Teatro, humor y música en una sala pediátrica: guardias artísticas para que los chicos sonrían

Una clown, una cuentista y una música relatan sus experiencias en el Hospital Italiano. Su objetivo es colaborar con el equipo médico y mejorar el humor familiar en el proceso de tratamiento.
13 de Octubre de 2017

En los últimos años, ciertos hospitales y centros de salud han incorporado el arte en los lugares de tratamiento e internación, tendiendo puentes entre equipos médicos, pacientes y sus familias. Clown, teatreras y teatros de sombras y títeres, narradoras de cuentos, música en las habitaciones favorecen la mejoría de los estados emocionales de niños y niñas que pasan largo tiempo en las salas junto a sus familiares. 

Al ingresar a Pediatría del Hospital Italiano, las pantallas de Paka Paka quedan fuera de foco cuando la calimba ingresa en manos de la música hacia la sala, entre máquinas, tubos, sueros e innumerables objetos plásticos antisépticos. Con sus tramas musicales una música acompaña las historias y poemas de la cuentacuentos a la que se le suma el humor absurdo y liberador de la clown, entre enfermeras y enfermeros o médicos y médicas que atienden a sus pacientes, en compañía de mamás, papás, abuelos y hermanitos. En el pequeño paciente está por distenderse el ceño o suceder la sonrisa. El objetivo aquí es máximo para fortalecer a la persona enferma y ayudar a contrarrestar la extenuación de sus familias, en un trabajo constante al que pueden llamar también “un devenir”.

El grupo de artistas, como las gotas que caen en tiempo relentizado del suero, semana tras semana, con fina percepción sobre lo que sucede allí, propone actividades expresivas, en suaves tonos y, a veces, reduciendo las luces: lluvia de poemas, baile de las cejas o del ojo, la serenata del nombre y otras actividades mínimas, propias de las “guardias artísticas”. Su finalidad se liga a recuperar el humor como estrategia para acercarse a la salud de los chicos, en tratamientos oncológicos muy largos, en proceso de trasplante y otras enfermedades que son atendidas en centros de alta complejidad. Y a pesar de la magnitud de los edificios, formados por calles internas a modo de laberinto, por los pasillos o salas de espera provocará asombro el ingreso de un grupo con colorido vestuario, carros repletos de elementos y valijas del Hospital Italiano.

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El arte, transformador de los estados 

Mariana Ramos (“Mariatta”, clown), Diana Tarnofky (cuentacuentos) y Mariana Occhiuzzi (música, docente y productora) en charla con Tiempo cuentan y muestran sus objetos musicales, poemas, dragones y gallinas de goma sonoros, para acercar a través de sus relatos cómo llevan a cabo sus visitas y acciones artísticas dentro de salas y pasillos, para el programa Arte en Salud que coordina el psicólogo Ignacio Usandivaras junto a Felicitas Herrera, a cargo de responsabilidad social. El grupo además está conformado por la titiritera de sombras Ana Clara del Moral y la música Ángeles Camblong. Del lado médico, “habilita” desde hace una década, el jefe de Pediatría del Hospital Italiano de Buenos Aires y San Justo, el doctor Carlos Wahren y, además, con el apoyo necesario de FUNI, Asociación para el Futuro del Niño.

Pero son los padres quienes permiten que el arte ingrese o no a las salas para modificar el humor familiar. Mariatta (o Mariana, “la maestra”) visita por allí todos los domingos desde hace diez años, con su nariz roja y su acordeón celeste en función del juego y la risa “sin culpa” de algunos papás con quienes vuelve a encontrarse después de mucho tiempo. Así recuerda los abrazos con los padres: “Se crea un vínculo de confianza con el clown y con todo lo que sucede, se dan un permiso para decir y hacer cosas que las buenas costumbres no lo permiten”. Recuerda de modo entrañable la historia de un chico de Santa Fe, trasplantado siendo un bebé y al que se lo volvió a encontrar hace poco tiempo “hablando y con rulos”. 

Su trayectoria está impresa por el sello del hospital en un libro en coautoría con Usandivaras, El clown en el hospital, que profundiza acerca de su arte. Se diferencia del grupo Payamédicos, una marca registrada y pionera en investigación de salas y efectos terapeúticos con un sentido del clown muy específico. “Acá todo va transformándose cuando se mueve la abuela o el tío, es algo que nos atraviesa a todos en el ritmo del otro”, amplía la clown con su sentido de libertad, exhibiendo los muñecos y el masajeador que guarda como tesoro en su bolso.

Diana, la cuentacuentos de voz suave narra su propia historia, tejiendo la de todas. Empezó en el hospital hace cuatro años. Es conocida por su trabajo en bibliotecas públicas y comunitarias y centros de salud. Como sus compañeras trae un carro desde su casa que sube y baja en dos colectivos para llegar a Villa Crespo, aunque se caracteriza, especialmente, por cubrir los espacios con un Pequeño Universo Portátil (PUP), un paraguas-burbuja al que le “llueven poemas” e historias que se desatan de acuerdo a la situación de la sala, además de una colección de carteritas llenas de pequeños papeles con escritos de Mar Banegas, Beatriz Vallejos y Laura Devetach, entre otras coplas y poemas quechuas: “En el carrito van libros y propuestas a los observadores, como por ejemplo la danza del ojo. A veces, solamente jugamos con ‘la energía del duende’ al que le vibra todo el cuerpo.” Respecto de la creación de otro mundo posible, Diana manifiesta el punto de partida: “Trabajamos con todo lo que es de salud, con lo lúdico y el lenguaje poético de las personas, se ponen en juego los pactos de ficción a través de nuestros vestuarios y elementos.”

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Teatro espontáneo y de sombras con música 

Mariana se sumó al equipo hace unos dos años. Se dedica a la música profesional y anima las escenas sonoras de Hilo Rojo, un grupo que se dedica al teatro espontáneo, cuyas funciones se caracterizan por escenificar a través de estructuras y técnicas del psicodrama, entre otros, las historias que cuenta el público. Su distintivo acento cordobés le juega a favor a la hora de empatizar con las familias que vienen del interior de la Argentina o de otros países como Venezuela, Colombia, Chile. Franca, "espontánea” y de constante alegría, Mariana explica la originalidad en cada sala en donde el tiempo de acción depende de cada familia y de los estados particulares: “Disfruto mucho mi rol de musicalizadora y ser el colchón de mis compañeras. Ingresar con la música es entrar de manera inesperada. Nunca sé lo que va a representar en esos cuerpos, esa música y qué paisaje significa en ese cuerpo. Sensibilizamos desde un lugar que no tiene barrera, es un mimo, de sumo cuidado. Es humanidad y sensibilidad. Son pocas las melodías que repito porque cada una es para cada cuerpo”.

Con la alianza de mamás y papás y hermanitos, una rosa es soplada para contar la historia de la tormenta eléctrica a la que hay que salvar, entre muchas flores del jardín. Se ven cabezas con sombreros, luces colgadas como collares, bichos y pajaritos. En voz bajita, cuentan que alguna vez hicieron arte debajo de la cama con linternas en la mano, pudieron hacer la historia del mar y que el niño volviera con ese oleaje a la cama: “No vamos directamente a jugar con el niño, jugamos con todo porque es su realidad”.

Medicina narrativa

En cuanto a adultos, Arte en Salud comenzó las guardias en Terapia Intermedia y en el servicio de Oncología, después de analizar los buenos resultados en niñez de la última década. Medicina narrativa , en este sentido, es una práctica que pronto dará lugar a su quinta jornada: "Narrativas en acción". El acontecimiento revisa los modelos profesionales para trabajar con las historias, darle valor a la palabra y así mejorar la actividad profesional y desarrollar la comprensión y la tolerancia entre las personas que trabajan en distintas áreas.

No es una tarea sencilla, “hay algunos niños que dan la espalda durante semanas, es muy común”, dice Mariana. “Hay nenes que están hace mucho tiempo internados”, agrega Diana y “están enojados por eso y, bienvenido, sea”. Ambas aseguran que todo mejora después de que pasan por la sala. Y Mariana aclara que, aunque sea cíciclo, “hay un efecto residual en el arte que ayuda”, y suma Diana, “además de la continuidad”.

Como la relación con el dolor y la enfermedad son extremas, dadas por el cáncer, las artistas en trabajo coordinado con el cuerpo de Medicina y Enfermería, facilitan las tareas como los controles y canalizaciones (cuando el catéter pasa por debajo de la piel). Pero además, humanizan las tareas de quienes “se freezan”, para hacer que puedan “buscarse a sí mismos” en talleres. “Narrativa extendida” es parte del trabajo interdisciplinar con puericultoras, personal de psicología, pediatría y otros que asume todo el equipo.

“Cuando se genera la cuestión del grupo es fantástico, se arma una red, y eso está dado porque no somos de afuera”, relatan, mientras confeccionan y ofrecen los próximos talleres de armado de títeres con objetos de enfermería.

Las próximas fechas de inscripción a sus talleres abiertos a la comunidad y profesionales de la salud:

Arte y cuidados paliativos

18/10, 16 h
Potosí 4296
Inscripción: medicina.paliativa@hospitalitaliano.org.ar

Narrativas en Acción | V Jornada de Medicina Narrativa

22/11, 8.30 h
Salón del Consejo. Perón 4190.
Inscripción: maria.cortines@hospitalitaliano.org.ar

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