ha dedicado el presupuesto a los edificios nuevos, un total de 54, pero en realidad sólo son ocho las escuelas nuevas, que encima están mal hechas por el apuro de inaugurarlas para la foto. El tema de las ratas, por ejemplo, no depende de la Dirección General de Mantenimiento Escolar, sino que directamente es un problema de falta de inversión en Ambiente y Espacio Público: la ciudad está dada vuelta, tenemos una infestación de ratas como no teníamos desde la época en que se construyó el Abasto", agrega Bonato.

Lo destinado para el área educativa en este año representa el 17,3 % del total del presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires. En 2001 era –según un estudio del CESBA– el 30% de la inversión porteña. Por si quedan dudas sobre las prioridades de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, basta con saber que su administración destinará 283 millones de pesos más en la creación de comisarías que a la construcción de escuelas o, si se prefiere, que gastará en veredas el doble que en educación ($ 2218 millones contra $ 1180 millones).

"¿Larreta y Soledad Acuña (su ministra de Educación e Innovación) están al tanto de lo que pasa en las escuelas públicas de la Ciudad? El estado de precariedad y abandono al que someten a toda la comunidad educativa es escandaloso. ¿Hay algún tipo de respuesta para las familias, docentes y alumnos que concurren a estos establecimientos?", se preguntó en Twitter esta semana la legisladora porteña por Unidad Ciudadana, Paula Penacca, y acompañó la crítica con un listado de establecimientos cerrados por falta de gas, filtraciones de agua o invasión de ratas.

En total, seis escuelas públicas porteñas no tuvieron clases esta semana. En la Escuela N° 8 DE 10 "Julio A. Roca" hubo "inundación cloacal"; en el Lenguas Vivas, tres días sin chicos en las aulas por un escape de monóxido de carbono. En el CECEP 19 de Caseros al 4000 y en la N° 26 del Distrito Escolar 6 de Garay al 3900 no hubo ni luz ni agua.

"Nunca fue así en la Ciudad –concluye López–, pero la ciudadanía no naturaliza la precarización presupuestaria del gobierno. En el verano quisieron cerrar escuelas, pero no pudieron. Entonces ahora las quieren precarizar, pero tampoco se lo vamos a permitir". «

Primera concesión a privados en el Ecoparque

La privatización de los edificios históricos del Zoológico porteño comenzó esta semana con la concesión por diez años de la llamada "Casita Bagley", una construcción de principios del siglo XX que albergará una sucursal de la confitería Croque Madame. El canon mensual que pagará la firma Sabor Francés SRL por explotar el predio de 76 m2 cubiertos en tres plantas y otros 171 m2 de espacio circundante se fijó en 51.300 pesos, es decir, poco más de $ 200 el metro cuadrado, la mitad del costo de un alquiler en la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires.

De este modo, el ex Zoo, ahora Ecoparque, inicia el proceso de privatizaciones habilitado por una ley votada en la Legislatura porteña en septiembre del año pasado, que involucra un total de 15 espacios arquitectónicos de valor patrimonial, entre ellos la Casa de los Osos, el Templo Hindú de los Elefantes, la Fosa de los Leones y la Condorera. El dinero que se reúna por las concesiones, que se extenderán por 10, 15 y 20 años, debe destinarse a la reconversión del predio en un Ecoparque interactivo.

La ley prevé que sólo puedan explotarse los espacios una vez que sean liberados y/o derivados los animales que los habitaban. Según un relevamiento de la agrupación SinZoo, que recorrió el Ecoparque a fines de mayo, todavía quedan muchos, viviendo en las mismas pésimas condiciones que había en la anterior concesión, si bien varios ya fueron llevados a santuarios y no pocos terminaron, paradójicamente, en otros zoológicos. «

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