Solo en 2016, el Estado transfirió $ 43 mil millones a las productoras de gas

A la par, las petroleras recibieron U$S 6500 millones gracias al Plan Barril Criollo, que subsidia el precio de la unidad de ese combustible. Ninguno de los dos planes logró aumentar la producción de combustible.
26 de Junio de 2017

La contracara del ajuste tarifario que sacude a la mayoría de los argentinos muestra a las empresas energéticas como notables beneficiarias de la política del gobierno nacional.

La administración de Mauricio Macri transfirió $ 43 mil millones a compañías productoras de gas solo en 2016 en el marco del Plan Gas pero la cifra asciende a $ 72.500 millones si se cuentan los últimos tres años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que lanzó oficialmente el plan en 2013.

Así lo consignó el economista Alejandro Einstoss, director del Centro de Estudios de la regulación Económica de los Servicios Públicos (Ceres), que pertenece a la UB. Eintoss citó datos del Ministerio de Energía, la autoridad que administra el Plan Gas en la actualidad, sobre la base de las declaraciones juradas de las empresas del sector.

El licenciado de la UB cargó en el mismo sentido contra el plan Barril Criollo, que beneficia a las productoras locales de petróleo con un precio de la unidad subsidiado más beneficioso que el valor internacional de la unidad. Para el especialista, este programa transfirió U$S 6500 millones desde los consumidores de combustibles a las petroleras solamente en los dos últimos años.

Eintoss lamentó que pese a la vigencia de esos dos planes, las inversiones de las empresas cayeron, así como también las producciones de gas y petróleo.

El director del Ceres definió la política energética como errática, costosa e ineficiente. “En un contexto internacional de energía ‘barata’, nuestro país mantiene una política de precios internos artificialmente altos tanto para el petróleo crudo como para el gas natural, como consecuencia de la aplicación de incentivos a la producción por el Plan Gas y Barril Criollo, mecanismos heredados de la administración anterior y que, luego de 18 meses, la actual administración mantiene sin modificaciones”, cuestionó Einstoss.

De los 72.500 millones de pesos transferidos a las empresas desde 2013, 43.073 corresponden solamente a 2016, lo que representa un aumento del 262%. El economista de la UB agregó que la tendencia “se consolidó en el primer trimestre de 2017, transformando al Plan Gas en el ítem con mayor peso de las transferencias energéticas corrientes: 53%”.

Pese a los objetivos iniciales del Plan Gas, a cuatro años de su implementación “la producción de gas natural se ubica en niveles similares al 2013”, comparó el director del Ceres, quien agregó que “con relación a las inversiones, las estadísticas del Ministerio de Energía y Minería indican que en 2016 se redujeron tantos los pozos de exploración (-39%), como los de desarrollo (-9%), respecto de 2012”.

Según afirma, pese a que los subsidios de ese plan se incrementaron a U$S6.726, es decir, el 60% del total invertido, desde 2013 “las inversiones se concentraron en la producción de recursos no convencionales”. En 2016 en particular, la producción de gas se subsidió “en un monto equivalente a toda la inversión anual realizada en la producción de hidrocarburos, incluida Vaca Muerta, por un monto de 2.900 millones de dólares”, aseguró Einstoss.

De manera similar, el programa Barril Criollo, que está vigente desde fines de 2014, terminó garantizando las tarifas de combustibles más altas de la región, explicó el titular del Ceres. Gracias a este plan, las empresas percibieron transferencias de los consumidores a las empresas productoras por U$S6.500 millones en 2015 y 2016.

“Como resultado, en 2016, la producción de petróleo fue 5% inferior a la del 2013, y la tendencia se mantiene para el primer trimestre de 2017 con una caída interanual del 7%”. Un dato que “nos pone a las puertas de comenzar importar cantidades crecientes de petróleo crudo para cubrir la demanda local”, adelantó el especialista.

Por último, Einstoss apuntó que “los incentivos discrecionales de precios por sí solos no parecen suficientes para incentivar la inversión, si no se acompañan del diseño de una política pública y de planificación energética en el marco de acuerdos amplios. Alinear los precios internos a los internacionales y terminar con el Barril Criollo y el Plan Gas podría ser un primer paso”, finalizó.

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