Suecia cierra la causa por el asesinato de Olof Palme acusando a un hombre que se suicidó en 2000

El 28 de febrero de 1986 el primer ministro sueco era rematado a balazos a la salida de un cine en Estocolmo. Iba sin custodia. Socialista convencido, sumuerte despertó sospechas sobre servicios es espionaje de EEUU, Israel, la Sudáfrica del apartheid y del Chile pinochetista. Su cercania con el gobierno de Raúl Alfonsin. 

10 de junio de 2020

A 34 años del asesinato del entonces primer ministro sueco Olof Palme, la fiscalía determinó que el criminal fue un publicista de ideas ultraderechistas que se suicidó en el año 2000 y dio por cerrada la investigación. Sin pruebas contundentes y luego de múltiples teorias que involucran a servicios secretos de varios países del mundo y haber detenido a un marginal a quien luego debieron liberar por falta de pruebas, seguramente la investigación quedará clausurada en torno de esta historia que aceptan como válida los hijos del legendario jefe de estado socialista, baleado en una calle de Estocolmo a la salida de un cine cuando caminaba con su esposa y sin custodia. Pero resultaría ingenuo pensar quei el mito sobre el magnicidio, que atrapó a periodistas, detectives aficionados y profesionales por más de tres décadas, terminará aquí.

En principio, es bueno acotar que Stig Engstrom, el ahora posible culpable del crimen, no aparecía como sospechoso en las investigaciones que desarrolló durante varios años Stieg Larsson, el autor de la saga Millenium, ni en otras investigaciones realizadas a lo largo de estos años, aunque alguna vez estuvo en la mira de los pesquisas.

Además, las pruebas presentadas por el fiscal Krister Petersson son tan endebles que levantan más suspicacias de las que pretende coagular. A tal punto que los propios medios suecos destacaron la “conveniencia” de culpar a alguien que ya no vive, cuando las pistas que se siguieron todos estos años apuntaban a servicios de inteligencia sudafricanos, israelíes, la CIA o la KGB y hasta a terroristas del grupo turco PKK o fanáticos pinochetistas. Para los hijos del líder socialista, Mårten y Joakim Palme, Engstrom es culpable, pero abrieron la alternativa de no cerrar el caso definitivamente.

Palme se había convertido en un referente para los dirigentes progresistas de los años 70 y 80. Hombre moderado y afecto a las instituciones democráticas al uso occidental, era sin embargo muy crítico de la política exterior de Estados Unidos, en plena guerra de Vietnam, tanto como de la Unión Soviética por su incursión en Checoslovaquia en 1968. Fue primer ministro en dos ocasiones, entre 1979 y 1976 y desde 1982 hasta el día de su muerte, el 28 de febrero de 1986.

Desde ese lugar, fue protagonista de una visión diferente del mundo, lo que llamaba la “tercera vía a la socialdemocracia”. Por lo tanto, la lista de sospechosos de una conjura para eliminarlo era en ese momento cantada: todos a los que había afectado con su política de derechos humanos e igualdad social.

Podían ser servicios del gobierno sudafricano de esa ápoca, por la decidida lucha de Palme contra al apartheid. También la Mossad, por su rechazo a la política de Tal Aviv sobre Palestina. Quizás la URSS si uno piensa en Checoslovaquia, aunque luego desde el gobierno impulsó políticas de acercamiento entre los líderes de ambas potencias para evitar un holocausto nuclear.Chile por su rechazo al golpe contra Salvador Allende y el asilo a los chilenos perseguidos por la dictadura.

Las sospechas sobre EEUU en 1986 no estarían ligadas a la guerra de Vietnam, que había finalizado en 1975. Pero si seguramente podrían estar vinculadas a su apoyo a Cuba -fue el primer mandatario europeo en visitar la isla- o la revolución sandinista, que había tomado el poder en 1979.

Palme había impulsado el Grupo de los 6 por la Paz y el Desarme. Formaban parte de esa iniciativa Suecia, India, México, Grecia, Tanzania y la Argentina recién democratizada con Raúl Alfonsín en la Casa Rosada. Siguiendo esta lógica, Alfonsín se sumaria al Grupo de Contadora, integrado por países latinoamericanos que se oponían a una posible invasión estadounidense a Nicaragua, la amenaza latente durante la administración de Ronald Reagan, y que también se había creado bajo el auspicio de Palme.

Ese 28 de febrero, Palme había trabajado hasta tarde en la casa de gobierno y liberó a sus custodios al llegar a su casa.

Pero su esposa Lisbet Beck Friis y uno de sus hijos, Märten y su nuera tenían otros planes: habían decidido ir a ver la película Los Hermanos Mozart, de la directora sueca Suzane Osten, que se daba en el Gran Cinema, de la capital sueca.

Normalmente Palme prefería circular sin guardaespaldas porque insistía en vivir como un hombre común y corriente, aunque hay cuestiones de seguridad que no podía evadir. Sin embargo, cuando se enteró de la salida compartida con su hijo ya había liberado a sus custodios y pensó que no era correcto llamarlos de nuevo.¿Qué podía pasar en una noche fría de febrero entre su residencia y le sala, en un viaje en subte como cualquier ciudadano?

A la salida las dos parejas se despidieron, el primer ministro y su señora caminaron un trecho por la calle Sveavägen para tomar el metro en la estación Rådmansgatan. Al llegar al cruce con Tunnelgatan, un hombre de no más de 40 años, de cabellera tupida y con un camperón de esquí azul, apareció de entre las sombras y le disparó dos tiros para huir rápidamente. Cuando llegó la ambulancia, Palme había muerto. Los proyectiles le habían destrozado la aorta y le cortaron la columna vertebral. Se sabría luego que el arma, que nunca apareció, era una Smith & Wesson calibre 357 Magnum con balas explosivas, capaces de atravesar un chaleco de seguridad.

El primer sospechoso fue Victor Gunnarsson, al que varios testigos ubicaron cerca de la escena del crimen. No llegó a estar un mes en prisión cuando tuvo que ser liberado por falta de pruebas. Que alguna vez lo hubieran visto con un revólver parecido o que manifestara su odio a Palme no eran suficientes razones. Gunnarson se trasladó posteriormente a Estados Unidos, donde murió asesinado ocho años mas tarde. Sus allegados dicen que se había declarado autor del magnicidio.

 El segundo acusado fue Christer Pettersen, un ladronzuelo sin relación con el fiscal aunque de nombre similar, que vivía endrogado y que según las pericias tenía una lesión cerebral. Llegó a ser condenado en primera instancia porque Lisbet, la viuda de Palme, lo había reconocido como autor de los disparos. Pero un tribunal de alzada lo absolvió. entre otras cosas, porque el arma no aparecía, el testimonio de Lisbet no fue tomado en cuenta y fundamentalmente, no había motivo. Salvo, como deslizaron algunos medios, que Pettersen se hubiera confundido y en lugar de matar al dealer que lo perseguía hubiera disparo contra el primer ministro.

Un periodista sueco, Stieg Larsson, se puso en cuerpo y alma a investigar el homicidio desde el 1 de marzo, cuando fue enviado a cubrir la información por el diario en que trabajaba. Su hipótesis era que el asesinato era parte de una trama de grupos fascistas. Buscó y buscó en esos sectores oscuros de la política sueca hasta que llegó a un callejón sin salida. Pero no tiró por la borda el material que fue encontrando. De hecho, fue la base para que escribir las trs novelas de la serie Millenium, que fue un éxito editorial luego de su muerte, en 2004.

Un colega que no conoció a Larsson, Jan Stockassa, se uso a hurgar en los papeles de Larsson y así llegó a la conclusión de que el autor del asesinato era el médico Alf Enerstrom, un hombre de armas llevbar y que también odiaba profundamente a Palme.Un candidato que tranquilamente podría haber sido usado, a sabiendas o no, por una agencia sudafricana. El doctor Enerstrom asesinó en 2003 a un policía. El año pasado Stockassa publicó Stieg Larsson, el legado, las claves ocultas del asesinato de Olof Palme.

La investigación del fiscal Petterson, sin embargo, fue por otro camino. Luego de que la justicia sueca hubiera interrogado a más de 10.000 personas y al cabo de que 134 personas se atribuyeran el magnicidio en más de tres décadas, el que aparecía como más probable, dijo, era el Hombre de Skandia.

Se lo llamó así porque Engstrom -que había sido interrogado al principio de la investigación, pero luego descartado como sospechoso- trabajaba como publicista para la empresa de seguros Skandiahuse.

Ahora, parece, descubrieron que también odiaba a Palme, que tenía armas y un cierto desequilibrio que lo llevó a suicidarse en el año 2000. En esto, el fiscal coincide con otro Petterson, Thomas -sin relación con los otros dos mencionados- quien publicó una teoría como esta en la revista Filter.

Pero el enigma y las teorías conspirativas no quedarán clausuradas tan fácilmente.

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