¡Timbre! Por Sara Valiente

Columna de opinión.
8 de agosto de 2017

Caí como un chorlito. Un ejército mixto de “militantes” Pro me asestó en la puerta de casa cuando abrí confiando que llegaba una persona que esperábamos. Lo mío no fue tan ampuloso como la cuadrilla que le tocó a la vecina de enfrente. Eran tantos ahí que formaron fila uno al ladito del otro porque la vereda angosta no les permitía otra cosa.

Estaban bien elegidos y mejor coucheados. Vecinos comunes, de a pie, con trabajo, pero nada soberbios y sabían expresarse.

Lo que no tenían era respuesta para mis interrogantes. El manual ecuatoriano les marcaba que el relato tenía que ser por el lado de la inseguridad. Les decía yo que la inseguridad tiene orígenes, que hay que ver por ahí, no cómo mandar más polis a la calle. Que los vecinos del barrio nos conocemos y más o menos tenemos los movimientos de cada uno. Que conocemos a los que piden o cartonean por decenas a cualquier hora, que separamos residuos, comida y ropa para darles. Que una vecina toda la semana le lava la ropa a una familia sin techo.

Pero no. Estaban esperando que les dijera que había que meter bala.

Les pedí que pararan, que la gente tenga trabajo, que inviertan en la educación pública y dejen de aumentar las tarifas. Si me tocaron timbre para darme la boleta de Lilita (¡Lilita!) que me escuchen. ¿Y la seguridad señora? Trabajo

¿Su cuadra es insegura? Educación

¿Hay suficiente policía? Luminarias, veredas limpias, control de velocidad para que los chicos crucen tranquilos.

Pero el manual decía que tenían que validar con los vecinos la mano dura para que entre el ajuste sin vaselina.

Cuando entendieron que era caso difícil se fueron. Pero antes me anunciaron en vivo y en directo un plan integral de veredas desde enero 2018 para toda la ciudad. Dijeron una cifra de m2 pero no los escuché ni los dimensioné, como cuando hablan de millones. Igual nada es gratis: como las veredas son de los frentistas, tenés que garpar. Y ahí me vendieron un crédito “blando” del Banco Ciudad. Segunda y última parte del instructivo del timbreo.

Hoy vino el diariero (lo espié por la mirilla porque el que se quema con leche ve una vaca y llora y si la desperdiciás a 25 mangos el litro ni te digo). Llamen a los bomberos. Fin del post.

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