Snowpiercer: la lucha de clases sobre un tren que nunca se detiene

La flamante serie de Netflix es una adaptación de la película del mismo nombre del director surcoreano Bong Joon-ho, ganador del Oscar por Parasite. Una distopía audaz y con final abierto.

31 de mayo de 2020

La nueva propuesta de TNT, que se puede ver por Netflix, retoma una historia que el cineasta surcoreano Bong Joon-ho desarrolló en la película del mismo nombre en 2013 y como productor ejecutivo la transforma en una serie distópica con capítulos semanales. Asimismo, se trata de una adaptación del cómic francés "Le Transperceneige", creado por Jacques Lob y Jean-Marc Rochette en 1982.

El Snowpiercer es un tren construido por la misteriosa empresa Wilford ante el congelamiento de la tierra y la imposibilidad de habitarla. El tren de mil y un vagones no para su marcha alrededor del mundo y hospeda a los sobrevivientes de un modelo social que ya no existe pero que se recrea en su interior. Hace siete años, cuando se congeló la Tierra, los ricos se escaparon en el tren como símbolo de arca y los más desfavorecidos lucharon para entrar dejando a muchos en el camino. La cotidianidad transcurre acondicionada con los servicios, seguridad y lujos que disfruta la clase acomodada de los primeros vagones y con las sobras, humillaciones y castigos para las clases más bajas de la cola del tren.

En principio, la historia se cuenta desde el polifacético personaje de Melanie Cavill (Jennifer Connelly), una pasajera de los primeros vagones que es a la vez la voz del tren por altoparlantes y que se relaciona de algún modo con los más desfavorecidos. Andre Layton (Daveed Diggs) es un pasajero de la cola de la formación que se presenta como valiente al enfrentar al poder y desde allí oficiar como líder de su grupo. El punto de giro del relato se encuentra cuando quienes gestionan el tren lo van a buscar en el lote de los últimos vagones, ya que anteriormente trabajaba como detective de homicidios. Es entonces cuando le proponen investigar un caso que sucedió en el interior del tren y que tiene conexión con otro de hace unos años. Layton pone sus condiciones y acepta la propuesta. Comienza a transitar los vagones tomando testimonio a posibles sospechosos y descubriendo pistas del caso. En la cola del tren conviven sus amigos: adultos mayores, niños, hombres y mujeres de mediana edad a los que se les prohíbe el derecho a la reproducción y comen las menguadas porciones que le llevan cada día. La estética de los vagones representa el tenor ideológico, mientras el color y la música pueden percibirse en los vagones de adelante con ventana al mundo, los de atrás conviven con la oscuridad de sus harapos y carencias, donde el brillo del sol es un lujo del pasado.


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Toda distopía nos propone transportarnos a un mundo ficticio, muchas veces futuro, donde la humanidad vive sus horas más oscuras. Un post apocalipsis donde unos luchan por los medios básicos de subsistencia mientras otros detentan el poder en medio de los excesos. En "Snowpiercer" la lucha de clases es manifiesta y no se oculta tras metáforas rebuscadas más que la horizontalidad y la progresión en el posible avance social que supondría el salto hacia adelante entre vagones. El propio Bong Joon-ho trabajó también la metáfora espacial en cada escena de la multipremiada "Parasite", cuando las clases son presentadas desde la clásica idea vertical de los de arriba y los de abajo.

Las distopías, en definitiva, tratan sobre el poder, el ejercicio visible y solapado, y con esto focaliza sobre la hegemonía y los confusos límites entre consenso y coerción. Allí tiene mucho sentido el misterio sobre quién es el señor o la señora Wilford. Asimismo, en todo momento nos cuenta una historia de supervivencia, de lucha, de resistencia y de la remota posibilidad de cambio que motoriza el relato. En este escenario, en el Snowpiercer, como en la sociedad capitalista, conviven las clases sociales en tensión y negociación constante. El diseño del tren por parte de Wilford prevé la estratificación en la arquitectura y las inevitables costumbres en común cuando ambos saben la existencia del otro, en términos de amenaza, aspiración y pánico.

Con diez capítulos de una hora y el estreno de uno por semana, la historia avanza hacia un final inesperado y promete tensión en cada entrega. Se asienta en buenas actuaciones, efectos visuales y espectacularidad desde el comienzo. La garantía es uno de los creadores de historias más importantes de la actualidad, ganador del premio Oscar y del reconocimiento de las audiencias, un sociólogo contemporáneo que elige el cine como lenguaje para dejar perplejos a los espectadores y hacerlos pensar.


Snowpiercer

Productores ejecutivos: Bong Joon-ho, Dooho Choi. Directores: Fred Toye, James Hawes, Sam Miller, Helen Shaver y Everardo Gout. Disponible en Netflix.



Tres distopías futuristas

The Feed (Amazon Prime Video)

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Londres en un futuro próximo. Lawrence Hatfield inventó una tecnología omnipresente llamada The Feed, que implantada en el cerebro de casi todo el mundo, permite a las personas compartir información, emociones y recuerdos al instante. El problema es cuando The Feed falla y las personas se comportan de un modo disfuncional al pensado. Es una serie dentro del género del thriller psicológico, entretenida para los amantes de las tecnologías, que a otros puede resultar un poco larga.

Omnisciente (Netflix)

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Todos los habitantes de una ciudad brasileña son vigilados las 24 horas del día por un dron personalizado que guarda registro de todo lo que hacen. Desde allí son analizadas sus conductas y castigados si se salen de la norma. Interesante propuesta cuando apela al subgénero de la distopía, poco explorado en Latinoamérica. Con nula promoción y críticas adversas, recurre a algunas ideas que ya se vieron sobre el conspirativo debate sobre privacidad y seguridad, con novedades y suspenso.


Upload (Amazon Prime Video)

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En un escenario futurista hiper tecnologizado, se plantea esta comedia donde un joven desarrollador de aplicaciones tiene un accidente y debe decidir entre ser operado o pasar a otra vida. El escenario de paraíso artificial gestionado por una empresa mostrará las propuestas y dinámicas del mercado para quienes tengan acceso a una eternidad o no. Asimismo, se abre una dimensión de comedia romántica entre los protagonistas y otra policial cuando emprenden dilucidar un caso que los afecta.

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