Trump condiciona la negociación comercial con China a que "actúe con humanidad" en las protestas en Hong Kong

Las manifestaciones en el territorio recuperado por Beijing -y que desde 1997 tiene un status especial hasta 2047- se colaron en la guerra comercial entre el gigante asiático y EEUU. El gobierno de Xi Jinping acusa a Washington de intromisión en asuntos internos. Tropas chinas se concentran en Shenzhen, en las inmediaciones de Hong Kong-

Por A.L.G.
15 de Agosto de 2019

Donald Trump condicionó las negociaciones comerciales con el gobierno chino a que Beijing actúe “con humanidad” contra los manifestantes que desde hace un par de meses protestan contra las autoridades de Hong Kong. Mientras tanto, el gigante asiático concentra tropas en Shunzhen, cerca de ese territorio, y advirtió que no se quedarán “de brazos cruzados si la situación empeora” y volvió a insistir en el reclamo de que EEUU no se entrometa en asuntos que no le competen.

Como si se tratara de un luchador por los derechos humanos, Trump pidió a China un trato “humano” y en un tuit escribió que tiene “Cero dudas de que si el presidente Xi quiere resolver rápida y humanamente el problema de Hong Kong, puede hacerlo” y que si quisiera podria reunirse con los manifestantes para resolver la cuestión.

Luego le pidió una reunión personal para hablar de las cuestiones bilaterales, aunque ahora puso sobre la mesa una cuestión que hasta ahora no se había incluido, ya que la guerra comercial solo trataba de aranceles y volúmenes de ventas de productos de intercambio.


Es así que el departamento de Estado se mostró preocupado por la presencia de efectivos militares en Shenzhen. Tras el acuerdo firmado entre Londres y Beijing en 1997, unas 5000 tropas están acantonadas en Hong Kong. Se entiende que el tratado establece que se respetará el principio de “Un país, dos sistemas” hasta la incorporación total de la ex colonia en 2047. De modo que  la presencia de uniformados chinos sería un asunto interno.

Sin embargo, las protestas, inicialmente contra una ley de extradición que permitiría que disidentes chinos fueran extraditados a pedido del gobierno central, fueron creciendo en demandas y ahora exigen la renuncia de la gobernadora, Carrie Lam, y cambios en el sistema electoral, al que consideran restrictivo para fuerzas políticas opositoras.

El gobierno de Xi Jinping denunció agresiones de tipo terrorista contra la población honkonesa en los últimos enfrentamientos.  Pero la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la chilena Michelle Bachelet, condenó la represión policial y pidió una investigación imparcial sobre las denuncias de violencia contra los manifestantes.

Un estudio sobre quiénes son los manifestantes publicado por la agencia AFP muestra que el 54% son hombres, el 49% tiene entre 20 y 29 años, el 77% tiene estudios universitarios y el 50% son de clase media.  Desde el gobierno chino deslizan que las protestas tienen todos los componentes de los levantamientos de las “Revoluciones de colores” o de la “Primavera árabe”. Dando a entender hay participación de agentes de potencias extranjeras en el apoyo a los grupos opositores.

El trasfondo de todo este clima de revuelta popular está dado por la guerra comercial que enfrenta a EEUU y China. Trump anunció la semana pasada que pondrá en marcha aranceles adicionales a productos chinos por un total de unos 300 mil millones de dólares. Un día después la moneda china cayó en su cotización mínima desde 2009, causando una tormenta en las bolsas de todo el mundo.

De allí a la sospecha de Beijing sobre la injerencia estadounidense en la situación de Hong Kong como hay un paso. Estos tuits de Trump recurriendo a argumentos “humanitarios” como factor de negociación parecen confirmar que las sospechas de las autoridades chinas no son infundadas. Sobre todo viniendo de un presidente que hace culto de un discurso xenofóbico en su propio territorio y que es acusado de haber encendido la mecha racista que llevó, entre otras cosas, a la balacera que hace 15 días provocó 22 muertes en El Paso a manos de un  supremacista blanco.

Tiempo Audiovisual

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