Un gol al olvido: el fútbol como puente generacional por la Memoria, Verdad y Justicia

El plantel femenino de Racing visitó el Centro Clandestino "El Infierno", en Avellaneda. Una iniciativa para que la juventud tenga presente el Nunca Más: "Transformar tanta mierda en algo para concientizar es valioso". 

(Foto: Diego Martínez)
14 de marzo de 2021

Luciana Bacci inspecciona los calabozos. Los recorre de arriba a abajo con la mirada y se detiene en algunos detalles. “En las paredes hay encendedores quemados”, dice. El interés de Paloma Fagiano va creciendo a medida que avanza la visita. Cada vez tiene más inquietudes y consultas. Silvana Alfaro Sinobad escucha con atención y aprende parte de la historia argentina. “Esto también pasó en Perú y no queremos que pase más”, afirma la arquera, que nació hace 19 años en Lima. “Estar acá me produce una banda de cosas horribles”, cuenta Luana Muñoz. Son algunas de las vivencias de las jugadores de fútbol femenino de Racing que visitan por primera vez el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “El Infierno”, en Avellaneda. 

En el Mes de la Memoria, la actividad estaba pautada por alrededor de una hora y media, pero las futbolistas se quedan más tiempo. “Preguntaron un montón y eso está buenísimo”, evalúa Priscilla García, guía del recorrido junto a Ximena Yacoy. Ambas integran la Secretaría de Derechos Humanos del municipio, situada en el Espacio de la Memoria desde que se recuperó en marzo de 2016. Hasta ese entonces estaba en manos de la Policía Bonaerense: en esos mismos calabozos despintados, inhumanos y oscuros en el que las deportistas escuchan testimonios de torturas, delitos de lesa humanidad y violaciones, había presos. La sede de la Brigada de Investigaciones de Lanús (BIL) funcionó hasta que las organizaciones sociales y el Municipio lograron apropiarse del espacio que dirigió el represor Miguel Etchecolatz en la calle 12 de Octubre 234, a unas diez cuadras del estadio Presidente Perón. No es un dato menor: esa cercanía le permitió al sobreviviente Horacio Matoso reconocer dónde estaba detenido. “Me enteré porque yo sabía que ahí, en algún día de ese mes, tenía que jugar Estudiantes con Racing, y se escuchó el grito de la hinchada, se escuchaba de ambas hinchadas”, declaró Matoso, secuestrado en octubre de 1976 y torturado con corriente eléctrica, golpes y simulacros de fusilamiento.

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(Foto: Diego Martínez)

Unos meses más tarde, en la madrugada del 22 de febrero de 1977, un operativo de tareas fusiló a seis personas donde se ubicaban las viejas boleterías del Cilindro. Las víctimas siguen sin ser identificadas. Aunque tienen su mural después de que la historia fuera reflejada en el libro Corbatta, el wing, del periodista Alejandro Wall. “Sí, hay una pintura enfrente del estadio”, repasa Paloma Fagiano y otras jugadoras recuerdan distintas señalizaciones en los alrededores del club. “Tratamos de romper los pensamientos arcaicos del fútbol. En la vida hay que formarse y es importante tener una mirada y una posición política”, opina Antonio “Tano” Spinelli, entrenador del equipo, licenciado en Comunicación Social y docente, para darle más valor a la actividad. Es la primera vez que se hace en Racing. A partir de ahora se repetirá cada año y la idea es que también abarque al masculino. 

“Transformar esta mierda en algo para concientizar es muy valioso”, dice Muñoz, cerca del final de la visita. Fagiano todavía tenía algunas preguntas. Es de una generación -19 años- que ni siquiera vivió la crisis del 2001. “No puedo dimensionar lo que pueden haber vivido. Estuvo bueno para informarme y poder reproducirlo”, cuenta Fagiano que, además de ser mediocampista en Racing, estudia psicología. Dice que ahora tiene más elementos para charlar con su abuela sobre el Terrorismo de Estado. “Me interesa saber cómo se manejaban desde el poder con tanta violencia”, resume. 

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(Foto: Diego Martínez)

El espacio también incluye historias de resistencia y heroísmo. Como la de Nilda Eloy, militante por los Derechos Humanos y testigo clave en diversas causas por crímenes de lesa humanidad. En El Infierno, las únicas celdas que quedaban abiertas eran las de las mujeres y Nilda juntaba agua en sus zapatillas para darles a quienes estaban en cautiverio. “Acá también había mucha solidaridad y conciencia del otro”, dice Priscilla, para destacar otro lado de la historia. Dice que el lugar está abierto para las jugadoras y, como hincha de Racing, sugiere un próximo encuentro en la cancha. “Aunque yo soy del Rojo”, aclara Ximena. “El fútbol femenino es inclusivo”, dice Bacci, para integrarla. Y sumar otro aprendizaje.

Priscilla ya despidió al plantel de Racing. Está otra vez en su oficina, donde trabaja desde que la Municipalidad tomó posesión del edificio en el que se realizaron 56 modificaciones sobre los planos originales para que funcione como centro de tortura y exterminio. Y también para ocultarlo. Hoy solo se puede preservar, sin reparar nada. Ni siquiera lo que la Policía rompió antes de dejarlo. “Que se hayan ido es liberador”, dice. “Antes que el rango profesional, como ciudadanas tenemos responsabilidad con la historia y con darle lugar a las víctimas de la dictadura”, sintetiza Muñoz. Abrir el centro también es una forma de no olvidar, y de difundirlo por otras vías, como el fútbol. Es un gol al olvido.


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(Foto: Diego Martínez)

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