Deportes playeros: un clásico a prueba de protocolos

Aún con las restricciones por la pandemia, se hacen sentir en la Costa Bonaerense. Actividades individuales con distancia social y un ganador: el mar, con el boom del surf y el kitesurf.
10 de enero de 2021

El primer video viral del año fue una pelea en el balneario Las Toscas de Mar del Plata durante el mediodía del 1º de enero. Fue la polémica que siguió a un picadito en la Costa. Un grupo de pibes peloteaban como si hubiera algo más en juego que un fulbito en la playa, acaso con la energía guardada durante los siete meses de abstinencia deportiva durante 2020. Hasta que de un empujón involuntario tiraron a la arena a una jubilada que caminaba por la orilla. El guardavidas y otros turistas, ya molestos con la intensidad del partido entre sombrillas, reposeras y vendedores ambulantes, se les fueron al humo. Y se armó la “gresca generalizada” que registraron las cámaras de C5N, esa imagen que luego se replicó en redes sociales. La escena sirve para graficar cómo late el espíritu deportivo playero en un verano tan particular, atravesado por los protocolos y por el largo parate que hubo en la mayoría de las actividades entre marzo y noviembre en buena parte del país.

Entre las recomendaciones y los criterios para la Costa atlántica bonaerense, el gobierno provincial indica que el “Municipio debe hacer cumplir la prohibición de realizar actividades deportivas grupales o cualquier actividad recreativa en la que no pueda garantizarse la distancia preventiva de 2 metros entre personas” tanto en playas públicas o privadas. Por eso en los balnearios, a diferencia de otros veranos, hay mucha menos oferta deportiva y recreativa. “Cambió muchísimo porque están prohibidas todas las actividades masivas. Antes tenías profes de recreación que hacían actividades, torneos. Por la pandemia quedó la oferta muy reducida, focalizada”, cuenta Mariano Mazzuoccolo, presidente de la Cámara de Concesionarios de Playa de Villa Gesell y dueño del balneario Áfrika. En los paradores sólo quedó permitida la colocación de las redes de vóley, por lo que hay más entusiastas que se animan al armado y al remate. Las típicas actividades deportivas, como la maratón acuática o Le Toquet, la carrera de motos más grande de Latinoamérica, fueron suspendidas en Gesell para evitar la aglomeración de público. Mazzuoccolo, incluso, cuenta que por “un tema de espacio” se ven menos partidos de fútbol ocasionales en la playa pública: “Hay fútbol-tenis, paleta o tejo, que son juegos más típicos de familia”.

Por los cambios de fecha en los calendarios y por la prohibición de concurrencia de público, durante este verano tampoco habrá eventos ni amistosos deportivos que suelen ser clásicos de cada temporada estival. Este fin de semana, sin embargo, largó la primera de las cinco etapas del Circuito Argentino de beach vóley, que reparte 50 mil pesos en premios y es transmitido por DirecTV. La primera etapa se disputa en Playa Varese, de Mar del Plata, y luego rotará por Pinamar, Villa Gesell, Rosario y otra vez la Feliz.

En cada uno de los protocolos que fueron presentando los distintos deportes a lo largo del año para pedir la reapertura de su actividad más allá de la pandemia hubo un factor común: la importancia que tiene la actividad física en la salud del ser humano. Para la Organización Mundial de la Salud, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial, el 6% de las muertes registradas en todo el mundo. Al menos el 60% de la población mundial, sin embargo, no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud. Con un virus contagioso y dañino dando vueltas hay que hacerlo con cuidado. Incluso en vacaciones. Incluso en la playa.

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“El cambio -dice Andrés Macció, presidente del Ente Municipal de Deportes y Recreación (EMDER) de Mar del Plata- ha sido muy significativo en el comportamiento deportivo de los turistas. Percibimos un cuidado especial en la gente que va a la playa. Usando el barbijo en espacios comunes cuando alguien se ubica en la playa. Pero también con una reducción de algunos juegos espontáneos típicos de la vida en la playa, que tiene que ver con la interrelación en las personas”. En Playa Varese, el Municipio de General Pueyrredón acostumbraba instalar un espacio con canchas de beach vóley, beach handball y con distintas actividades lúdicas que este año, por las restricciones sanitarias, ni siquiera se montó. En su lugar, esta temporada de verano, se llevan adelante actividades individuales que permitan mantener la distancia, como clases de yoga. “Las actividades deportivas y recreativas que planteamos están dentro del protocolo que propone un grupo de máximo de diez personas y distanciamiento de dos metros en los deportes individuales. Los deportes de grupo con contacto no los estamos haciendo en la playa. Sí en los barrios o en los polideportivos”, cuenta Maccio sobre las propuestas oficiales.

Por eso en los deportes de mar parece haber más movimiento que de costumbre. El kitesurf, que venía con un crecimiento marcado en los últimos años, se hace sentir: cuando el viento sopla y la mayoría de los turistas huyen a repararse del viento, aparecen los kitesurfistas con sus velas. “Creo que es un deporte que está en auge. Entonces eso nos favorece pese al contexto sanitario. Nunca tuvimos tantas clases como este diciembre. Hubo que llamar a más profesores. El verano viene favorable en la playa, quizás el centro y los comercios si están más tranquilos. Y ante eso se aprovecha más el surf, el kitesurf o el ocio en general”, cuenta Nicolás Pincirolli, instructor de kitesurf, que da clases para adultos de 65 años o niños de 6: “Parece un deporte peligroso, pero en cuanto te ponés la vela te das cuenta de que es más fácil. Con un curso de nueve horas ya vas a poder practicar de una manera segura para vos y para los demás”, cuenta. El único limitante es económico: la inversión inicial es alta porque para un equipo básico arranca en los 60 mil pesos y el curso de iniciación unos 19 mil. “Eso es para arrancar, después no tenés gastos de alquiler ni de mensualidad como en otros deportes”, dice Pincirolli.

Más allá de los protocolos previos o al salir del agua, en el mar no cambió nada. Facundo De Labra trabaja en Capitán David, la escuela de surf que brinda el balneario Windy desde hace ya 22 años. “La verdad que venimos con muchas clases. El promedio es más o menos el mismo que todos los veranos. Con concurrencia venimos bien, aunque no deja de ser atípico todo el protocolo de cuidados. Ni bien llegan los alumnos hay que ponerles alcohol en las manos y en los pies. Y los trajes después de cada clase se enjuagan y se lavan. Una vez en el agua es más o menos lo de siempre”, explica De Labra las particularidades y da una clave para explicar por qué la actividad se mantiene: “Creo que todo lo que venimos pasando generó una conciencia de disfrutar de la conexión con la naturaleza y el aire libre. Y algo más sano que el mar no existe”.

Si el cambio de costumbres durante el año fue difícil de sobrellevar y se hace carne en el momento del relax playero, qué decir de quienes atraviesan esta pandemia al mismo tiempo que su infancia. “Lo que percibo es que lxs niñxs tienen más ganas de jugar, se anotan en todas las actividades desde la mañana hasta la noche. Y están. Esa intensidad no me había tocado en otros veranos y creo que tiene que ver con las ganas acumuladas durante el año”, cuenta Sabrina Picci, que trabaja en el área de recreación del complejo Terrazas al Mar, de Costa del Este . “En los juegos tenemos en cuenta el tema de la distancia. Hay algunos que son los preferidos y los clásicos, pero los evitamos por el contexto”, detalla. La ansiedad y las ganas de jugar después de tantos meses de encierro no solo corre para los niños, como quedó demostrado en esa escena del picado marplatense. El verano y la playa son, al cabo, sinómimos de deportes. Incluso en pandemia, es un clásico a prueba de distancias y protocolos.   «

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De la playa al Comité Olímpico

Desde hace unos años que los deportes en la playa dejaron de ser sólo un entretenimiento o un clásico veraniego para turistas. También forman parte del circuito federado, con variaciones de deportes tradicionales que atraviesan cierto auge como el beach handball, el tenis de playa, el básquet de playa o el rugby de playa. En 2019 se realizaron por primera vez los Juegos Mundiales de Playa, organizados por la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales. La segunda edición se iba a llevar a cabo en 2021, pero quedó suspendida “para aliviar la presión sobre los Comités Olímpicos Nacionales (CON) y garantizar que puedan centrarse en preparar a sus atletas para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 reprogramados”. Argentina, en 2016, también puso en marcha los Juegos Nacionales de Playa, que tuvieron su última edición en 2019, en Puerto Madryn. Los Juegos Universitarios de Playa tuvieron su primera edición en marzo de 2020, en el Partido de la Costa, cuando palabras como protocolo y pandemia todavía parecían ajenas. Pese al éxito (más de 700 participantes con transmisión de DeporTV), el contexto sanitario obligó a suspender la segunda edición.

Aunque incipiente en Argentina, el auge de los deportes playeros promete seguir creciendo. Quizá su punto más fuerte se dio durante los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, cuando las Kamikazes, el equipo femenino nacional de beach handball, lograron la medalla de oro en Parque Sarmiento, en medio de un boom popular. Esa disciplina, por lo entretenida y dinámica, parece ser la que más pista pide de los deportes playeros. Y se ilusiona con seguir el camino del ya olímpico beach vóley y del surf, que tendrá su estreno en un Juego Olímpico a partir de Tokio 2021.

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Al agua

En los últimos años los deportes naúticos fueron ganando el paisaje de la Costa Bonarense. Y este verano ese auge parece sentirse más que nunca: suelen ser deportes individuales y no hace falta cumplir con la distancia social. Es más: algunos instructores bromean que salitre del agua neutraliza el virus. El Surf, kitesurf y kayak son las ofertas más requeridas y tienen más visibilidad que los tradicionales como el tejo, la paleta o el cabeza.

Kitesurf: la tabla se desliza gracias al viento que empuja la cometa. Cuando el clima se pone feo y los turistas dejan la playa, es el momento de los kitesurfistas. Es un deporte apto para distintas edades pero costoso: para adquirir un equipo hay que gastar unos 60 mil pesos y el curso inicial para aprender a navegar otros 20 mil.

Surf: aunque ya tiene su tradición es uno de los deportes que más creció en los últimos años, al punto que a partir de Tokio 2021 será olímpico. En la Costa Atlántica muchos balnearios incluyen su propia escuela de surf, una de las pocas ofertas recreativas que pudieron mantener entre las restricciones para evitar el contagio de Covid 19.

Kayak: aunque también hay clases, la mayoría son kayakistas acostumbrados a navegar en el río que se animan a desafiar el mar, incluso cuando no esté tan calmo y se los ve chocar contra las olas. También están los que van a pescar o los más intrépidos que se animan a surfear en kayak.

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