Un debate en el que cada cual atendió su juego

El primer debate obligatorio entre candidatos a jefe de Gobierno marcó el inició de la cuenta regresiva hacia el 27 de octubre. Rodríguez Larreta evitó cualquier referencia con el golpeado gobierno nacional a pesar de los señalamientos de sus rivales. Lammens superó el debut televisivo y confía en llegar al ballotage.

Por Javier Borelli - @JaviBorelli
11 de Octubre de 2019

Horacio Rodriguez Larreta es la única figura de Juntos por el Cambio que revalidó sus chances de reelección en las PASO de agosto. Por eso también es el que más tiene por perder en los comicios del 27 de octubre. Eso quedó en evidencia en el primer debate obligatorio entre candidatos a Jefe de Gobierno porteño que se llevó a cabo en el Canal de la Ciudad. En las casi dos horas que duraron las exposiciones, y a pesar de las alusiones permanentes de sus rivales, el actual titular del ejecutivo evitó mencionar a los principales referentes de su espacio y apenas pronunció el apellido de Macri cuando se refirió a una obra iniciada en la gestión del actual presidente y antecesor suyo en el cargo.

Matías Lammens, el candidato del Frente de Todos y principal contendiente que busca llegar al ballotage, se estrenó en este tipo de formatos cuestionando las prioridades del actual titular del ejecutivo en CABA y buscando aglutinar el voto rechazo al macrismo. Matías Tombolini, de Consenso Federal, y Gabriel Solano, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), aprovecharon la oportunidad para apuntalar a sus espacios políticos que en la primarias sumaron un 11% entre ambos. El primero haciendo gala de su comodidad ante las cámaras y recordando el apoyo de Roberto Lavagna. El segundo enfatizando que su frente era el único que postulaba un sistema distinto que implicaba no pagarle al FMI. A 16 días de las elecciones generales, la única certeza que dejó el debate es que aún nada está decidido.  

Con el ballotage en la mira

Desde aquel famoso debate televisado entre un cansado y transpirado Richard Nixon y un joven y relajado John F Kennedy, la política no volvió a ser la misma. Era entonces 1960 y la historia cuenta que la diferencia entre la imagen que proyectaron ambos candidatos a presidentes de EEUU decidió la elección en favor del segundo. De ahí en adelante, toda aparición ante las cámaras está milimétricamente estudiada. Lo que queda para analizar, entonces, es la imagen que cada candidato quiso dar de si mismo.

Rodriguez Larreta, con doce años de experiencia junto a Mauricio Macri, desarrolló todo el manual de comunicación política implementado por el PRO desde que llegó al gobierno en la Ciudad. Fue el único que apareció en remera oscura de manga larga, mientras que sus rivales coincidieron al elegir una camisa blanca. Se presentó como Horacio, sin apellido, y le habló directo a los ciudadanos detrás de la cámara. “Me conocés”, les dijo (o nos dijo). “Te visité”, “te escuché”, “trabajamos juntos”, repitió una y otra vez. Y aclaró, desde su primera intervención que iba “a usar el debate para contarte mis propuestas”. Así lo hizo, sin contestar a ninguna de las preguntas que le hacían sus rivales, evitando discusiones y diciendo, a lo sumo, que “hay mucho más para hacer” y que esos problemas “los resolvería”. Usó sus cronometrados segundos para enumerar obras y hacer promesas. Y cuando le demostraban que esos números no eran reales, que las obras no habían sido hechas o que habían probado sus deficiencias, eludía el tema y enunciaba otros compromisos.

Lammens, con algunos ineludibles nervios iniciales, mostró un libreto que apuntaba a conquistar el voto rechazo al macrismo con una propuesta “racional”. Sabía que le hablaba a un electorado elusivo para el peronismo y buscó reunir a los defraudados por la fuerza política que gobierna el país hace cuatro años. Buscó disputar sus valores y prioridades, reconociendo que las promesas republicanas de Cambiemos habían logrado hacer pie sobre unos votantes que ya habían acompañado a una fuerza progresista en el pasado. Le habló a la clase media y a las Pymes. Puso el norte en la educación y la ciencia. Resumió todo en su alocución final, cuando dijo que era “inmoral” que todos fuéramos cada vez más pobres y  que se haya “abandonado a la clase media”. Destacó que hubo cosas del gobierno porteño que se hicieron bien, mostrando que era capaz de saltar la grieta. Pero partió de ahí para decir que lo que les falta no es tiempo, sino voluntad. “Lo que no hicieron no está en sus prioridades”, destacó

Al truco se juega de cuatro

Tombolini fue, por lejos, el más suelto en el estudio. Sin la necesidad de tutear forzadamente como Rodriguez Larreta, le habló a los votantes como a sus seguidores de las redes sociales. Ironizó con el formato del debate diciendo que parecía un reality show e hizo que casi todas sus propuestas pasaran por la implementación de tecnología. Desde las denuncias anónimas por celular, hasta las pulseras de monitoreo médico. Le pidió opinión a Gabriel Solano sobre la insólita propuesta de que el Estado promueva el “crowdfounding” (pedido de financiamiento colectivo) como método de acompañar el arte independiente y hasta sacó una vela del bolsillo para decir que esa fue la única industria que creció en estos cuatro años debido al aumento de las tarifas eléctricas. Su exagerada conducción canchera desbarrancó cuando definió a la villa 1-11-14 como un “hipermercado de la droga”, apelando a un reduccionismo discriminatorio y estigmatizador para decir que si él era Jefe de Gobierno iba a cuidar a los porteños.

Solano, con el menor porcentaje de votos en su haber, fue quizás quien capitalizó mejor el momento de exposición al lograr diferenciarse de sus pares. Su estrategia pasó constantemente por vincular el gobierno nacional con el porteño y, en este último caso en particular, exponer que muchas de las medidas en las que avanzó Rodriguez Larreta fueron a través de la Legislatura y con el voto de los representantes del Frente para la Victoria, una de las fuerzas integrantes del Frente de Todos. “Para evitar el ballotage se necesita el 50% más uno. Asi que si no queres que gane Larreta podés votar a cualquiera menos a Larreta”, destacó tratando de evitar perder votos por la polarización y despertando sonrisas de todo el auditorio, incluidos sus rivales. “Desde el punto de vista matemático es lo mismo, pero desde el punto de vista político no da lo mismo”, concluyó. Una frase que también remitía al pasado de ballotage nacional en 2015 y que le costó mucho al FIT políticamente.

No hubo tiempo para más. Los periodistas agradecieron a los candidatos y cerraron un debate que, ellos mismos destacaron, se mantuvo dentro de los consensos previamente asumidos. Quizás por eso, también, dejó la sensación de poco…

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