Símbolo de una generación; por Marcelo Schapces

Columna de opinión.
21 de Octubre de 2017

Haber sido el último director de Federico es algo que ahora redimensiono. Fue un tipo al que admiré durante 40 años y que conocí durante los últimos tres, al punto de hacernos amigos. 

Creo que fue un actor central para el cine argentino, fundamentalmente porque trabajó con la verdad. Sus personajes quedaron sin duda alguna en la historia del cine. 

Era un tipo que para muchos fue un patriarca y en lo particular fue como una especie de Vincent Price, más allá de lo poco que trabajó en el cine fantástico. 

Su presencia durante el set de filmación de Necronomicón era comparable a la de un ícono, porque hizo más de cien películas. 

Estaba sin duda destinado para ser lo que fue en el cine y es algo que ya se nota en una de sus primeras películas como El romance del Aniceto y la Francisca y que continuaría con películas gigantes como Plata Dulce, Tiempo de revancha, Martín (Hache) y docenas más. Es que sus personajes crearon una escuela cultural en nuestro cine y que sólo podemos encontrar en gente como Alfredo Alcón, Héctor Alterio o Luis Brandoni. Todos ellos son parte de una generación de oro que en el caso de Federico comienza a despedirse. «

*Director

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