Todos estamos en libertad condicional

Por Roberto Caballero, periodista

Hay dos cosas que los magistrados –aunque sean macristas- no negocian: el impuesto a las Ganancias y la feria judicial.

Superado el receso invernal -tal como confirmó el show de detención de Hebe, conjurado por la inmensa y espontánea movilización de solidaridad hacia su figura de infatigable luchadora por los Derechos Humanos-, la sociedad deberá prepararse, nuevamente, para asistir al festival de denuncias, imputaciones, arrepentimientos, citaciones y procesamientos contra funcionarios o símbolos de la antigua administración que dominó buena parte de la agenda mediática hasta que la judicatura oficialista entró en sagrada hibernación, dejando al macrismo político peleando en soledad contra la indignación social desatada por los tarifazos.

Desde la detención de Milagro Sala, el Partido Judicial aliado de Mauricio Macri no se había visto tentado de atravesar la línea que separa la amenaza aleccionadora de los hechos consumados, de modo tan flagrante y torpe, como ocurrió con Hebe el jueves pasado. Podría afirmarse que la barbarie cometida contra Milagro en Jujuy, donde reina un ilegal estado de excepción para perseguir políticamente a la Tupac Amaru y al kirchnerismo, fue un ensayo del cual el macrismo –el judicial y el político- extrajo conclusiones divididas.

Sus magistrados con órdenes de detención al cinto, evidentemente, se alimentaron de una certeza epocal: hay vía libre para hacer cualquier cosa, contra cualquiera, donde sea y cuando sea. Bajo esta óptica, demoledora de los derechos cívicos más elementales, todos los argentinos estamos en libertad condicional, a tiro de cualquier fallo que nos lleve a prisión.

Los funcionarios políticos, en cambio, están sorprendidos. Porque, a fuerza de gestionar, se volvieron un tanto predecibles y cuestionables, incluso para varios de sus compañeros de ruta que suelen almorzar con Mirtha Legrand o regocijarse con los panelistas de Intratables. Demasiado pronto para una gestión que lleva apenas siete meses en la Rosada. Demasiado pronto para avanzar otro casillero, en este caso contra Hebe. O, en el futuro inmediato, contra CFK.

Algo les está fallando. Los artilugios para distraer la atención sobre sus políticas cada vez más impopulares se resumen a hablar de una “pesada herencia” inexistente y en equiparar al kircherismo con “una banda de delincuentes”; y esto fue dicho, nada menos, que por un “intelectual” del macrismo como Hernán Lombardi, que por eso –se supone- maneja los medios públicos y el CCK. Pero esa criminalización de la oposición política de modo tosco y brutal refleja que el gen autoritario de Cambiemos pone en riesgo a las instituciones mismas de la democracia. Hoy se persigue al kirchnerismo duro y abierto. Mañana será a los que fueron o son kirchneristas de modo encubierto. Pasado, quizá, hasta a los que hoy funcionan como aliados de Macri en el Parlamento. ¿O acaso la policía y los jueces de Gerardo Morales no allanaron la casa del hermano de Fellner, que odiaba a Milagro Sala?

Es la calle, y no la platea de la Sociedad Rural, el termómetro de lo que pasa. O, mejor dicho, la euforia agroganadera de estos días no derrama: fue más aplaudido Luis Miguel Etchevehere, su héroe Hood Robin, que el presidente de la Nación, desde las tribunas del predio. Algunos macristas, los que quieren ganar nuevamente una elección, lo registraron. No es para menos: Etchevehere logró que el Estado les quitara las retenciones al agro concentrado y devaluara, transfiriéndole de un plumazo128 mil millones de pesos al sector.

Macri fue sólo un instrumento. Nadie se vuelve popular, ningún presidente, porque la carne, el aceite, la manteca, la harina y la leche se vuelvan más caras e inaccesibles. “Estamos todos”, sonreía Adrián Werthein –según reflejó en su crónica Silvia Naishtat, del diario Clarín-, y sonreía junto a Adrián Kaufmann, Cristiano Ratazzi, Eduardo Eurnekian, Jaime Campos, Juan Chediak, Miguel Blanco y Gabriel Martino. El “todos” es el Foro de la Convergencia Empresarial en pleno. Es una parte, ínfima y rica, del país. No todo el país.

Mientras tanto, las clases no empezaron como correspondía en siete provincias (Buenos Aires, Chaco, Misiones, Jujuy, Catamarca, Santa Cruz y Tierra del Fuego), los cacerolazos multisectoriales contra los aumentos de servicios se extienden, los 2,5 millones jubilados que iban a beneficiarse del blanqueo pasaron a ser apenas 700 mil, la recaudación fiscal se sigue achicando, la importaciones de bienes de capital son suplantadas por bienes de consumo, la producción de pymes se hundió un 5,9% tocando su peor nivel en siete años, los 695 millones de dólares que llegaron en inversiones fueron para timba con acciones, bonos y Lebacs, los bodegueros denunciaron que la exportación de vinos se desplomó un 12% y el consumo interno un 10%, y la inflación interanual ya roza el 50% interanual, con pérdidas del salario real, en promedio, del 15 o el 20%, según la rama.

Por eso viene ganando fuerza la idea de una reapertura general de paritarias, y sobre todo entre las bases de los sindicatos contemplativos con Cambiemos, que arreglaron aumentos escasos y que hoy tienen un Papa que los corre por izquierda. “La desocupación sigue siendo significativamente alta”, dijo Francisco, desde Roma, mientras Juan Grabois, su consejero, encabeza con la CTEP una marcha cuantiosa de protesta desde San Cayetano a Plaza de Mayo. En Merlo volvió el club del trueque. El primer día eran 500 socios. Un mes después son 10 mil. Los merenderos y comedores, que hasta no hace mucho habían trocado a emprendimientos y cooperativas de trabajo, retornan para tejer una precaria red que contenga a los expulsados del consumo y del sistema.

Este es el panorama crítico que los bolsos de López y las falsas monjas del falso convento no pueden tapar. Concluida la feria, volverán los procedimientos, los zócalos escalofriantes, los cascos, chalecos antibalas y las persecuciones cinematográficas al estilo de lo que pasó con Hebe. Pero su eficacia, en términos de ocultamiento de la crisis, será cada vez más relativa, porque la grieta entre lo que ocurre en la pantalla y lo que pasa en la calle se ensancha producto de políticas económicas que generan más agredidos que beneficiarios, y nada indica -no hay señales ni propósito-, que vaya a cambiar en el futuro.

La salida es política. La defensa, se pudo observar con Hebe, la movilización. No quedarse quietos. Y tener los ojos y los oídos bien abiertos, todo el tiempo. Que Macri haya mandado a Miguel Pichetto a pedir públicamente que CFK se calle en el programa de Morales Solá (“los ex presidentes no deberían intervenir en asuntos de coyuntura”, dijo) evidencia cierto temor a su figura, y hasta desesperación por anularla o proscribirla. Y esto confirma, por otro lado, que CFK, aún lejos, con esporádicas visitas al centro de la escena, castigada impiadosamente por el látigo mediático oficial, continúa pesando en la trama del poder, y también dentro del peronismo desorientado tras la derrota de noviembre.

Es una voz, la de la ex presidente, incómoda para Macri, tanto como para ese sector del PJ –no todo- que quiere jugar un rol de complicidad sistémica bajo la apariencia de “oposición responsable”. Su liderazgo puede no estar intacto -nadie puede sustraerse a las campañas de demonización fácilmente, ni siquiera ella-, pero no existe otra figura, en contraste con Macri y su proyecto, cuya intervención sea tan potente y esperada, fuere para festejarla o criticarla. La política y la sociedad argentinas siguen siendo “cristinodependientes”. Esta semana, de no haber sido por ella, La Noche de los Bastones Largos, con toda su carga y su significado, no hubiera tenido un lugar en el discurso de la política nacional. Es de locos.

Ni Sergio Massa y su ambivalencia, ni Pichetto y el PJ que busca deskirchnerizar el peronismo, son hoy percibidos como alternativas nítidas para enfrentar al macrismo más allá los sets televisivos. Eso prueba que ni el kirchnerismo está muerto, ni la sociedad le tendió un cheque en blanco a Macri, como ellos pensaban. Para hacer macrismo ya existe el macrismo, y sus consecuencias están a la vista. Cualquiera otra variable, digan lo que digan, queda subsumida en otra pata, en este caso massista o pejotista, de Cambiemos. Cuando CFK dice “este gobierno profundizó los problemas que tenía el país y anuló lo que estaba bien”, “yo no entiendo a estos capitalistas que quieren que no haya consumo”, “nadie puede sacar del Estado 9 millones de dólares, hay que investigar a los empresarios”, “el desempleo que se está generando se va a notar en el último trimestre del año próximo”, “te dan el bastón, te ponen la banda, y algunos creen que eso es el poder, pero el poder es tener fortaleza política”, “los dirigentes que nos hacían huelga por el impuesto a los altos ingresos no hacen paro con lo que está pasando”, “cómo puede ser que chicos de 14 y 15 años logren que Vidal promulgue el boleto estudiantil y los grandes no hagan nada para cambiar las políticas del Gobierno”, incluso los antikirchneristas entienden de lo que habla. De lo que le pasa a la gente, mientras el resto de la dirigencia mira para otro lado o quiere meter pr«esa a Hebe. Sinvergüenzas. «

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