Existe cierto consenso entre los fanáticos de los Rolling Stones que establece que la cúspide creativa de la banda tuvo lugar entre los últimos años de la década del ’60 y los albores de la del ’70. Pero a la hora de determinar cuál es la obra cumbre de aquel pequeño segmento dentro de la vasta historia del conjunto británico, la puja está más reñida. Si bien Exile On Main St. (1972) quizás tenga la consideración mayoritaria entre fans y críticos (el exilio al sur de Francia, la mística alrededor de su grabación, y por supuesto la producción musical del álbum más largo en casi 59 años de carrera), hace exactamente cinco décadas, el lanzamiento de Sticky Fingers marcó un antes y un después en la historia de los Rolling Stones: no sólo significó el final de la relación contractual con la discográfica Decca luego de siete años, lo que también permitió que fuera el primer álbum editado bajo el sello propio de la banda (Rolling Stones Records), sino que la llegada de los «Dedos pegajosos» coincide con la primera aparición de esa marca registrada e inconfundible que no necesita explicación ni contextualización. Junto al LP apareció la lengua, la pieza creada por John Pasche (por la que el diseñador cobró un puñado de libras) y nació así, quizás, el ícono más representativo de la cultura pop y, por supuesto, del rock and roll.


Además, Sticky Fingers provocó a la audiencia desde su portada. Un jean negro, ajustado y sugerente, muestra una cremallera masculina que es objeto de disputa entre dos tipos que aseguran haber posado para Andy Warhol en The Factory, el estudio de arte fundado por el artista plástico en Nueva York. Considerada obscena por la dictadura de Francisco Franco en España, la entrepierna fue reemplazada y el álbum fue editado con la imagen de una lata de conservas de la cual emergen los dedos de una mano. 


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Lo que es igual en todos los casos es el contenido, salvo porque en la edición española incluyeron una versión en vivo de “Let It Rock” en reemplazo de la censurada “Sister Morphine”. Grabado en distintos continentes (Alabama y Londres) y en momentos muy diferentes (entre 1968 y 1971), Sticky Fingers sale de la lógica de ser un disco realizado durante una cantidad de tiempo específico en un estudio determinado. «Es un álbum bastante maduro para su estilo, en el que empieza a notarse la experiencia», dijo alguna vez Keith Richards sobre la obra.

Desde el inconfundible y demoledor riff inicial en “Brown Sugar”, un himno Stone por excelencia, el disco transita por el rock and roll, el blues, el country y por una serie de baladas entre las que se destaca un clásico como “Wild Horses”, que, en palabras del propio Richards, «debe ser una de las mejores composiciones entre Mick y yo».


También es el primer álbum de estudio que cuenta con Mick Taylor como miembro oficial y permanente, ya que el sensacional guitarrista había participado en la sesiones de grabación de Let It Bleed (1969) y dejó su sello en “Country Honk (slide)” y en “Live With Me (guitarra)”. Con apenas 22 años, Taylor demostró una performance descollante con el solo en “Sway”, el primer lento de Sticky Fingers.

“Can’t You Hear Me Knocking”, por su parte, es la pieza extraña y más larga del LP. Son más de 7 minutos de un exquisito equilibrio entre el rock, el blues y el jazz y con un segmento instrumental de variados ritmos que incluye un güiro y congas, además del inolvidable e inigualable saxo de Bobby Keys. Los fans argentinos se emocionaron cuando el 10 de febrero de 2016, en el segundo de los tres shows en el Estadio Único de La Plata, los Stones rompieron los pronósticos y agregaron el tema al setlist.


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Empapado de referencias sexuales y a las drogas, cómo puede apreciarse en “Sister Morphine”, Mick Jagger recordó que pusieron las canciones sobre una pizarra y comenzó la selección: «Son las diez mejores canciones, pero no sé cuándo nos pusimos a pensar o a analizar el disco como unidad. Es que tiene muchas canciones lentas». Justamente Jagger tiene su momento estelar en “I Got the Blues”, con una vocalización imbatible y que, aún hoy, estremece a las audiencias cuando la canta en vivo.

Completan el álbum “You Gotta Move”, “Moonlight Mile”, “Bitch” (lado B en el sencillo de “Brown Sugar”) y “Dead Flowers”, este último un exponente fiel de que la música country del sur de los Estados Unidos les sienta a la perfección a los chicos malos de Londres.


Número 1 en el Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Canadá, Alemania Federal, Países Bajos, España y Noruega, Sticky Fingers motivó a que en 2015 los Stones hicieran por primera vez un álbum entero en vivo. Fue en el Fonda Theatre de California, cuyo material vio la luz dos años después y que es un deleite para los fans y coleccionistas de material de la banda.

Concebido durante el período más trágico de la historia de la banda, signado por la muerte de Brian Jones y por el asesinato de Meredith Hunter durante un show en diciembre de 1969 (conocido como la tragedia de Altamont), Sticky Fingers constituye una pieza musical de escucha obligatoria para quien quiera entrar al mundo de los Rolling Stones por la puerta grande.