Todos los caminos conducen a Roma

La película de Alfonso Cuarón despierta encendidos elogios y críticas agrias, pero nadie permanece indiferente después de verla.
6 de Enero de 2019

En las próximas semanas, en las noticias del mundo del cine, su nombre estará presente una y otra vez: Roma, de Alfonso Cuarón. Se dirá que su estética disruptiva y su fuerza narrativa bien le permiten llevar el mote de “película del momento”. De hecho se hablará de ella como viene pasando hace un tiempo, desde que ganó el máximo reconocimiento del Festival Internacional de Cine de Venecia, el León de Oro, o cuando presentada durante el último Festival de Cine de Nueva York fue premiada como mejor película por el Círculo de Críticos, o cuando fue postulada a tres Globos de Oro,  como al Goya y proyectada en Toronto, donde deslumbro a los especialistas del circuito de festivales. También cuando aparece como firme candidata a ganar más de un Oscar, aunque el anuncio recién será el próximo martes 22 de enero y la ceremonia en el Dolby Theatre de Hollywood se llevará a cabo el 24 de febrero.

Roma también es noticia porque por ser una producción de Netflix, el gigante de streaming que ya la puso a disposición de sus usuarios, propone alternativas a los siempre dificultosos sistemas de producción y abre el debate sobre la distribución y consumo de este tipo de trabajos de calidad en la industria.

Pero principalmente Roma es una evocación perfecta de una época y tiene la mirada puesta en aquello que muchas veces pasamos por alto en el devenir que  a cada uno le toca, por desidia o persistencia cultural, siendo esto lo que le da real relevancia más allá de lo anteriormente dicho. El director mexicano estuvo décadas pensando en esta película, hasta que encontró una forma de relatar la historia de la manera que quería: a través de una narrativa lenta (bien cinéfila), donde la imagen y las actuaciones son las protagonistas, alternando planos fijos y en movimiento, en un set enorme ambientado en los 70. 

Inspirado en las mujeres de su infancia, Cuarón pudo hacer un homenaje artístico al matriarcado que moldeó su mundo. El realizador aclaró que no es una autobiografía, pero que su memoria aportó mucho para esta película. De hecho por eso es en blanco y negro, para reforzar la idea de recuerdo, de algo del pasado, comentó más de una vez.

El realizador cuenta una historia ambientada en la Ciudad de México a principios de los años 70, donde dos jóvenes empleadas domésticas, ambas de ascendencia mixteca, trabajan para una familia en la colonia Roma, un barrio de clase media acomodada, mientras que su patrona lidia con la ausencia de su esposo, en una casa con cuatro niños. Allí se construye un nuevo sentido de amor y solidaridad en un contexto de jerarquía social, donde la clase y la raza están perversamente entrelazadas. En la película también se muestran fechas de gran calado en la historia contemporánea mexicana (insertadas de manera magistral en la trama), como la del 10 de junio de 1971, cuando tuvo lugar la Matanza del Jueves Santo (asesinato de 120 personas en una manifestación estudiantil).

En su función más elemental, el cine es muchas veces un ejercicio memoria o de autoevaluación a nivel social. Muchas veces una película nos dice cosas que podemos recordar o reconocer, que quizás jamás ocurrieron como se relata, pero que las vivimos como experiencias movilizantes. Cuarón es alguien que domina el lenguaje cinematográfico, pero sobre todo sabe manejar la forma sutil y la presencia de personajes determinantes para relatar. Su narrativa es tan visual y contemplativa que los diálogos presentes, en muchas ocasiones, son un simple soporte. Son tantos los sentimientos y sensaciones que invita a transitar a lo largo de sus más de dos horas de duración, que Roma termina siendo una pieza que puede despertar todo tipo de consideraciones, pero que no se puede señalar como una película del montón.

Encargado del guión la dirección y la fotografía, Cuarón presenta su trabajo más íntimo donde muestra muchos aspectos de la vida burguesa que le tocó de chico, dando lugar a la cosmovisión de aquellas mujeres que cuidaban hijos ajenos, siendo empleadas, aguantando destrato y maneras despectivas por su condición socioeconómica, y sin ser tenidas en cuenta para nada en muchas ocasiones. Estas costumbres que deja ver Cuarón en Roma todavía persisten. Pero por suerte el machismo exacerbado, la discriminación e intolerancia que se ven en la pantalla muchas veces sirven de herramienta para la lucha y para visibilizar los que muchos, aún, no quieren ver. «

ROMA

Escrita, dirigida y coproducida por Alfonso Cuarón. Protagonizada por Yalitza Aparicio, Nancy García García  y Marina de Tavira. Disponible en Netflix.

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